La Santa Iglesia de la Derecha
Cuando sueltan alguna de éstas ―hoy sí y mañana también― me sorprendo de que sean tan descaradamente partidarios y tan poco misericordiosos. De que a pesar de las penalidades del mundo, de las injusticias, del llanto de los niños pobres, del asesinato de mujeres o del sufrimiento de los enfermos, los obispos se preocupen desmedidamente de los no nacidos, del goce pecaminoso de los homosexuales y de la supuesta ruptura de la patria española.
Cada vez que dicen alguna de esas necedades sobre el matrimonio ―que nunca han conocido―, sobre los hijos ―que nunca han tenido― y sobre la ética ―que poco han practicado― me parece tamaña falta de vergüenza que tiendo a pensar que es pasajera y que la Conferencia Episcopal ha sido ocupada por una pandilla de ultras.
Soy un iluso. Declaraciones como las de ayer del tal Martínez Camino me hacen caer del guindo: lo extraño no es una Iglesia derechista, lo raro empieza a ser que haya fieles que no lo sean.
¿No será el momento de que algunos se piensen si merece la pena estar en el mismo barco que estos tipos? El problema no es Dios. Son estos que dicen representarlo en la tierra.











Hace ya un mes, el día 20 de octubre, nos juntamos en Cáceres treinta y tantos compañeros y compañeras de la Universidad para celebrar el veinticinco aniversario del final de la carrera. La 























