domingo, 23 de marzo de 2008

"El ángel rojo"


Ese fue el apelativo con que se le conoció en la España de los cuarenta, donde muchos prebostes franquistas vivían gracias a su benevolencia durante la guerra. El “ángel traidor”: así lo conocieron, en cambio, algunos presos de izquierdas en la cárcel de Porlier al ser encarcelado en abril de 1939, una vez que fue ocupada Madrid por las fuerzas franquistas. La Pasionaria lo acusó de quintacolumnista. Agustín Muñoz Grande se levantó en su consejo de guerra y tras presentarse como general del ejército de Franco testificó a su favor y lo salvó de una muerte segura.

Melchor Rodríguez García (Sevilla, 1893―Madrid, 1972) se había quedado huérfano a los diez años, muerto su padre en un accidente laboral. A los trece años fue calderero y poco después novillero (el Cossío lo cita como el único torero que fue político). Tras una cornada dejó los toros y se hizo chapista. Afiliado a la UGT y después a la FAI y a la CNT, asumió la presidencia nacional del sindicato de carroceros y empezó a recorrer cárceles, represaliado por su actividad sindical y política. Casi veinte años estuvo en prisión. Al final de su vida ostentó el dudoso record de haber sido uno de los pocos españoles encarcelado por los tres regímenes que le tocó vivir: la monarquía de Alfonso XIII, la II República y la Dictadura de Franco.

El 18 de abril de 1932 criticaba desde las páginas del periódico La Tierra los 166 muertos por la represión de las fuerzas del orden público republicano durante el primer año del nuevo régimen. Un año después, volvía a hacer recuento del segundo año: 121 muertos. En 1934 fue nombrado concejal del Ayuntamiento de Madrid. En noviembre de 1936 el ministro de Justicia anarquista Juan García Oliver, atendiendo a la larga y penosa experiencia carcelaria de Melchor, le nombró delegado de prisiones de Madrid y ejerció de manera efectiva el cargo desde el 4 de diciembre de 1936 hasta el 1 de marzo de 1937. Durante ese período acabó con las sacas incontroladas de presos fascistas, prohibiendo que hubiera traslados de encarcelados desde las 6 de la tarde a las 8 de la mañana. Estas medidas le granjearon enemigos entre las filas republicanas, señaladamente entre los comunistas, con uno de los cuales ―José Cazorla, que le sucedió en el cargo― mantuvo una dura polémica en la prensa.

Al final de la guerra participó en el golpe del coronel Casado y éste le nombró alcalde de Madrid el 28 de marzo, cuatro días antes del finalizar la contienda. Desde ese puesto fue el encargado de hacer el traspaso de poderes a Alberto Alcocer, primer alcalde franquista. Fue sometido a consejo de guerra y condenado a 20 años y un día, aunque ―gracias a la mediación de varias autoridades franquistas que se habían beneficiado de su labor humanitaria durante la guerra― sólo cumplió un par de años. Durante el franquismo fue vendedor de seguros, pero siguió con su actividad política y volvió a ser encarcelado durante algún tiempo debido a sus labores de propaganda. Siempre fue anarquista, aunque algunos juzgan excesiva su amistad con ministros y generales franquistas y le critican por haber aceptado alguna condecoración.


Murió el 14 de febrero de 1972 y su entierro fue un extraño acto al que asistieron falangistas y anarquistas, donde su féretro estuvo cubierto por la bandera rojinegra (única ocasión en que se pudo ver esto durante la dictadura) y en el que dicen que hasta se cantó A las Barricadas

A Melchor siempre le gustó escribir poesía. Una de las que compuso describía su pasión por la anarquía:

Belleza, Amor, Poesía,
Igualdad, Fraternidad,
Sentimiento, Libertad.
Cultura, Arte, Armonía.
La Razón, suprema Guía.
La Ciencia, excelsa Verdad.
Vida, Nobleza, Bondad.
Satisfacción, Alegría.
Todo esto es Anarquía,
Y Anarquía, ¡Humanidad!

Otro sindicalista y anarquista, Cecilio Gordillo, está impulsando desde la CGT de Sevilla un homenaje nacional: Injusta o intencionadamente olvidado, los abajo firmantes reivindicamos su figura y su ejemplo y pedimos apoyo a personas, entidades, organizaciones e instituciones, para realizar un acto nacional de homenaje donde lo importante no sean las banderas, sino los valores que defendió Melchor Rodríguez. Pedimos públicamente:
- A los ayuntamientos de Madrid y Sevilla que en cada una de estas capitales se de su nombre a sendas calles.
- Al Ayuntamiento de Madrid que incluya su retrato en la Galería de alcaldes de la capital y un Pleno reconozca su labor.

Las adhesiones pueden enviarse a Confederación General del Trabajo. C/Alcalde Isacio Contreras 2B. Local 8. 41003 SEVILLA Fax: 954 564992. Correo electrónico: spcgta@cgt.es

3 comentarios:

josemarialama@gmail.com dijo...

