Perro semihundido

Supongamos que no, supongamos que Goya sólo quiso pintar lo que pintó: esa cabeza de perro sobre la arena o las aguas intencionadamente aislada, semihundida al fondo de un espacio alargado de ocres. Si así fuera —y así es— Goya habría intuido y pintado por primera vez la desolación contemporánea, pero también la creación esencial de ese dios —ajeno a lo judaico— que cantara Abel Martín: la nada.
"Perro semihundido", Francisco de Goya, 1821-1823
1 comentario:
Creo que se insiste demasiado en buscar interpretaciones intelectuales al Perro semihundido. En mi opinión, Goya representó simple y dramáticamente la soledad, en particular la suya propia. Así se sentía en aquellos días de su vida: solo como un perro.
Juan Carlos Furnari
Argentina
jcfurnari@yahoo.com
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