“Por mucho que blanqueéis, el nido lo habéis caío”
Cuaderno de bitácora de josemarialama
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Asunto: Historia
El lunes vi La voz dormida. Me ha sorprendido. Pero, no exactamente la película. Al verla, me han sorprendido las críticas que antes había escuchado sobre ella. Sólo esperaba sectarismo, maniqueísmo, manipulación, “ogros y princesas”… En fin, falta de verdad.
Hay dos tipos de veracidad en una película como esta. Una es la de la fidelidad al texto en el que se basa y otra la de la veracidad de la historia en la que ambos ―texto y película― se asientan.
Aunque cuando se trata de arte poca veracidad es exigible, quizá sea comprensible que el público pida que la película que adapta una novela previa no defraude a sus lectores. Benito Zambrano cumple esa petición. Ha tomado de la novela de Dulce Chacón los episodios más relevantes, los que giran alrededor de la muerte de Tensi, prescindiendo de la vida de Pepita sin su hermana, que ocupa la tercera y última parte del texto. Pero, aunque no recorra con la cámara todo el relato, no creo que nadie que haya leído la novela deje de reconocer en la película su rastro. Allí están los mismos personajes y las mismas situaciones.
Admitida la fidelidad al texto, sólo les quedaría a los críticos cuestionar la veracidad de la historia que narra. Y ahí es donde creo que está el quid de la cuestión. Algunos creen ―o quieren hacer creer― que la película cuenta una exageración. Pero eso no es verdad. Lo que ocurre en la pantalla es una muestra de lo que ocurrió en la España de Franco en esos años de la guerra y la posguerra: cárcel, fusilamientos, torturas, desvalimiento ante la ley, complicidad de la Iglesia, dictadura, muerte. Y ogros, muchos ogros.
Por eso no me ha sorprendido la película y sí solo las críticas que ― más allá de sus aspectos artísticos (sublime, por cierto, María León)― había escuchado sobre ella.
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De muy relevante debe calificarse la publicación de Sucesos históricos de la capital y pueblos de Extremadura en la revolución del año de mil 1808, última entrega de la “Serie Rescate” de la Editora Regional de Extremadura. Se trata de un manuscrito, inédito hasta ahora, del fraile dominico Laureano Sánchez Magro, editado y anotado por Isabel María Pérez González y Fernando Pérez Fernández.
Sabía de la existencia del texto sólo por alguna mención a él en estudios anteriores de Isabel María Pérez, ya que los principales bibliófilos extremeños lo desconocían. Su padre, el escritor Fernando Pérez Marqués, lo conservaba entre sus papeles y libros con la intención de que pudiera ser publicado en el bicentenario de los hechos históricos a los que alude. Autora de varios estudios sobre Carolina Coronado y reconocida experta en el siglo XIX pacense, Isabel María Pérez ha cumplido con el deseo paterno y, además, lo ha hecho dándole cierto aire de compromiso de familia, ya que le acompaña como coautor de la edición su sobrino Fernando Pérez Fernández ―hijo del fallecido Fernando Pérez González― a quien amadrina en las lides de la investigación.
El manuscrito de Sánchez Magro es un relato coetáneo de los principales acontecimientos de la guerra contra los franceses en Badajoz y sus pueblos. Aunque el original no es una excelsa muestra literaria, sus insuficiencias se compensan ―como señalan sus editores― “con la pasión de lo vivido, la frescura de lo inmediato (y) la sinceridad de lo espontáneo”. En cualquier caso, es la veracidad y no el goce estético lo que pretendía el fraile dominico. En este sentido, resultan especialmente interesantes el relato de hechos como los que condujeron al linchamiento del conde de la Torre del Fresno, a finales de mayo de 1808; la reivindicación de la conducta del vecindario de Badajoz durante el sitio a que fue sometido por los franceses en febrero y marzo de 1811; la censura del comportamiento del general Ymaz tras la muerte del general Menacho; los atroces desmanes provocados por los ingleses en el saqueo de la ciudad de abril de 1812…
Laureano Sánchez Magro, nacido en Zafra en 1776, era un dominico que dio algún bandazo ideológico durante su vida. A pesar de las opiniones filoabsolutistas en este texto, escrito en 1817-1818, apenas tres años después -durante el Trienio Liberal- se expresó como partidario de las ideas liberales y como tal fue procesado al comienzo de la Ominosa Década. Es una pena que no se hayan conservado documentos que expliquen de manera más clara a qué se debió esta transformación ideológica, que ―por lo abrupta― suscita muchas dudas.
Especial interés tiene el texto para la historia de Zafra de esos años. Quizá por ser el autor natural de esta villa o por el indudable protagonismo que tuvo en algunos de los hechos relatados, Zafra es mencionada en varias ocasiones, ofreciendo datos desconocidos hasta ahora, como los de una incursión francesa “vigilada” por el pueblo:
Algunos de los franceses de la guarnición de Fuente del Maestre se presentaron en Zafra el día dos de abril [de 1809] con el objeto de pedir raciones. Dirigidos a la casa del juez, los siguió un inmenso pueblo inspeccionando sus acciones. Los enemigos llenos de terror, ansiaron el momento de salir de la villa sin esperar los artículos pedidos, ni atreverse a volver a ella.
Desgraciadamente la única hoja que le falta al manuscrito es la siguiente al relato de la captura y fusilamiento en Zafra del capitán José Asensio y su partida, a finales de enero de 1812. Es posible que esa hoja perdida iluminara un poco más unos hechos aún oscuros en Zafra, como el conjunto de esta obra ―gracias al rescate de Isabel María Pérez González y Fernando Pérez Fernández― ilumina un poco más la historia de la guerra contra los franceses en Extremadura.
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Asunto: Historia
BALADA DE LAS COSAS SIN IMPORTANCIA
Reconozco sin dificultad las moscas en la leche;
reconozco al hombre por el vestido;
reconozco el buen tiempo y el malo;
reconozco la manzana en el manzano;
reconozco el árbol al ver la resina;
conozco cuándo es todo igual;
conozco quién trabaja o descansa;
conozco todo, excepto a mí mismo.
Reconozco el jubón por el cuello;
reconozco al monje por el hábito;
reconozco al señor por el vasallo;
reconozco por el velo a la monja;
reconozco cuándo un tramposo habla en su jerga;
reconozco al loco alimentado de nata;
reconozco el vino por el tonel;
conozco todo, excepto a mí mismo.
Conozco al caballo y a la mula,
conozco su carga y su fardo;
conozco a Beatriz y a Isabelita;
conozco la ficha que se cuenta y suma;
reconozco la visión y el sueño;
conozco el pecado de los bohemios;
conozco el poder de Roma;
conozco todo, excepto a mí mismo.
Príncipe, en definitiva, lo conozco todo;
conozco a los de buen color y a los pálidos;
conozco a la Muerte que todo lo consume,
conozco todo, excepto a mí mismo.
François Villon, 1431-1463 (traducción de Carlos Alvar)
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Asunto: Literatura
(...) Me gustaría finalizar estas palabras sobre la guerra y la represión en Extremadura hablando de las víctimas. Porque hablar de represión y de guerra obliga a hablar de víctimas. Hoy ―22 de octubre de 2011― se habla mucho de víctimas en España. Y con razón. La satisfacción ante la noticia del abandono de la violencia por parte de ETA debe ir acompañada en nuestro ánimo de un reconocimiento a las víctimas provocadas por el terrorismo. Más allá de cuál sea nuestra opinión política, el color de nuestras adscripciones, ninguna persona de buena voluntad duda en reconocer el papel de las víctimas, su inocencia, su sufrimiento. Y nadie se cuestiona cuál fue su ideología. Son víctimas. Y con eso basta. Dentro de 75 años los historiadores que analicen lo que ocurrió durante estas décadas de terrorismo en España, en el País Vasco, no podrá olvidar a las víctimas, no deberán hacerlo.
Pues bien. 75 años después del golpe militar de 1936 me gustaría que lográramos que también se reconociera por todos la verdad de las víctimas de la violencia represiva del franquismo. Más allá de cuál sea nuestra opinión política o el color de nuestras adscripciones, ninguna persona de buena voluntad debería dudar en reconocer el papel de las víctimas del franquismo, su inocencia, su sufrimiento. Nadie debería cuestionarse su ideología. Son víctimas. Y con eso debería bastar. Además, así se hizo ya durante años con las víctimas de la violencia izquierdista.
Y ese reconocimiento no es ideológico, sino moral, ético. Ese, el de las víctimas, es el único compromiso del historiador. Ése, el de las víctimas, debe ser nuestro único compromiso como personas.(Final de mi intervención ayer en el acto cívico de MEMORIA y HOMENAJE a las 753 víctimas de la represión franquista en Villanueva de la Serena organizado por la Asociación de Recuperación de la Memoria Histórica de Extremadura).
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Asunto: Historia
Ha muerto Fernando Ruiz Vergara (Sevilla, 1942), cineasta andaluz autor del documental Rocío (1980), en el que -junto a una visión crítica de la famosa romería- se ponían nombres y apellidos a las víctimas y a los verdugos de la represión fascista en Almonte en 1936. Denunciado en la mañana del 23 de febrero de 1981 (¡!) por algunos de los familiares de los aludidos en el documental, el film fue prohibido y Ruiz Vergara condenado. Volvió a avecindarse desde entonces en Portugal, donde había vivido algunos años antes, y dejó de dirigir. Ayer fui uno de los que recibió un correo de Dulce Simoes comunicando la noticia.
