domingo, 30 de julio de 2006

Deslealtad


Ese es el vocablo que ha utilizado el portavoz del Partido Popular para definir la decisión del alcalde de Madrid de oficiar la ceremonia de boda de dos homosexuales militantes de su mismo partido. Creo que la deslealtad la comete la dirección del PP con su propia gente al oponerse a la voluntad de estos hombres de unirse legalmente. Si ni siquiera amparan los derechos de dos afiliados cómo creer que vayan a ser respetuosos con los del resto de los ciudadanos.

8 comentarios:

José M. Sánchez-Paulete dijo...

La derecha española, ya se sabe, es montaraz y mostrenca, cuando se trata de la libertad de los demás tiende a imponer sus criterios por el único métedo que sabe "el ordeno y mando". Para cuando la ardua labor de educar a este derecha en el respeto a los demás y hacerles ver que las otras opciones son viables y no van contra nadie. ¿Quién les convencerá de esto?

Anónimo dijo...

y ciudadanas, Lama, y ciudadanas

josemarialama dijo...

y ciudadanas, sí, y ciudadanas

monsieur fferrzzBara dijo...

Tengo entendido que los maricas son de derechas, conservadores y fachas, menos para las cosas del culo. Refrescando la memoria (histérica, histórica o con "histericia") traigo el nombre de dos gais famosos en el universo mundo: Hitler y Franco. Eso de hacer contratos matrimoniales es carca, carca, carca y ultraconservador, en manera alguna "progre", que es el fondo de lo que se ventila. Pero claro que se les debe permitir hacer contratos comerciales (el matromonio lo es); pero que lo hagan con el carnicero de la esquina, un notario, en la cámara de comercio... Que es donde se debe. Eso de los ayuntamientos es herramienta tosca política, sucedáneo de canonjía misera(ble)y cura postizo, moda pasajera de provocadores de pacotilla. Hay cosas más importantes que los gais se casen o no, los dejen o no, vaya este alcalde o no. Comidillas de color rosa y zapateradas pesoísticas como humo para ocultar los contratos basura, el empleo precario, la calamitosa situación laboral, y un largo y ominoso etc., que afecta a un reparto equitativo de la riqueza y una mejora de la vida de todos, sobre todo de los productores de riqueza social, de los trabajadores...

Anónimo dijo...

y ellos dicen ser de ese partido??

José Mª Rodríguez Vega dijo...

Este monsieur fferrzzBara es todo un sabio.

Digo yo que el gayrismo o gaymariconerismo (en español de siempre es simplemente marica) es una versión diferente de la heterosexualidad y el matrimonio para la progenie..., que es una versión diferente y que por tanto es “por otra versión” (en latín: per versión), por ello la realidad nominalista es la de pervertidos, no otra. ¿Me comprenden ustedes y ustedas?

El progenitor “A” se ayunta con el progenitor “B”, y el resultado me ha de conformar... que me he de con-formar con esta de-formación, con otra versión a la versión para la progenie.

Como desear imposibles es cosa nula y sin importancia... Les deseo a todos los adictos a la per-versión que sean hijos del “A” y del “B”, esto es, que sean hijos de gayriquitas. ¡Qué cosas!

josemarialama dijo...

La homofobia no es más que una forma de intolerancia. Se rechaza lo que es distinto. Ya que ahora van ustedes de liberales (qué paradoja) deberían admitir la libertad de dos personas que se aman.

josemarialama

José Mª Rodríguez Vega dijo...

Ante todo, Sr. Lama, felicitarle por su blog y por acogernos y tolerarnos.

Luego he de decir, sobre su comentario a mi supuesto liberalismo, que yo no soy “liberal”, aunque evidentemente ha de haber libertad o libertades. Ni niego la libertad (que no es sagrada) para que dos personas se amen...¿Cómo podría yo negar lo evidente y lo que todos practicamos de un modo heterosexual o con otra versión? No es eso. Yo no rechazo una homosexualidad practica por y para quienes deseen ejercerla. Yo lo que rechazo es el matrimonio gay a secas, ya que el matrimonio es una institución social y estatal que nada debería tener que ver con la igualdad ante la ley, pues que esta igualdad lo es para los hombres y mujeres concretos y que son hombres y mujeres con independencia de su “ideología y práctica gay” (y aún a su pesar, pues no porque uno se diga que “se siente mujer” ya lo es) y que para nada necesitan en tanto gays (maricas) ser equiparados a los heterosexuales en relación a la función que cumple todo verdadero matrimonio, que es la procreación y la reproducción del Estado y sus tradiciones.
Por esta regla doxográfica o pornográfica acabaremos casándonos con los monos una vez se les reconozcan sus absurdos derechos equiparables a los llamados derechos humanos (Proyecto Gran Simio auspiciado por nuestras divagantes y difusas izquierdas), ya que el “progenitor A” o el “B” solo necesitan para tal cosa el ser “humanos”, como parece que serían “humanos” los monos elevados a nuestra categoría linneana y de género por nuestras divinas izquierdas.
Las instituciones sociales no deberían estar puestas ni servir para el eudomonismo nuestro, para nuestro placer... sino para la utilidad del Estado, esto es, del conjunto social... Y en este sentido el matrimonio gay es una pura inutilidad, una cosa que solo sirve para dividir más aún a los normalitos ciudadanos. Hubiera bastado que por una vez imitasen a otros Estados que han establecido un contrato diferente al clásico matrimonio. A veces igual nos pasamos en eso de “ser modernos”: somos postmodernos. ¡Huff!.

Que cada cual goce como quiera, pero en lo privado. Dejemos lo público para la utilidad pública, no para el uso de un ayuntamiento inútil que puede lograr la igualdad ante la ley con otro formula cualquiera (esta igualdad jurídica ya la tienen y ya la tenían).
Lo peor de todo esto, es que la homosexualidad en tanto otra versión solo desea la imitación de las prácticas heterosexuales clásicas. Un homosexual consecuente y consciente lo sería precisamente para diferenciarse y distanciarse del matrimonio hetero, para fundar otra cosa... no para hacer e imitar aquello que dice a veces aborrecer... Querer ser iguales a través de la misma institución hetero es una forma vergonzante de homosexualidad. En este sentido son unos progres redomados que cooperan inconscientemente o no a la disgregación neoliberal de la sociedad y la Nación misma que les cobija.

Bueno, la cosa no me interesa demasiado. Gracias por todo y un abrazo.