sábado, 9 de junio de 2007

Amargura y estilo


He tenido escrito aquí al lado durante meses, como si una lectura permanente se tratara, Los peces de la amargura de Fernando Aramburu. Aunque lo terminé de leer hace ya semanas. Y precisamente en el avión que me trasladaba desde Santiago de Compostela a Bilbao. Porque el libro lo integran diez historias vascas. O quizás sea injusto decir esto, porque son diez historias de violencia, y la violencia no tiene patria. Los diez relatos ofrecen tal variedad de protagonistas que parece que el autor haya querido ofrecernos una tipología de víctimas: un afectado leve por un atentado, el hijo de un asesinado, un preso torturado, un acusado de chivato, la novia del hijo de un asesinado, los vecinos de quienes sufren acoso, la hija de un guardia civil asesinado, la madre de un terrorista, la mujer de un guardia civil asesinado que se ve obligada a irse, los padres de una víctima accidental del terrorismo…Son historias duras, sin concesiones a ninguna de las claves de la corrección política ―lugares comunes, tópicos, declaraciones retóricas― que imperan tanto entre las opciones democráticas como entre las violentas al abordar estos asuntos. Y a pesar de la rotundidad del tema, Aramburu convierte también cada uno de estos relatos en ejercicios literarios. Hay un virtuosismo estilístico que hace de Los peces de la amargura un manual sobre variantes narrativas. Una lectura muy recomendable.

2 comentarios:

Agustín Romero Barroso dijo...

Leo Aramburu desde siempre, desde su primer libro, "Fuegos con limón". Y Senabre, mi maestro en tantas cosas, lo anunció como alguien excepcional. Y a Senabre siempre lo leo en sus reseñas de marginales, preferentemente.
Sigo todos los pasos de Fernando Aramburu, sus pocas entrevistas, sus contadas intervenciones -no es dado al autobombo tan tradicional entre los plumíferos hispanos- y está muy lejos de la medianía entre comercial y de caminos trillados de los otros, haciendo siempre concesiones a las ignorancias, tituladas hoy.
No importa lo que cuente, sino el como lo cuenta, como los dispone, como lo estila, destila, instila... Aramburu es un escritor honesto si los hay. Y honesto no por las inflamaciones ideológicas, morales o éticas que pudiera padecer, sino porque es honesto con el ser de la creación literaria: la lengua y su manejo, su dominio, su buen uso en la construcción de la trama narrativa, en los casos en que se ha manifestado hasta ahora.
Celebro que ese libro, "Los peces de la amargura", te haya llamado la atención y, dicho con esa expresión que casi nada dice, te "gustó".
Creo que es el más débil suyo. Y cuando digo débil digo como calidad literaria. No es lo que cuenta, asuntos del terrorismo etarra y adláteres terrorismos consecuentes y colaterales al mismo, sino la forma como lo aborda, que en literatura lo es todo, es la literatura, al contrario de lo que hoy se estila cuando el personal dice aquello de "esa novela de qué va". No es el "qué", sino el cómo".
Lamento igualmente que Aramburu haya tenido que sacar ese tema, el terrorismo etarra, para que se le pueda ver como lo que es, uno de los pocos con maestría narrativa, riqueza léxica y virtudes literarias.
Fernado Aramburu es otra cosa, algo lejano de las "prácticas narratorias" de los otros.
Gracias por leerlo y anotarlo acá.

José M. Sánchez-Paulete dijo...

Estimado José María:
Hace apenas unos minutos acabo de poner en mi blog una reseña del libro de Fernando Aramburu. Será casualidad pero ambos hemos coincidido en este libro. Yo movido por la recomendación de él que haces desde hace tiempo en la margen de este tu expléndido blog. Me alegra coincidir, me alegra leerte y saber que compartimos tantas cosas. Un saludo.