domingo, 18 de diciembre de 2005

Amiguitos


Mis amigos comienzan a reaccionar a esto de la bitácora. Y no me refiero a los amigos escritores sino a aquellos con los que salgo de cañas o con quienes, aunque estén lejos y escriban, me unen afectos más allá de los literarios. He escuchado ya de todo: que si “vaya aburrimiento”, que si “¿no puedes escribir de cosas más alegres?”, que si “vaya pedantería”, que si "¿no eres ya un poco mayorcito para escribir diarios?", que “lo que te faltaba para no despegarte del ordenador”... Los quiero: son lenguaraces, irreverentes y, como se ríen continuamente de mis monsergas, me ayudan a relativizarlo todo.
El otro día uno de ellos me escribió un correo electrónico resumiéndome sus dudas sobre el asunto de la bitácora. Como no tiene desperdicio, ahí va:


Yo, por ejemplo, quiero insultarte. Entro en el Boogui-boogui y solamente puedes tú leer el insulto, ¿no?. Yo quiero discutir con el ticher (?) Lama su visión de la peli que comenta del americano en Londres y solamente puedo hacerlo personalmente, ¿no?. Quiero que todo el mundo se entere de la exposición que hay en La Pedrera sobre Gil de Biedma, y no solamente D. Casado, o contar que su despacho en Tabacos de Filipinas, de Barcelona, y dentro del hotel de lujo en que han convertido el edificio de las Ramblas, es objeto de culto morboso y pérfido, entre suites con "sábanas de Holanda y colchones de marfil", y lo mismo: solamente se entera tu bitácora. ¡Pues qué negocio! ¿Para qué te voy a contar la importancia de los canelones Rossini en la ópera "Semiramides" —sin acento— y de la transformación de la voz de Juan Diego Florez —el tenor peruano que adoramos todas las señoras de la nueva burguesía catalana— gracias a la ingestión de la maravillosa pasta rellena de butifarras, trufas de Teruel, gotas de ratafía de Sitges y mucho amor, a ti, que engulles verduras profilácticas para evacuar la mala leche de los proyectos eco-culturales, y sin tiempo para adorar, primero, y degustar, después, unos pies de cerdo adobados con trufa y salsa de nabos dulces de Vilassar de Dalt?
Si es así, la bitácora es un acto narcisista que viene a sustituir el gimnasio o "los tiempos de tenis" de las década anteriores, para ejecutivos, gente de la intelectualidad gobernante y funcionarios con pretensiones junteras
Por último ¿se puede ver porno, se puede defender a la COPE, aparece el parte médico de Ibarra, puedo mandar mis versos, hay colecciones de fotografías de los autores en pelotas para "adobar" los poemas, la cultureta y otras maravillas creativas?
Dímelo, porque si no es así, seguiré viendo a mis OSOS AMOROSOS, PTporno.com; y yendo a la ópera a aburrirme —o no— con cultura de "peso".
Por último, el otro día, iba a mi casa en taxi y la radio escupía sevillanas (qué raro, no hablaba ningún tertuliano sobre el ESTATUT —la octava plaga de Egipto—) y los Del Río cantaban:

Que no te quiero,
Que no te quiero,
¿A que me voy con mi madre
que encima tiene puchero?

y me pareció que la sevillana traducía mi estado de ánimo respecto a Rossini, la bitácora y la madre que me parió. Y cambié de rumbo y me fui a comer puchero brasileño en la sauna. A follar.

Habrá que estar atento para no dar mucho que hablar, porque con estos mirando cualquiera sabe...

2 comentarios:

La donna è mobile dijo...

Su amigo lo que necesita es papel y pluma, un megáfono y un estrado, o un blog. Pero urgente.

Paulo Coelho (o así) dijo...

Esto de los "blogs" (¡si Cervantes levantara la cabeza!) tiene algo de exhibicionismo, como cuando los amigos nos muestran las fotos de las vacaciones en Canarias o sus poesías de juventud... pero tiene su punto. Es como meter la nariz en un rincón de la casa que raras veces se enseña. Cotillas, al fin y al cabo.