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lunes, 21 de mayo de 2007

De regreso al río


No sé quien será Carla pero su “quiero que escribas de nuevo, Lama”, como comentario a la entrada anterior, me ha espabilado de golpe. Llevo un mes “horribilis”, que diría su majestad. Preocupaciones y ocupaciones me han alejado de la bendita distracción del blog. En el fondo, nada irremediable. Cosas del trabajo, pero ni tiempo ni ánimo ha habido para más. Gracias a aquellos amigos que me han llamado intrigados por mi silencio, a quienes han escrito aquí algún comentario sobre él y a los que no les ha hecho falta ni una cosa ni otra porque vivían junto a mí las causas que lo provocaban.

Se lo decía ayer a Luciano Feria. Siempre me he preciado de compaginar con cierto éxito ocio y negocio, pero estas últimas semanas me ha podido el trabajo. Aún sigo casi igual, pero lo peor ha pasado. Por eso hoy vuelvo aquí. Por eso y por Carla (aunque sea algún amigo embozado).

Y ¿qué contar? Baste decir que a horas sueltas sigo leyendo y disfrutando de Fontana y de su soberbia monografía De en medio del tiempo, acerca de la segunda restauración española, 1823-1834. El maestro se luce y me está haciendo añorar los tiempos en que podía ir por las tardes al Archivo Histórico de Zafra a leer legajos sobre el Trienio Liberal. Si alguna vez soy capaz de sacar mi tercer libro sobre la república y la guerra (El instituto republicano), el siguiente empeño va a ser ese trabajo sobre la Zafra decimonónica y el buceo en esos afanes del primer republicanismo. Al historiar la libertad uno casi siempre encuentra republicanos.

Otro libro reciente recibido, y de cuyo autor hablaré aquí en otra ocasión, es un poemario de nombre sugerente, La realidad, el tiempo y los adjetivos, de Juan Manuel Llerena Pachón, poeta de 85 años. La portada del libro es muestra de una alegría y un optimismo que algunos creen impropios de personas de su edad. Sirva esa misma alegría ―tras los últimos avatares― para retomar las piedras de este río.

domingo, 4 de marzo de 2007

Insultos o censura


Otra vez se ha formado una buena por ahí abajo. Y, como casi siempre que se lía, el personal tira de pistola y aprovecha para poner a parir al prójimo. Es parecida a la típica tangana futbolera. Ves a dos pegándose y te metes a arrearle a uno o a otro. No es raro que los más lenguaraces sean los anónimos. La desmesura y el insulto no se suelen firmar.


Como un día sí y otro también me obligan a evitar -no siempre con éxito- que el improperio llegue a su destinatario, quien lo profiere (casi siempre anónimo) se cabrea y me acusa de censor. O sea que ni siquiera en casa uno puede mandar callar a otro. En fin. La respuesta me la da Mauro Entrialgo, que me llega gracias a Nacho Escolar.

sábado, 3 de marzo de 2007

Blogs de mujeres


No conozco demasiado a Rosa Regás. La he saludado con ocasión de algún acto literario, hemos compartido codo con codo una comida, un intenso debate en el Felipe Trigo de hace un par de años e intercambiado unos libros. El otro día me mandó un correo recriminándome amablemente que no incluyera ningún blog escrito por mujeres en las sugerencias que hago aquí, en el lado izquierdo.

Tiene razón. No es la primera vez que me lo dicen. Un amigo, Guillermo Varela, me lo ha señalado también. Quizá resulte socorrido decir ahora que no soy ningún misógino o que casi ninguno de los blogs literarios que enlazo citan bitácoras de mujeres, pero no tengo excusa: la inmensa mayoría de los blogs que leo están escritos por hombres y esos son los que acabo recomendando. Prometo corregirme. Hoy ya he incluido el primero de mujer, el de mi sobrina Julia, que con quince años ha abierto el suyo.

