domingo, 22 de enero de 2006

Breve elogio de la política


P de “política”, pero también de “príncipe”, su reverso.

Si hay algo por lo que me siento antiguo —sólo por eso— es por mi vieja creencia en la política. Cada vez me rodean más escépticos. El poder siempre logra que la gente, de no creer en él, descrea también de la manera de quitar de en medio a quien lo ejerce. Y esa manera se llama política. Al menos, esa es la única no violenta que conozco. La argucia es conocida: despreocupaos de la política, que ya me encargo yo. Lo dijo Franco: haced como yo, que no me meto en política.
Caen como chinches, como incautos ante los trileros en día de feria. Y se despreocupan. En vez de dedicarse a lo público se dedican a lo privado, que es la mejor manera de que otros conviertan en privado lo público. Hay muchos que lo hacen a gusto. Todos los que dicen “yo soy apolítico” son de derechas; pero también hay mucho ecologista, izquierdista de boquilla y porroanarco que dice que la política es una mierda, como si pudiese generalizarse a toda la ferretería la corrupción de los ferreteros.

Quizás no sea yo el antiguo. Quizás lo sean quienes “pasan”. Lo antiguo es la dictadura, el imperio, la satrapía y la nación. Interesarnos por lo que nos rodea, eso es lo moderno.

(Como anuncio de mamá natura, acababa esta nota y el suelo se ha movido en Zafra [5.28 pm]. Un pequeño terremoto, no como el que habría si todos fuéramos un poco más políticos. No somos nadie).

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Pues sí, con todo lo desprestigiada que está la clase política, me parece que en muchos comentarios contra ella - deberían serlo contra algunos políticos-, subyace un cansancio enfermizo, en el mejor de los casos; y en el peor, el cómodo espíritu de quien critica y no hace nada para ayudar a cambiar las cosas, aunque sólo sea en nuestro pequeño ámbito de influencia.

Oscar Pita-Grandi dijo...

Eso es verdad, no todos son malos políticos, pero en todo caso son bastantes y les ganan, por lo general, a los llamados "buenos". La política se ha vuelto en un artefacto de dsitracción pública y la vida privada de ellos, más aún. Si se descubre una infidelidad, una orgía o una pasada de copas, al diablo que el hambre devore los vientres de la gente en la sierra. Más en época electorera, todo es por algo. Alguna vez lo leí o lo escuché: en política no hay coincidencias.

Portorosa dijo...

"El mayor castigo para quienes no se interesan por la política es que serán gobernados por personas que sí se interesan.", ARNOLD TOYNBEE.
Me imagino que ya la conocía, pero viene muy al caso.
Un saludo.

Uno de Cádiz (que pasaba por aquí) dijo...

Pues es verdad que es una pena por la política, oficio noble, pero lo cierto es que está hecha una pena. El problema debe ser ese: que la hemos dejado en manos de los/as políticos/as.
Pero se me ocurre que debe haber otras maneras de hacer política, e incluso, que deben existir algunas formas de las que no somos conscientes, o que no se ven en los periódicos, "pero haberlas haylas".