sábado, 3 de diciembre de 2005

El cabreo de los Unamuno


Y con razón. La campaña del grupo popular del Ayuntamiento de Salamanca resistiéndose a la devolución de los documentos del Archivo de la Guerra Civil incautados a Cataluña ha desatado las iras de la familia de don Miguel. El presidente del consistorio salmantino y su partido han tenido la desvergüenza de reproducir el grito unamuniano frente a Millán Astray, Venceréis pero no convenceréis, como lema de unos folletos y pancartas distribuidos por toda la ciudad para protestar por la devolución y criticar a quienes consideran responsables: Rodríguez Zapatero, Carod Rovira, Carmen Calvo y Jesús Caldera. La primera en responder fue la bisnieta del filósofo, mi amiga Mercedes Santos Unamuno, profesora de Historia del Instituto de Zafra, en El País del 16 de noviembre pasado. Le siguió el día 22 y en el mismo periódico su hermano Enrique, profesor de la Universidad de Extremadura, y finalmente ha saltado también un tercer hermano, Luismi, psicopedagogo en Fuentesaúco, entrevistado ayer por los periodistas de los informativos de Quatro. Como resumen de los argumentos de la familia y de lo que muchos otros pensamos del asunto ahí va un fragmento del artículo de Enrique:
Salvadas las indiscutibles ambigüedades de las posiciones unamunianas en los revueltos inicios de la Guerra Civil, está fuera de duda que la frase en cuestión no se dirigía a los hunos (por usar el despectivo lenguaje del propio rector), hoy desaparecidos en el espectro político español (gracias, entre otras cosas, a la represión franquista), sino a los hotros, bien presentes aun hoy en la vida pública. De ahí la ilegitimidad moral de su uso por parte de la derecha. Sólo que Unamuno vende, como bien sabe el Ayuntamiento charro, identificado con la labor de convertir al escritor vasco en parte importante del capital simbólico de la ciudad, casi un logotipo de la misma. Es sabido que las tradiciones se inventan y se manipulan; pero cuando se va más allá de lo turístico, cuando se entra en el terreno de la propaganda, rentabilizando políticamente los símbolos de los vencidos, la ironía deja su lugar a la befa.
Si de citas unamunianas se trata, me gustaría concluir entresacando unas palabras del discurso que el pensador vascopronunció en 1931 con motivo de un homenaje de los estudiantes madrileños y a propósito de política y de partidos: 'Lo que distingue a los hombres no es el programa, sino el método'. Y los métodos de los herederos del franquismo (dejemos de lado sus programas), en estos tiempos revueltos de guerras culturales, saben inconfundiblemente a añejos e inveterados vicios.

2 comentarios:

Á.V. dijo...

¡Chapeau! No se puede decir más claro. Esta es la diferencia entre la Historia y el revisionismo.

José Tato González dijo...

"De ahí la ilegitimidad moral de su uso por parte de la derecha".

¿Sabrán alguna vez qué es la legitimidad? ¿Acabarán por creerse sus propias mentiras? ¿Terminarán por poner todo del revés?

Espero que los Historiadores (la mayúscula es para diferenciaros de los historiadores con minúscula)ayudéis a que no perdamos la memoria.

Gracias.