Mujer leyendo, Botero, 1996

sábado, 1 de julio de 2006

A mi querido público

Esto de los blogs acabará analizado por psicólogos. Lo estará ya. La movida que se ha montado por estos lares en los últimos días me está sirviendo de aprendizaje acelerado sobre la condición humana. Uno tiene ya 45 años y a estas alturas algo conoce del asunto, pero debo admitir que estoy asistiendo a un inestimable master de postgrado. Más allá del asunto de Pilo, que creo que está ya bastante agotado (el asunto, no él), lo curioso es cómo el río revuelto de la polémica atrae a tipos extraños, al acecho para despotricar contra cualquiera a la mínima de cambio. Gente a la que ni le va ni le viene lo que se esté discutiendo. Adormecen con las manos cerca del teclado y se espabilan a la menor oportunidad con la injuria en los dedos, o te descubren en internet (¡anda, aquí está este cabrón!) y aprovechan para escupirte al paso, como si estuvieran en un balcón y se escondieran después. En ocasiones son antiguos enemigos (tengo un par de ariscos por cada muchos amigos), tipos a los que uno les cae mal desde siempre, con o sin razón aparente, o gente que te odia por alguna suposición: suponen que eres de este o de aquel partido político, suponen que te lucras del común, suponen que estás a favor o en contra de la refinería, suponen..., suponen...

En algunas de estas prácticas estoy curado de espanto. Diez años en política local —aunque ya lejanos—me adiestraron en la defensa ante el navajeo. Por lo demás, casi nunca he visto los toros desde la barrera, y ya se sabe que cuando uno torea se arriesga al halago o al improperio del público. Los límites, como siempre, están en el respeto a quien quiere seguir asistiendo al espectáculo. Ese derecho es mayor que el muy cuestionable de quien dice expresarse y sólo insulta.

Por eso la contumacia de algunos me ha aconsejado —aunque me he resistido bastante— a moderar desde hace unos días los comentarios. La plaza está más tranquila. El cedazo impide el regodeo de los lenguaraces, aunque también dificulta la participación de los bienintencionados. Ruego un poco de comprensión a éstos y dedico todo mi desprecio a aquellos.

miércoles, 14 de junio de 2006




Desde hoy no admito en este blog comentarios anónimos insultantes.

lunes, 12 de junio de 2006

Insultos y maledicencias

El otro día un amigo me comentaba el daño que estaba haciendo a la salud del país el “hábito del insulto”. Está claro que los malos modos han existido siempre y que ahora hay más medios para divulgarlos, y de eso podría derivarse que existen los mismos maleducados que en otros tiempos y ahora se notan más. Pero me temo que no basta con esta explicación.
En España hoy triunfa el insulto: hay periodistas de éxito cuyas herramientas de trabajo son el improperio y la desmesura; hay programas de televisión especializados en el vilipendio; hay políticos cuyo único argumento es la afrenta. Y si esos son los modelos sociales no es extraño que la gente, a la primera de cambio, ponga a parir al prójimo.
En los blogs también se refleja esta costumbre, amparada en muchas ocasiones por el anonimato. Y los escritores que navegan tampoco escapan a este vicio. Personas que se supone educadas dirimen cualquier discrepancia sobre un autor o una obra acoceando al contrario e insultándolo gratuitamente.
En el caso de que a uno se le metan en "casa", la solución es fácil: un clic, y se suprimen todos los comentarios ofensivos, sobre todo si no están firmados. O más drástico aún: se impide cualquier comentario, como hacen en sus blogs otros amigos y escritores de Extremadura. Por ahora me resisto a esa fórmula. Creo que supone cercenar una parte muy importante de este medio de comunicación recíproca que es el blog. Prefiero leer a mis lectores, como ellos me leen a mí, aunque de vez en cuando tenga que aguantar algún rebuzno y deba controlar mi propia indignación ante tanto "valiente con embozo". Por esos brutos anónimos estos días atrás he deseado la pericia de mi paisano Vicente García de la Huerta, que allá por el siglo XVIII los dispersaba a pedos:

Arrímase poco a poco,
y cuando estaba más cerca,
con horror de los malsines,
un tronate pedo suelta.

Aturdidos del estruendo,
vuelven todos las cabezas
y al verles, más aturdidos,
se escabullen y dispersan.