Escrito el texto me encuentro en internet
(http://carlosjaviergalan.blogspot.com/2008/02/melchor-rodrguez.html) un testimonio del bisnieto de Melchor Rodríguez que merece reproducirse:

"... soy Rubén Buren bisnieto de Melchor y me alegra que su figura, de vez en cuando, se revise ya que me parece necesario en estos tiempos de pobreza y parquedad política y espiritual.
Lo de los homenajes es un tema muy complicado y, desde luego, si se piensa en la familia de Melchor para asistir a alguno, por lo menos en su única hija, mi abuela Amapola, el filtro soy yo, y un filtro grande y espeso.
Mi abuelo está en esa encrucijada miserable de las tres (¿o eran cuatro?) Españas:
- La de derechas que quiere reivindicar su figura para demostrar lo malos que eran en la república y lo mucho que mataban y de esa manera ridícula de equiparar las muertes de ambos bandos. Claro para ello se olvidan de la política de represión y aniquilamiento promovida por Queipo, Franco, y demás pandilla de asesinos que guiaban nuestra España hacia la evangelización medieval del universo. Tratar de equiparar el número de muertes, y la oficiliadad de las mismas (saltándome a Carrilo, claro) me parece tan ridículo como igualar agua y el aceite si es de Jaén. Y siempre, hablando desde el amplio respeto a los muertos que son los verdaderos perdedores de esta historia. Los de uno y otro lado, que había que estar allí para poder opinar.
- Los comunistas, que viene a ser la España de izquierdas imagino, no les interesa la figura de Melchor, por eso tratan de silenciarla, porque significaría el reconocimiento de las Checas, de la matanza de Paracuellos, de lo feo que era Stalin (esto todavía les cuesta) y, sobre todo, de la razón que tenían los anarquistas en eso de que si seguían a Moscú se convertían en lo mismo contra lo que luchaban. Y, claro, también es duro imagino, que en medio de una guerra a un señor le dé por salvar vidas de los Otros, mientras los Otros fusilaban a María santísima pues es duro.
- La España anarquista, si es que todavía existe, porque están tan disueltos que, a veces, cuesta encontrar algún grupo que diga algo interesante, que los hay. Reconocer que un grupo de Libertos se dispusiera a hacer su propia política dentro de la FAI, pero casi fuera de la CNT, pues es difícil para una organización que cada vez es, y era, más cerrada, piramidal y troskysta. Coño, aceptar a un personaje que decide hacer su dictadura personal salvando vidas sin contar con nadie pues también es complicado. Además ya se han encargado los comunistas y nacionales de cepillarse cualquier resto de anarquismo en este país, que eran hombres y mujeres muy malos como todos sabemos. Algo así debío pasarle a Hazaña por la cabeza cuando con su grupo de intelectuales que jugaban a la política decidieron dejar hacer al golpe de estado de Franco a ver si ponía un poco de orden. Que eran demasiados anarquistas y eso, ya tenemos experiencia, no le gusta a nadie que quiera estar en el poder, por aquello de que gobierno y anarquía es dicotómico en sí mismo a pesar de la buena fe de mi abuelo. En fin, que los anarquistas tampoco quieren al abuelo por salvar monjas, curas, inválidos, nobles, metalúrgicos, obreros, militares, políticos, estudiantes, científicos, y claro, para igualar al hombre antes debemos igualar nuestra conciencia y eso, amigo Sancho, es harto difícil..."

josemarialama

agustinromerobarroso@gmail.com dijo...

Yo creo, sinceramente, que esa costumbre rara y de jerarquía, extraña y cateta de poner a las calles el nombre de "gente importante", como hacer estatuas de generales para los parques, nombrar instituciones, es algo que no gustaría mucho a don Merchor, si era el buen hombre que era, según nos dicen hechos y testimonios.
Que nadie es más que nadie, y eso parece que dice el hecho de poner nombres de calles, plazas, cercados, trojes, caminos, avenidas, carreteras, autovías, callejos, pasos de cebra, zaguanes, rincones, lugares varios, innombrables gloriosamente.
No pocos conozco que se han visto castigados por todas las españas de la España, por ser buenos, humanitarios, inteligentes, comprensivos, no partidistas sectarios. Esos son las verdaderas víctimas de los enfrentados, los sicarios, los trincantes, los contrincantes y todo eso.
O sea, toda persona libre.

josemarialama@gmail.com dijo...

Me escribe Alfonso Domingo, que es uno de los impulsores (junto a Cecilio Gordillo y José Luis Gutiérrez Molina) del homenaje a Melchor Rodríguez. Gracias a él corrijo algunos datos sobre Melchor: "aunque estuvo 34 veces en la cárcel, no llegó a cumplir 20 años en total. En concreto, el período más largo fue después del consejo de guerra que le hicieron los vencedores que fue 5 años, la mayoría los cumplió en el Puerto de Santa María, de donde salió en 1944. En su entierro no se cantó a las barricadas, tan sólo una bandera anarquista lo cubrió un momento antes de ser introducido en el nicho con ella"