sábado, 17 de septiembre de 2011

La voz dormida


Quien escribe dispone de varias vías para comunicar lo que conoce pero habitualmente sólo de dos para conocer lo que ignora. Quien escribe sabe que la realidad sólo le es dada, como decían los antiguos, mediante el éxtasis o mediante la ciencia, a través de la imaginación o gracias a la inteligencia.

El dilema es falso, como todo lo simple, pero ayuda a explicar lo que pretendo: un escritor, una escritora, accede a lo que persigue, a lo que busca encerrar en el texto, bien con el instrumento sublime de la fantasía o bien con el bisturí de la razón. Ambos utensilios siempre están cerca, sobre la mesa; de ambos hará uso el escritor, pero dispondrá de uno más que de otro según su carácter. El novelista y el historiador ‑pongamos por ejemplo, porque el poeta es cosa aparte y lo suyo es síntesis pura, ciencia en éxtasis‑, la novelista y la historiadora, decía, descubren lo que ignoran yendo de la invención a la conjetura. Se dividen el terreno de la realidad sin que descarten armonizar sus instrumentos, pero cuidadosos de no acabar haciendo un uso exagerado del ajeno. Suele ser difícil que el historiador fabule sin que le motejen de poco riguroso y no es habitual que un novelista alcance los laureles sin alejarse un tanto de la realidad que relata. Son normas ya acordadas del oficio.

El error consiste en convertir estas opciones del escritor para acceder a la realidad en sendas de tránsito obligado para volver de ella. De ahí los géneros. Según ellos, el historiador estaría obligado a utilizar, en el discurso para exponer lo indagado, la misma frialdad metodológica que usó para la indagación. Y el novelista no podría decirnos lo que le deparó la fantasía y la emoción con más expresión que la emocionada y fantasiosa. Para el primero la imaginación estaría vedada y para el segundo sería obligatoria; la verdad sería la virtud del historiador y el vicio del novelista.

Pues bien, ésta es una de esas estupideces de cierta crítica literaria encorsetada que se ha propuesto desafiar Dulce Chacón con esta novela, La voz dormida, publicada por Alfaguara y que hoy presentamos aquí, en su ciudad, en Zafra. Porque Dulce ha escrito un texto de ficción sobre una verdad como un templo: la verdad de la cárcel y de la muerte de cientos de mujeres sojuzgadas por sus ideas políticas durante la dictadura de Franco. Sobre esa verdad la escritora ha inventado una historia. Los personajes no son reales, quiero decir, no existieron con esos nombres concretos o con esas particularísimas peripecias vitales. No se llamaron ‑como aquí‑ Hortensia, Tomasa, Reme, Elvira... y si así se llamaron no estuvieron en la prisión de Ventas, ni provenían de Córdoba, de Extremadura, de Murcia o de Valencia, como ellas. Pero los hechos sí han existido, sí son reales y desgraciadamente son aún reconocibles para muchos.

Sobre esta tensión entre realidad y ficción ha edificado la novelista su obra; sin esconder la veracidad de la historia básica que relata, ni sus fuentes, pero evitando hacer un libro de historia. ¿Y por qué? Pues porque Dulce ni es ni quiere ser una historiadora: Dulce Chacón es una novelista, y La voz dormida una novela, una novela rotunda.

El argumento se trenza alrededor de la vida de varias mujeres, encarceladas en la peor España de la España de Franco, que van pasándose una a la otra el testigo de la historia. El personaje central de la novela es Hortensia, a quien cede Dulce la imagen de la portada, y convierte en esa miliciana de sonrisa bellísima con fusil al hombro, gorro y pendientes –por cierto, comprados en Azuaga- que agarra en brazos a un niño también sonriente. Condenada a muerte, Hortensia protagoniza una escalofriante y doble espera: la del nacimiento de la hija que lleva en el vientre y la de su fusilamiento una vez dé a luz. Es una carrera lenta e inexorable que Dulce aborda con el tiempo previo que exige una tragedia y resuelve con la misma rapidez letal con que ésta nos acomete.

Dulce llama desde el principio a su personaje la mujer que iba a morir, en un esfuerzo por no aprovecharse de la escenográfica sorpresa que en el lector provocaría, si lo ignorara, la cruel coincidencia de la vida que nace con la muerte que acecha. Y este detalle de escritora de raza, confiada en la fuerza de su historia, delata el tono que preside toda la obra, en la que Dulce Chacón se conduce con comedimiento, sin caer en fáciles atajos argumentales que, aunque efectistas, acabarían traicionando la veracidad del contexto histórico del relato. El eje vertebral de la fábula coincide exactamente con el de la historia y, con la misma fatalidad que ésta, se sucede. No se le ofrecen al lector cabriolas fantásticas porque ni Franco murió en los años 40 ni el afán de libertad de las protagonistas de esta historia se cumplió de inmediato.

La voz dormida habría que catalogarla de novela realista si creyéramos en esa entomología de los estilos. Pero es una novela realista muy rara, porque parece increíble lo que cuenta. Increíble lo que cuenta no sólo de la mujer que iba a morir sino de las otras mujeres que rodean a ésta y que forman ese personaje colectivo que protagoniza el libro: Elvira, la más pequeña de sus compañeras, una joven pelirroja que junto a su madre intentó salir de España en 1939 por el puerto de Alicante y, como tantos miles, allí acabó atrapada, entre una tierra hostil y unos barcos inalcanzables; Reme, la mayor del grupo, condenada a doce años de cárcel por bordar una bandera; Tomasa, una extremeña de piel cetrina y ojos rasgados que perdió a una nieta, muerta de hambre en Los Santos de Maimona y a cuatro hijos y al marido arrojados por el puente de Almaraz...

Los personajes, que primero se exponen al lector por separado en los dos mundos que la novela recrea, la cárcel y la calle, acaban relacionados entre sí. La tela metálica a través de la cual las presas y sus familiares se observan y hablan cuando les toca comunicar es una especie de espejo que por un lado refleja la realidad cóncava, vuelta sobre sí, de la cautividad oficial, y por otro la ilusión convexa de la libertad –falsa libertad en esos años- de la calle y los montes por donde el maquis o sus enlaces actúan.

La novela va saliendo de la cárcel conforme crece. Un poco lo mismo que le pasó a una parte de España durante esos años y exactamente lo mismo que le ocurrirá a Tensi, la hija de Hortensia, que tras el fusilamiento de la madre será cuidada por su tía Pepita, una joven criada protegida por la resistencia antifranquista y que acaba enamorada de un guerrillero. La niña sitúa el protagonismo de la acción durante toda la obra. Cuando está en el vientre de su madre, en la cárcel, será allí donde se suceda la trama. Y una vez muerta ésta, al criarse con su tía en una fonda de Madrid trasladará a sus allegados el interés de la historia. Sin menoscabo de Hortensia, la voz protagonista de la obra es la de su hermana Pepita. Ella y Paulino, encarcelado en Burgos durante años, ocupan la parte final de esta novela emocionante y bella.

No se le ha olvidado a Dulce aludir a Zafra. Seguro que Zafra se le cruza en la cabeza nada más hablar de memoria y escribir sobre ella. Se le ha cruzado el recuerdo de un poeta de aquí que ya no está entre nosotros, Martín Romero Moreno, a quien dedica una mención que es también homenaje y con la que encabeza la segunda parte de la obra:

Quieres llorar. Y es tiempo

de sequía

Quieres llorar. Y son tus ojos

girasoles marchitos

Y se le ha cruzado en la memoria, también, el alcalde socialista y republicano de Zafra José González Barrero. Dulce lo convierte en un fugaz personaje de su novela en una de sus páginas:

Don José. Se llamaba don José. Llevaba a su mujer del brazo, y un sombrero panamá. Atardecía. Don José iba con traje de lino, y con su esposa del brazo. Tenían una hija que se llamaba Libertad.

Libertad y Dulce, ¡qué bien nombran a sus hijas los alcaldes de Zafra!

La voz dormida es una novela que, debido a la potencia de su argumento, podría haber forzado a la autora a desentenderse del esfuerzo técnico de contarla. Y ese es otro de los valores del libro. No sólo hay historia sino pericia expresiva. La cuidada ilación de los personajes; el juego verbal con que se nos conduce a los distintos tiempos de la historia; ese hallazgo expresivo del futuro que en ocasiones es el presente emocionado de la novela; el propio perfil de una narradora comprometida que no sólo asiste a los hechos sino que los valora para nosotros con un lenguaje lacónico y a la vez poético... Todos estos son rasgos del oficio que Dulce empleó para escribir este texto. Un texto difícil, de elaborada técnica pero que –gracias a que ella lo ha trabajado a conciencia‑ se muestra al lector limpio en su comprensión, sencillo.

A conciencia y con conciencia, porque junto a la historia y a la manera en que se nos cuenta, esta novela es también un testimonio ético sobre una época y se inserta en el esfuerzo que otros novelistas e historiadores, junto a mucha gente anónima, está haciendo por recuperar la memoria –tras tantos años de silencio‑ de lo que ocurrió realmente durante la guerra civil española y a raíz de ella. Silencio que al principio fue obligado por la opresión de la dictadura y luego fue sugerido por la conveniencia en una transición política que para algunos aconsejaba a esa transacción de libertad por memoria. Veinticinco años nos separan ya del final de la dictadura y poco a poco se impone en el ánimo de la gente la necesidad de hacer recuento de las pérdidas que aquellos años supusieron. La pérdida de la vida, con las cifras y los nombres de los miles de asesinados que nunca aparecieron en las cruces de los caídos y en las lápidas que los vencedores mandaron instalar en todos los pueblos; la pérdida de la tierra, del origen, el destierro, con la recuperación de la historia de los exiliados, de los transterrados, de los guerrilleros; la pérdida de la dignidad, mantenida por muchos y muchas a pesar de las torturas y los vejámenes; la pérdida de las propiedades, con las incautaciones y los ceses en empleos y puestos públicos. Y la pérdida de la libertad, con el testimonio de los encarcelados, de los encerrados en campos de concentración y de trabajo.

Aquí se incluye La voz dormida, en ese ánimo por recuperar la memoria, por superar el silencio, por despertar la voz. En este sentido esta novela –de argumento, voluntad de estilo y compromiso histórico‑ es también una novela moral, encajada entre el silencio y la palabra, y hasta literalmente: A los que se vieron obligados a guardar silencio, les dedica la autora el libro en sus primeras páginas, y en las últimas agradece a las personas que me regalaron su historia. El silencio y el testimonio. El silencio del que sabe pero no puede hablar, y el testimonio de quien convierte la palabra en el asidero de su dignidad.

El silencio del que sabe pero no puede hablar pero también el silencio que en el resto nos provoca la ignorancia. Todos venimos del silencio y de la ignorancia sobre lo que pasó en la guerra. Dulce también. A ella —como a nosotros— tampoco le contaron esto, pero gracias a esta novela tanto ella como todos nosotros asistimos a un encuentro con la palabra y con la voz, por fin recuperada y despierta.

(La reciente preselección como representante de España en los Óscar de la película La voz dormida de Benito Zambrano me ha traído de golpe muchos recuerdos sobre Dulce Chacón, autora de la novela homónima. El 20 de septiembre de 2002 le presenté la novela en Zafra, tal y como me había pedido. Reproduzco aquí, a modo de homenaje, el texto que leí entonces)

viernes, 9 de septiembre de 2011

Las manos, como dice Tulio


Las manos, como dice Tulio, nos sirven para labrar los campos, para edificar las casas, para tejer y coser las vestiduras, para la fábrica de las cosas que se hacen de madera, de piedra, de hierro o de metal. Con las manos erigimos las ciudades, los muros, los templos.

Por ellas nos proveemos de diversos y abundantes frutos para nuestro mantenimiento. Por ellas los sembrados campos nos dan esos diversos frutos, unos que se comen luego, y otros que se recogen y guardan para adelante. Por ellas nos alimentamos de los animales, así de los que andan por la tierra como de los que nadan en el agua, y como de los que vuelan por el aire, no solo cazándolos y pescándolos, sino también criándolos en nuestras casas.

Con ellas domamos las bestias: las cuales llevando y trayendo cargas, nos sirven, y nos dan fuerza y ligereza para caminar. Nosotros con las manos les ponemos yugos. Asimismo usamos del sentido agudísimo de los elefantes, y de la sagacidad de los perros para nuestro provecho.

Nosotros con ellas sacamos de las entrañas de la tierra el hierro: cosa grandemente necesaria para la labor de los campos. Descubrimos venas escondidas de acero, de plata, de oro, de que nos servimos así para el uso de la vida como para la hermosura y ornamento de ella.

Aprovechámonos de todo género de árboles, así fructuosos como silvestres: parte para calentarnos y guisar los manjares, y parte para edificar: con lo cual defendemos de los demasiados fríos y calores. La misma materia sirva para fabricar naves: por cuyo medio nos viene de todas partes abundante provisión para las necesidades de la vida.

Por el arte de navegar venimos a señorearnos de las dos cosas más violentas que hay en la naturaleza, que son el piélago y los vientos; y por este medio gozamos de muchas cosas que se traen por mar.

Es otro sí nuestro el señorío y uso de todos los frutos y comodidades de la tierra. Nosotros gozamos de los llanos y de los montes: nuestros son los ríos y los lagos: nosotros sembramos los granos para multiplicar las mieses, y plantamos los árboles: nosotros con riegos artificiales hacemos fértiles las tierras: nosotros represamos y enderezamos los ríos, y los encaminamos por las partes que nos pueden aprovechar.

Usando de la industria de las manos en las cosas naturales, hemos casi venido a fabricar otra nueva naturaleza.

(El párrafo LX de De Natura Deorum de Ciceron traducido libremente (“de paso y de memoria”) por fray Luis de Granada en su Introducción al símbolo de la fe. Reproducido por Fernando Casas en su edición de Lelio o la Amistad de Cicerón, Cádiz, 1841).

miércoles, 24 de agosto de 2011

Fuego amigo


Es difícil escribir sobre la guerra civil española. Más difícil aún si lo que se escribe tiene parte de ficción, porque hay muchos con la escopeta tan cargada que la disparan aunque uno hable de realidades. Y escribir sobre 1936 con brillantez es lo que ha hecho Juan Carlos Fernández Calderón en su novela “Fuego amigo”, merecidamente galardonada con el X premio Hontanar de Narrativa Breve que se otorga en Ponferrada por la editorial de ese nombre. Y lo ha hecho con ficción, pero a partir de un hecho real, como casi todos los relatos.

Un terrateniente refugiado en Badajoz huyendo de los izquierdistas acaba muerto por sus liberadores, los magrebíes que acompañaban, como tropa de choque, a los sublevados. El caso es extraño (los de Franco no solían matar terratenientes) pero, en su singularidad, el escritor vio una oportunidad literaria y no sólo la ha aprovechado sino que ha extraído de ella todo el jugo posible. A partir de esa sorpresa final, que se anuncia ya en el título, el escritor imagina los hechos previos con una notable solvencia literaria.

Estamos ante alguien que conoce bien la historia de la guerra, porque salpica el texto de menciones improbables sin lecturas sobre la España de los años treinta. Pero además de saber lo que ocurrió, sabe contarlo. La narración conduce al desenlace con certeza descriptiva, manejando bien el lenguaje. Aunque hay algún momento en que parece que va a desbocarse en adjetivaciones, domeña bien la tentación al exceso y lleva el corcel de la palabra por el camino de la precisión sin adornos.

De fondo, Juan Carlos Fernández Calderón ha sido incapaz ―y eso le honra― de evitar que se advierta lo que piensa: que huye de los clichés ideológicos, que nunca da por supuesta la ideología de nadie, que no cree en las dos Españas. No obstante, estamos ante una de esas novelas de la guerra civil escritas lo suficientemente bien para que nadie cuestione el argumento, aunque este tampoco sea cuestionable.

sábado, 20 de agosto de 2011

Mariana Pineda no sabía bordar


Hay una inevitable deformación entre cualquier hecho histórico y su relato. El paso del tiempo, el recuerdo transmitido de persona a persona, de generación en generación, crea un “ruido” inevitable en la huella que deja en el pueblo lo acontecido. Pero, además, hay una interpretación popular que el común adhiere a toda historia, una lectura de los hechos desde la mentalidad de la época. Y, finalmente, junto a esta literatura popular, a veces es la literatura de autor la que se interpone entre una historia y su recuerdo, dejando una pista “falsa” sobre la memoria de los hechos.

Los casos son numerosos. Me detendré en uno que creo significativo: Mariana Pineda. Acabo de leer la biografía que Antonina Rodrigo dedicara hace varias décadas a este personaje casi mítico del liberalismo español del siglo XIX. En la memoria popular es reconocida como la mujer que fue ajusticiada por Fernando VII por haber bordado una bandera revolucionaria.

La primera confusión está en la bandera. Se ha dicho que era la “bandera de la libertad”, y es cierto, aunque más exacto sería decir que era una de ellas. Porque no por eso puede asimilarse, como muchos hacen, a la bandera tricolor, la republicana, inexistente en 1831, cuando es asesinada Mariana. La enseña era “un tafetán morado del ancho de dos paños y largo algo más de dos varas y tercio con un triángulo verde en medio” en el que se iban a escribir las palabras libertad, igualdad y ley. Era, pues, una bandera con simbología masónica, no republicana. En este primer caso la confusión es popular. En cada época la gente ha querido que la bandera de Mariana Pineda fuera la de su tiempo, aunque eso supusiera incurrir en un anacronismo.

La segunda confusión se refiere al papel de la protagonista. Mariana Pineda nunca bordó la bandera. No sabía bordar. Encargó la tarea a dos bordadoras. La bandera se encontró en su casa porque las mujeres a quienes había encomendado la labor la traicionaron y se la devolvieron a medio hacer para que la policía la encontrara en su domicilio. Pero ella no bordó ninguna bandera. Esta confusión sí es ya literaria. Y la primera responsabilidad es de los romances que circularon por España desde el momento de su muerte:

Marianita se volvió a su casa.

La bandera se puso a bordar,

la bandera de los liberales,

la bandera constitucional.

Y después la confusión se fija definitivamente debido al drama Mariana Pineda, de Federico García Lorca:

Don Pedro vendrá a caballo

como loco cuando sepa

que yo estoy encarcelada

por bordarle su bandera

Será también Federico el principal responsable de la tercera confusión, que atañe al meollo mismo de la historia. Según la obra de teatro, Mariana actuaría por amor a Pedro Sotomayor, uno de los conspiradores. Pero la verdad histórica es que no actuó por amor, como quiso el poeta, sino por motivaciones políticas. Era una activista liberal, una revolucionaria, y para explicar su actuación no le hacía falta otra razón que la ideológica.

La figura de Mariana Pineda fue transformada en el imaginario popular para adecuarla a la mentalidad de la época. Aunque la verdad histórica es que no fue bordadora ni sus actos los hizo por amor, la mentalidad obligaba a que toda mujer que intervenía en una historia como ésta lo hiciera desempeñando alguna de sus tareas tradicionales y por razones no estrictamente ideológicas. Federico, al crear su magnífica obra literaria desentendiéndose de la historia y siguiendo la tradición popular, contribuyó a tergiversar la verdad de los hechos y a crear una pista falsa sobre su memoria. Mariana Pineda no fue una bordadora enamorada de un revolucionario, sino ella misma una revolucionaria. Una heroína a la que no le hacía falta héroe alguno.

domingo, 15 de mayo de 2011

El abuelo olvidado

Leo otra historia sobre uno de esos fascinantes personajes del XIX. Ya sabía algo de él. Se trata de uno de los primeros divulgadores del darwinismo en España. De uno de los descubridores de Doñana. Catedrático de Química Médica de las universidades de Cádiz y Santiago de Compostela, catedrático de Historia Natural de la Universidad de Sevilla, catedrático de Zoografía de zoofitos y moluscos de la Universidad Central de Madrid. Fue, además, uno de los dirigentes andaluces de la revolución La Gloriosa ―en 1868― y, en esos años de gobiernos progresistas, rector de la Universidad de Sevilla y gobernador civil de la provincia.

Médico, naturalista, escritor, librepensador, masón (“Toby”), profundo liberal… es uno de los más relevantes científicos e intelectuales de la segunda mitad del siglo XIX en España. Pero sus muchas virtudes han sido insuficientes para que se le recuerde por sí mismo. Sus nietos le han dado fama. Sobre todo, su nieto Antonio.

Y es que Antonio Machado Núñez (Cádiz, 1815-Madrid, 1896) es, sí, abuelo de su homónimo, el poeta Antonio Machado Ruiz. Y ha sido éste quien, injustamente, le ha dado nombre. Injustamente porque eran suficientes sus muchas prendas para que aún resonara en la memoria cultural de España sin necesidad de recurrir a la coletilla “abuelo de”. Bien es cierto que la trascendencia de su descendiente en nuestra historia contemporánea es tal que cualquiera que estuviera cerca de él acaba oscurecido por su figura.

La obra de Daniel Pineda Novo, Antonio Machado Núñez, naturalista y político, es su primera biografía. Han tenido que pasar más de ciento diez años de su muerte. Se presentó hace unos meses en Sevilla y en Madrid. El otro día me la envío Manuel Álvarez Machado, su tataranieto, que administra y redacta una magnífica web en memoria de la saga de los Machado: http://www.antonio-machado.org/tag/hermanos-machado/

domingo, 8 de mayo de 2011

Cambios de tendencia en el turismo cultural


(Notas de la intervención en FETUREX, I Feria del Turismo de Extremadura. Mesa redonda sobre Turismo, Cultura y Patrimonio. Mérida, 8 de mayo de 2011)

Estoy convencido de que la crisis económica global que estamos sufriendo supone un antes y un después en el modelo de sociedad occidental. La trascendencia y profundidad de la crisis afectará a todas las facetas de nuestra vida. Esto, lejos de ser una previsión catastrofista, no es sino la constatación de una realidad de la que ya hay evidencias y que conviene que asumamos con normalidad. Que todo cambie no tiene gravedad alguna. Es lo más natural. Y el cambio va a llegar también ―está llegando― al concepto de turismo, y a sus relaciones con la cultura y el patrimonio, los tres términos que encabezan esta mesa redonda.

Quiero destacar algunos cambios de tendencia acerca de estos tres ámbitos que quizá debamos tener en cuenta para perfilar lo que será el futuro del sector. Y aclaro que la mayoría de estos cambios viene dada por la transformación de las condiciones materiales, económicas y sociales, provocada por la crisis. Se trataría de hacer de la necesidad virtud y aprovechar los cambios provocados por la crisis convirtiéndolos en cambios beneficiosos para el sector. No pretendo ser exhaustivo y sí sólo incorporar elementos de debate a esta mesa.

1.º El primero de los cambios de tendencia a los que quiero referirme atañe a la política turística. Consiste en un cambio, obligado pero necesario, desde el equipamiento a la actividad. Al igual que las políticas culturales deben transitar desde el interés por la creación de continentes ―que ha predominado en estos últimos años― al diseño de contenidos, las políticas turísticas deben comenzar a insistir más que en el equipamiento (plazas hoteleras, palacios de congresos, vías de comunicación, señalizaciones…) en la actividad, en la creación de contenidos. Durante muchos años la política turística en regiones como Extremadura se ha centrado, y con razón, en la dotación de equipamientos e infraestructuras. Partíamos de una situación con déficits básicos y era necesario paliarla. Las necesidades de equipamiento turístico hoy son muy inferiores a las de hace veinte o, incluso, diez años. Es el momento de poner todo nuestro interés en el “qué” y el “cómo” frente al “dónde”. Tenemos que llenar los equipamientos con usuarios y para eso son necesarias propuestas, actividades.

2.º El segundo cambio de tendencia lo sitúo en el objeto/sujeto turístico. Y ahí creo que vamos a tener que transitar del patrimonio al turista. En el turismo cultural el foco de la atención ha estado puesto en el patrimonio. Se han rehabilitado edificios, se ha recuperado patrimonio inmaterial, se han abierto museos y centros de interpretación. Ahora debemos centrarnos en los usuarios, en los visitantes, en los turistas. Debemos transitar del objeto al sujeto turístico. Debemos insistir en el diseño de propuestas de uso del patrimonio por parte del turista. Pero la relación de los turistas y visitantes con el patrimonio no debe ser de contemplación sino de interacción. La generación de experiencias culturales debe convertirse en el principal producto turístico. El turista quiere diseñar su propio itinerario turístico. Cada vez se admiten menos los paquetes turísticos cerrados que impiden la intervención del propio turista modelando su viaje. El turismo de playa, masificado, tiende a unificar a los turistas. Todos somos un poco iguales tostándonos al sol. El turismo cultural individualiza y singulariza al turista, lo convierte en alguien único, que necesita tener una experiencia turística propia. Singularidad y experiencia. Esas son las dos palabras clave para el turista cultural. Sentirse único e interaccionar, actuar, experimentar, vivir.

Por eso, también, centrados en estos cambios que atañen al turista, va a ser, es inevitable que haya, un cambio del turista cultural de masas y grandes atracciones, al viajero cultural de "barrio", de experiencias masificadas a experiencias más auténticas y personalizadas, donde lo "local" cobra un especial protagonismo. El viajero quiere ser "local" por unas horas y la propuesta cultural no debe imitar a la superproducción urbana. Lo mejor para el turista cultural es que no se sienta tal. Que no sea turista, que sea un natural más, un vecino más, un ciudadano más.

3.º En relación con esto, debe de haber también un cambio en el concepto de agente turístico. Del especialista a la ciudadanía. La propia ciudadanía debe desempeñar funciones de agente turístico mediante procesos de turismo de participación. Porque la participación en turismo no es sólo que el turista se implique en las experiencias que se le ofrecen, sino que en esas experiencias participe también la ciudadanía. Hay que insistir en fórmulas de voluntariado alrededor del turismo cultural. La ciudadanía debe convertirse en el principal agente turístico de una ciudad.

4.º Finalmente, el cuarto cambio de tendencia hace referencia a la iniciativa turística. Y se trata del cambio desde el protagonismo público al impulso social y privado. La preocupación por el continente estuvo pareja al protagonismo institucional que, a través de diversas vías, financió en parte los equipamientos. Las instituciones han acompañado el proceso de dotación de equipamientos. Ahora ya no es tanto un problema de dinero, sino de iniciativa, de iniciativa imaginativa. Y ahí es importante que sea la propia iniciativa privada y social la que cobre protagonismo. Las empresas, los agentes turísticos, deben tomar la iniciativa: FETUREX es un ejemplo de ello.

Fotografía del Teatro Romano de Mérida de Las cien puertas de Eulate.

domingo, 1 de mayo de 2011

El asesinato del gobernador de Burgos


A Carmen García Rubio

Hace una semana estuve en Burgos. Paseamos por los alrededores de la catedral. Frente a la puerta del Sarmental recordé uno de los episodios más olvidados y crueles del fanatismo religioso en España. Ocurrió al mediodía del 25 de enero de 1869. Hacía poco más de unos meses que había comenzado el que después se conocería como Sexenio Democrático, tras el pronunciamiento de La Gloriosa que desalojó del poder a Isabel II. Gobernaba Prim y al frente del ministerio de Fomento estaba Ruiz Zorrilla. Una de las medidas que impulsaron fue el inventario e incautación de los bienes artísticos de la Iglesia que no estuvieran directamente relacionados con el culto: “El Estado se incautará de todos los archivos, bibliotecas, gabinetes y demás colecciones de objetos de ciencia, arte o literatura que con cualquier nombre estén hoy a cargo de las catedrales, cabildos, monasterios u órdenes militares”. Había miedo al deterioro irreversible de muchas riquezas documentales y a que la venta de las piezas de arte sirviera para sufragar las armas de los carlistas.

Aunque el decreto de incautación se preparó en secreto, uno de los funcionarios lo reveló en confesión al cura y éste dio cuenta del asunto a sus superiores. Cuando el gobernador civil de Burgos, Isidoro Gutiérrez de Castro, se encaminó en la mañana de ese 25 de enero ―un día antes de la publicación del decreto― a la catedral para inventariar los bienes no sólo le esperaban el deán y otros canónigos catedralicios, también estaba congregada en las inmediaciones una turbamulta amenazadora que había sido avisada de la visita. El gobernador y la comitiva oficial entraron en el templo y la guardia civil se dispuso a proteger las puertas. Pero la muchedumbre las forzó y desbordó la escasa protección de las autoridades. Aunque el gobernador intentó hablar, la gente, enfurecida, arremetió a golpes y cuchilladas contra él a los gritos de “¡Viva la religión! ¡Viva Carlos VII!”. Utilizaron un hacha para cortarle algunos de sus miembros. Lo desorejaron, lo desnudaron y lo castraron. Le ataron una faja a las piernas y, ya muerto, lo sacaron del templo. El ejército logró hacerse con la situación cuando ya era tarde.

Isidoro Gutiérrez de Castro, que era historiador, tenía ese optimismo existencial de cierto progresismo que a veces se da de bruces con la realidad. Años antes de su muerte había escrito un estudio sobre la religión en la Inglaterra del siglo XVII que finalizaba con estas palabras tan poco proféticas de lo que le deparaba el destino:

“Cuando después de recorrer aquella ominosa época, echamos una ojeada por los tiempos presentes, y vemos la libertad y la tolerancia suceder a la opresión y al fanatismo, el corazón se ensancha y el historiador se felicita al legar a sus sucesores la plácida tarea de escribir una historia, limpia al menos de sangre y de verdugos”.

jueves, 7 de octubre de 2010

El día que terminó el siglo XVIII


El 24 de septiembre de 1810 un hombre maduro, de baja estatura y con ropajes eclesiásticos pidió la palabra en un local de la Isla de León, cerca de Cádiz. Allí, en el antiguo teatro de comedias de lo que hoy es San Fernando, se habían reunido en Cortes por primera vez los diputados llegados de todos los puntos de España, rebeldes a la invasión del ejército francés. Ese hombre fue el primero que tomó la palabra para proclamar los valores de la libertad, afirmar que en las Cortes residía la soberanía nacional, y que convenía dividir los poderes legislativo, ejecutivo y judicial. Era el diputado Diego Muñoz Torrero, extremeño de Cabeza del Buey, sacerdote, que había sido rector de la Universidad de Salamanca. Un cronista ha dicho que cuando, después de hablar, Muñoz Torrero se sentó, el siglo XVIII había concluido.

Y es que ese día comenzó el parlamentarismo en España. La obra de las Cortes terminó con la promulgación de la Constitución de Cádiz, en 1812, la primera de la historia constitucional española. A partir de entonces, hoy hace doscientos años exactos, las nociones de libertad, soberanía o constitución han formado parte del vocabulario colectivo, aun cuando los frecuentes períodos dictatoriales o de merma de las libertades hayan hecho añorarlas más que practicarlas.

El papel de Extremadura en aquellos hechos fue muy importante. Un nutrido grupo de políticos extremeños alcanzó gran protagonismo en las Cortes, integrando el núcleo director de los liberales en la cámara, de quienes Muñoz Torrero fue el líder natural. Manuel Mateo Luján, extremeño de Castuera, fue quien propuso a la cámara el primer decreto, donde se concretaban los principios que Muñoz Torrero había apuntado. Junto a ellos destacaron los también extremeños Antonio Oliveros (de Villanueva de la Sierra), Manuel María Martínez de Tejada (de Zafra), Francisco Fernández Golfín (de Almendralejo), José María Calatrava (de Mérida) y Juan María de Herrera (de Cáceres), todos ellos diputados liberales. En Cádiz, hubo extremeños en las Cortes y fuera de ellas, en otras instancias de poder: Bartolomé José Gallardo (de Campanario) fue el bibliotecario; