domingo, 26 de agosto de 2007

Gallardón, Rubianes, Lorca, Penón


Leo el perfil que le hace Millás a Alberto Ruiz Gallardón en El País de hoy. Tiene razón al señalar la doblez ideológica del alcalde. El mismo Gallardón que quiere ser diputado frente al sector duro del PP es el que cedió a los duros ―o demostró serlo él― vetando la presencia de Rubianes en el Teatro Español. Con este rollo de la disputa por ser diputado se nos puede olvidar aquello.

De la misma forma que con aquel rollo del veto por los insultos a España se nos olvidó ―al menos a mí― el nombre de la obra que iba a representar el actor gallego-catalán. Se trataba de Lorca eran todos, una pieza de teatro basada en textos de Ian Gibson, Eduardo Molina Fajardo, José Luis Vila Sanjuán y Agustín Penón.

Ayer, tomando una caña en Zafra con Paco Espinosa, salió a relucir el nombre de Agustín Penón y me contó sobre él cosas que no sabía, como el detalle de su entrevista con el “verdugo” de Lorca, el ex diputado de la CEDA Ramón Ruiz Alonso. El 15 de agosto de 1955 se entrevistó con él en Madrid, en la imprenta que regentaba. Aprovechando un momento en que Ruiz Alonso salió del despacho, Penón comprobó estupefacto que en las estanterías estaban las Obras completas de Federico García Lorca, cuya primera edición en España acababa de ser editada por la editorial Aguilar. Aún no sé qué dirá en su próximo libro Gibson del asunto (
El hombre que detuvo a García Lorca), pero parece que algo hubo de una íntima admiración del verdugo hacia el poeta. En alguna ocasión se ha hablado de la homosexualidad de Ruiz Alonso ―padre de las actrices Emma Penella, Elisa Montés y Terele Pávez― aunque, a quien se lo preguntó, él ya le respondió con aquello de trae a la mujer y a las hijas de quien ha dicho eso, y va a ver qué clase de hombre soy.

La conversación con Paco me ha despertado la curiosidad por
Agustín Penón (Barcelona,1920-San José de Costa Rica, 1976). Ruiz Alonso le calificó, años después de la entrevista, como “mariquita yanqui”; aunque español, se nacionalizó norteamericano; alguien ha dicho que fue un espía de la CIA, y sus papeles, recogidos en una maleta y legados a su compañero, el dramaturgo William Layton, han vuelto a Granada, donde ahora están custodiados por su amiga, la escritora Marta Osorio.