Hácese público el caso
y todo el mundo celebra
del pedo dispersador
la ridícula historieta.

domingo, 19 de marzo de 2006

Los mejores blogs

Rupert Murdoch, jefazo de buena parte de la prensa y televisión del mundo, ha declarado que la internet y los blogs acabarán extinguiendo a los grandes dinosaurios de la comunicación televisiva y de papel. La fragmentación que genera la red es una garantía de pluralidad informativa y una amenaza para el principio de la concentración empresarial practicado por los medios de comunicación actuales.
Para hacerse una idea de la potencia y diversidad de las bitácoras como nuevo medio de expresión y comunicación basta revisar la lista de finalistas de los premios 20Blogs que el periódico digital 20 minutos ha publicado. Los ganadores se anunciarán el 6 de abril próximo. No es el Nobel pero sirve de pista sobre lo que bulle por ahí. Las categorías que más me interesan de las veinte que consta el concurso son:

Mejor Blog en castellano por votación popular 2005
-
El Sentido de la Vida

Nominados a Mejor Blog en castellano 2005
-
ALT1040
-
Diarios secretos de sexo y libertad
-
Kirai
-
Mondo Pixel
-
Orsai

Mejor blog sobre cultura y de tendencias
-
Cuchitril literario
-
La Cárcel de Papel
-
La Petite Claudine
-
Último pase
-
Planeta pop

Mejor blog de actualidad
- Bitácora Almendrón
-
Cigua: nuestras noticias
-
ALT1040
-
Cosas de Ranas
-
La bitácora de El Tránsito

Mejor blog con autor colectivo
-
Cogiendo caracoles
-
Blog Prader-Willi
-
Pixel y Dixel
-
Barrapunto
-
Mildiez

Mejor blog con contenido más original
-
Diario de una Miss intelijente
-
La casa giratoria
-
Milinkito
-
Covadonga Borbón
-
El hombre que comía diccionarios

Mejor blog de ficción
-
El bastión de los sueños
-
Extraños en la plaza
-
Juan Dámaso, vidente
-
Covadonga Borbón
-
Mujer Gorda, diario de Mirta Bertotti

Mejor fotoblog/audiovisual

-
Nocturama Fotoblog
-
Fijaciones
-
Cotidianas Vistas
-
QLio
-
Jabalí Fotolog

Mejor blog inclasificable
-
Mundos de Nepomuk
-
Diario de una MISS Intelijente
-
Futuroperfecto
-
El Hombre de Comía Diccionarios
-
Una huevera al día

Mejor diseño

-
Cosas de ranas
-
pop-page.com
-
La Mala de la Película
-
Papel Continuo
-
Juan Benítez


sábado, 4 de marzo de 2006

Anónimos en red


En la red hay quien reduce la libertad al anonimato. Estoy de acuerdo si se refiere a transitar sin control por donde a uno le plazca. Pero hay quienes reclaman el anonimato para insultar sin que nadie les identifique. Sé que el asunto es espinoso y que afrontarlo así puede resultar políticamente incorrecto, pero creo que la libertad de ofender bajo seudónimo es la misma libertad que la de hacer pintadas en las paredes o la de enviar por correo postal denuncias sin firma: una libertad meramente mecánica. En un sistema democrático la que debe interesar es la otra libertad, la que se ejerce con responsabilidad y a cara descubierta.

Digo esto porque en Extremadura comienzan a proliferar los blogs anónimos de opinión política dedicados a propalar todo tipo de mentiras, rumores e injurias, la mayoría contra el gobierno regional. En un país de libertades la opinión política agazapada bajo un seudónimo debería ser siempre opinión sospechosa. Más aún cuando —barrunto— esas bitácoras no son más que instrumentos partidarios alentados —y hasta redactados— desde sedes de partidos políticos con la intención de minar al adversario mediante procedimientos distintos a los reiteradamente fracasados métodos electorales.

Aunque la rúbrica no es garantía completa de responsabilidad —basta con leer a cierto buido columnista de la prensa regional—, la opinión firmada suele obligar a más que la anónima. Por eso el deseo de que crezca la opinión ciudadana en Extremadura no puede separase de la exigencia que sea opinión sin antifaz, pues en otro caso quienes la ejercitan adoptan una apariencia propia de delincuentes: la de enmascarados de la política.

lunes, 28 de noviembre de 2005

Las piedras del río

Son piedras que sirven para vadearlo: una conversación, los libros, una vieja idea o la opinión ante un hecho reciente. Me apoyo en ellas para ir de orilla a orilla. Gracias a ellas a veces sobrevivo y a veces juego. Sobre algunas me mantuve en equilibrio durante años como un estilita, y hay otras que -apenas piso- las abandono. Quizás sirvan para que alguien también apoye el pie y me acompañe.