Conheci Fernando Vergara em 2005, quando vivia na aldeia de Barão de São Miguel. Tive o privilégio de gravar uma longa conversa com Fernando, entre risos e sentimentos de revolta... A sua vida foi uma luta pela justiça e pela liberdade, e só a doença o silenciou...O funeral foi hoje às 9.00 no cemitério de Escalos de Baixo, Alcains, Castelo Branco. Perdemos um amigo, mas fica a obra e a memória da sua imensa generosidade.
Dulce acompañaba su correo de un texto del también antropólogo Ángel del Río. He pedido permiso a Ángel para reproducir aquí su texto. Creo que, además de esas palabras, el mejor homenaje posible a Ruiz Vergara es volver a ver su película:
FALLECE EL CINEASTA ANDALUZ FERNANDO RUIZ VERGARA
Hoy miércoles 12 de octubre ha fallecido en su domicilio en la aldea portuguesa de Escalos de Baixo, perteneciente al municipio Castelo Branco, el cineasta andaluz, autor del polémico documental “Rocío”, Fernando Ruiz Vergara. El realizador que también cultivó la pintura, la escultura y la cerámica padecía una grave enfermedad que le mantuvo durante varios meses hospitalizado.
Fernando Ruiz Vergara nació en 1942. Desde muy joven muestra su repulsión por la dictadura franquista y decide abandonar la ciudad de Huelva y viajar por Europa para acabar vinculándose al mundo del cine. Atraído por la Revolución de los Claveles se instala en Portugal —país con el que mantendrá hasta el final una intensa relación— donde llega a fundar la librería Iberlibro en Lisboa y el Centro de Intervenção Cultural desde donde organiza diversos ciclos de cine político, prohibido en España, enfocado a espectadores españoles cerca de la frontera gallega y andaluza.
Tras la muerte del dictador Francisco Franco regresa a una Andalucía en plena efervescencia política por las libertades democráticas y la conquista de la autonomía. Bajo este contexto, idea, junto a Ana Vila, el proyecto documental “Rocío” que tanto marcará su vida. La visión histórica y antropológica de la famosa romería andaluza plasmada en un documental de 88 minutos, fue objeto de una gran polémica una vez estrenado, no sin muchas trabas, en 1980. Bastaba mencionar la estrecha relación de la Iglesia y la hermandad rociera con los trágicos sucesos en los años de la guerra civil y ponerle nombre y rostro a algunas de las víctimas y victimarios locales de la represión, para que se pusieran en marcha los mecanismos de persecución y hostigamiento de ciertos sectores reaccionarios de la sociedad andaluza y del poder judicial contra la obra creativa de un joven realizador.
El filme fue secuestrado —era la primera vez que un juzgado secuestraba una película en España después de que se aprobara la Constitución y desaparecieran los mecanismos de censura previa en materia de cine— y censurado en 1982 por la Audiencia de Sevilla. En 1984 el Tribunal Supremo no admite el recurso de los autores y hace firme la sentencia que condena a Fernando Ruiz, director de la película Rocío, a dos meses y un día de arresto mayor, 50.000 pesetas de multa y una indemnización de 10 millones de pesetas. Al mismo tiempo, se prohibía la proyección y distribución de Rocío en tanto no se suprimieran varias escenas. La vida privada y profesional de Fernando Ruiz Vergara quedó destrozada y Rocío se convirtió en un filme maldito.
Fernando Ruiz abandonó España para autoexiliarse en Portugal, donde ha trabajado de manera intermitente en algunos proyectos para televisión y para diversas productoras. En los últimos años, la película ha vuelto a estar en candelero gracias al movimiento por la recuperación de la memoria histórica que la ha exhibido en numerosas localidades españolas contando con la presencia de su director. Al menos, y durante estos últimos seis años, Fernando Ruiz Vergara ha encontrado en España una acogida entusiasta y un sentido reconocimiento que hace 30 años le fue negado por un cúmulo de circunstancias que ponían de manifiesto los déficits democráticos de la laureada Transición. Fernando Ruiz Vergara murió en su humilde morada de la pequeña aldea Escalos de Baixo, rodeado de sus amigos portugueses a los que tanto amaba. Allí será enterrado.
En la actualidad hay avanzado un proyecto documental sobre Fernando Ruiz Vergara del también cineasta andaluz José Luis Tirado que, contribuirá, sin duda, a saldar la deuda de reconocimiento que la sociedad y el mundo de la cultura andaluza y española tienen con él. Descanse en paz.
Ángel del Río Sánchez
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