lunes, 20 de agosto de 2007

El moro y el ruso de Pedro G. Romero: Archivo F. X.



A finales de julio de 1936 un grupo de mineros quemó la talla barroca de Santiago “Matamoros” de la iglesia de Castaño de Robledo (Huelva). Tras la guerra se sustituyó por otra estatua similar pero, para no molestar a los magrebíes que habían ayudado a limpiar España, en vez del moro a quien acomete el santo se ordenó al escultor que hiciera la imagen de un ruso con una antorcha en la mano como símbolo del rojerío incendiario ya sometido. La nueva talla ―con una extraña pinta de cosaco de la I Guerra mundial vestido con tabardo― fue colocada en la misma posición que el sarraceno: con la mano levantada protegiéndose del golpe de espada del apóstol. Parece ser que, muerto Franco, el cosaco fue suprimido para que los comunistas o los rusos no se molestaran y se ocultó para siempre en una de las dependencias de la iglesia.

La historia es una de las que reconstruye ―junto a la imagen que acompaña a estas líneas― el artista Pedro G. Romero (Aracena, 1964) en una singular publicación (Archivo F.X. Documentos y materiales) cuyo primer número apareció el pasado mes de mayo, con pie de imprenta en Salónica y artículos en español, inglés y griego. La revista da cuenta de algunos de los textos e imágenes generados por un proyecto, con el mismo nombre, en el que está trabajando este escultor desde hace años. El Archivo F. X. utiliza un acrónimo traducido universalmente como “efectos especiales” para nombrar un fondo documental de imágenes sobre la “iconoclasia política anticlerical” en la España contemporánea, especialmente durante la guerra civil. En él se recopilan fotografías y películas sobre esculturas despedazadas, lienzos acuchillados, estancias quemadas, templos desmontados piedra a piedra... retratos, caricaturas y emblemas del nihilismo. No hay glorificación ni censura, es sólo el testimonio casi exclusivamente factográfico de una violencia hacia las imágenes tan vieja como la propia religión. Ahora bien, la iconoclasia la relaciona Romero con las vanguardias artísticas y a partir de ella construye una reflexión sobre el arte y la irreverencia, sobre la memoria y el símbolo.
La publicación incluye artículos del propio Pedro G. Romero, de José Bergamín, de Francisco Espinosa y reseñas de libros de Isaac Rosa, Antonio-Prometeo Moya, Fernando Báez, Fernando R. de la Flor y Manuel Delgado.

En este mundo de imitaciones sorprende toparse con proyectos distintos. Además de esta especie de revista, hay más referencias, sobre todo de una exposición en la Fundación Tapiés. Me interesa muchísimo. Si alguien quiere acompañarme: