lunes, 1 de enero de 2007

El cuentahílos


He vuelto a leer la palabra en unos versos de Adolfo García Ortega:

Pasaba horas con un cuentahílos recorriendo las fronteras de África
en
los mapas de los atlas. Viajaba con los nombres. Era feliz.

Pertenece al poemario Te adoro Kafka, recién publicado por Pre-Textos (Valencia, 2006). Mi cuentahílos no es para ver mapas, sino fotografías antiguas, pero el viaje es similar. Hace tiempo se lo encargué a un relo
jero de Monesterio y me lo trajo de Sevilla. Lo guardo en una bolsita de piel y lo saco ante alguna imagen de años para escrutar rostros y escudriñar intenciones y gestos en sepia. La pequeña lupa me aproxima el pasado.

De incursiones en el tiempo y de viajeros y de viajes van los poemas de este libro de García Ortega. Poesía discursiva, narrativa ―como la de su admirado Joseph Brodsky― e intensa. Casi todos los motivos del poemario están en el largo y bello poema que abre el volumen. Un relato de la historia de amor de Frank Kafka en Riva, en septiembre de 1913. El raro episodio con la suiza, como le llamó Max Brod: una chica de dieciocho años, G.W., que conoció entre Felice y Felice.

En ese poema pórtico está todo el libro: los viajes (los viajes le obsesionan porque lo prometen todo), los hoteles que guardan para el viajero un lugar detenido entre tanto
tráfago (como nos dimos todo / sin cesar / en ese cuarto de hotel / de Paris / que yo conozco), el amor (tu mano en mi muslo a veces / roza mi sexo levemente), la profusión de lugares y nombres de un texto teñido de culturalismo…

Y la anécdota, que el poeta convierte en espuela del poema, en excusa y conclusión de cada verso:

Dicen que salió a fumar y ver las estrellas como nunca,
pero no se había quitado el uniforme. Eso le mató, dicen.

La anécdota pasa a ser la principal mirada sobre la realidad que ofrece el libro, ese detalle de los hechos y los sitios que muestra la pequeña lupa del cuentahílos.

5 comentarios:

aedo dijo...

Amigo Josémaría:
Leo con gusto tu comentario sobre ese libro, que no dudo de interés. Pero no das ni una sóla razón del valor poético del mismo, con ser de poesía. Te limitas a sugerencias, temas, aspectos, anécdotas...
Mira, todos los temas que puedan aparecer en toda poesía del mundo se pueden limitar a cinco, como mucho. Pero eso no le da validez a la poesía. Ni el sentimiento, ni el culturalismo, que creí ya periclitado después del fiasco de los novísimos como propaganda.
Más que de poesía hablas de anécdotas presuntamente poéticas, que eso es la poesía que hacen los poetas renombrados de hoy, esos poetas que se comportan como clérigos asilvestrados, como servidores del poderoso y sus publicidades, viviendo en un empíreo huero de círculos, instituciones, premios, ediciones de lujo en apariencia, boato seudointelectualoide con poltrona administrativa, en donde la apariencia lo es todo, todo. Y la hipocresía lo demás. En donde la apuesta por la pasión de la palabra no existe, no hay trabajo formal, poético fanático, que siempre es el único trabajo en poesía. La forma lo es todo, porque no hay otra cosa fuera de ella.
Nada más falso que eso de poesía libre. Llaman poesía libre al sentimentalismo expresado en tiradas de versículos sin ton ni son (y sin ton ni son no hay poesía), a imitación de los traductores malos cuando lo hacen de poetas otros, sobre todo del inglés.
Creo que un buen debate sobre esto sería ventajoso, para abandonar esos hueros asuntos de la memoria histérica, o la histeria memorística.
Pero seguro que ese libro de García Ortega tendrá valores poéticos, aparte de temáticos, detallismos de cuentahilos, o algo tendrá fuera de la estética del minimalismo, que siempre creí que era otra cosa, entre ellas asuntos de cuentahilos, como bien me recuerdas con el nombre de tu entrada.

En fin, si lo veo y lo encuentro lo leeré. Algo es algo. Gracias.

Jesús dijo...

La mujer justa me defraudó después de un excelente comienzo. Aún así no está mal a nivel general.

Ya sé que me contradigo, pero es el típico libro que agrada y desagrada.

Un saludo.

Jesús dijo...

La mujer justa me defraudó después de un excelente comienzo. Aún así no está mal a nivel general.

Ya sé que me contradigo, pero es el típico libro que agrada y desagrada.

Un saludo.

Poeta Menor dijo...

José María perdón por escribir en tu blog y no dirigirme a ti pero es que es la segunda vez en muy poco tiempo que leo una opinión sobre la poesía como la de "aedo". En la poesía no todo es forma, si la poesía fuese todo forma que serían los poetas?Unos simples expertos en métrica?Y el verso libre es algo más que un ton y un son, viene a ser un ton y un son y un ton y un son y son ton ton son y un ritmo mantenido por la pasión de la palabra. Perdón por mi osadía de expresarme y de tuteo.

Agustín Romero Barroso dijo...

Querido amigo poeta menor: Lamento insistir en lo que dice el aedo, con el que comparto, de alguna maner, su criterio.
En pintura el color y la forma, sobre una superficie convencional, hacen arte. Es convención, asimismo, eso mismo (valga la redundancia). Los sentimientos y pensamientos, en toda su extensión, que ello ocasione a sus receptores, vulgo público, es asunto de él (el público), no del pintor. Como tampoco debe ser misión del poeta. Así ocurre con la música, sonidos ordenados de alguna manera con intención de arte. Lo que el músico quiera expresar a veces se entiende como lo contrario en los oyentes.
Hoy asistimos, en el campo de la creación poética, a cierta ñoñez, que valora más lo que dice el poeta a como lo dice, convirtiendolo en lo que no debe ser, una especie de detentador de la sentimentalidad, cuando no de la sabiduría en adagios, un filosofillo barato, vamos, y ocurrente. Que esos se llevan los premios, trabajan para el político o la política de turno, la publicidad, el triunfo y la fama, no entendidos como lo que eran antaño sino como el trinque bursátil muy modelno (sic), el poder y la infamia, y etc.
Sinceramente creo que el poeta tiene que dominar la musicalidad absoluta con el lenguaje, esto es, la forma absoluta, independientemente de lo que diga, que puede no ser nada, como los dadaístas (por ejemplo modelno (sic)), y para ello los antiguos ya usaban métodos muy estudiados y contrastados por la vida anterior, ese arte poético al que se debían, etc.
Lo de la poesía libre es como si un tipo silvara una cancioncilla expontánea y pretendiera darle el valor que tiene el excelso arte de Bethoven o Mozart. Sería música el silbido, sí, pero "otra música", como la de los pájaros, con otro valor, desde luego. Que los demás la prefieran es indiferente al arte. El arte no se mide por democracia, por suerte. Tampco por imposición, para más suerte.
Lo cual no hace que sea despreciable la poesía llamada libre (lo que, en sí, es erróneo, porque toda poesía lo es, libre) como tampoco el silbido "libre".
Pero hemos de convenir que la mayor parte de las veces es un cajón de desastre al que se acogen ciertos elementos silvadores que más valiera que se estuvieran quietos, siquiera por respeto a los clásicos, y a la propia poesía como arte. O llamar a lo que hacen de otra manera. Que es muy digno el género de la autoayuda y similares, que da píldoras maravillosas para esos momentos que tiene ese convencional lector de poesía, de "reflexión", y ensimismamiento.
Vivimos en una época de confusión, del todo vale, y vale lo que marque el Mercado y sus reglas (premios, competiciones, ligas poétiac a "imitatio" de las futboleras, el grupete políticosocial que arrope al "poeta", los foros y forofos del mismo, etc.
Pero debes estar seguro de que toda poética, aun la pergeñada aquí por mi menda a vuelapluma, es siempre provisional, sístesis imperfecta y perfectamente perfectible. El andar se muestra andando, en manera alguna corriendo o bailando, o reptando.
Algo muy sospechoso entre los vates del presente es que casi no cultivan el humor, con salvables excepciones. Pero eso ya sería meternos en la harina de los temas, asuntos, filosofías y similares de la poesía.

Y lamento que estemos abusando del lugar de Josemaría Lama, y más no refiriéndonos directamente al asunto de comentarios, el que parece excelente poemario que pongo en mis listas de lecturas, en cuanto me haga del mismo.

Vale, y saludos afables a todos.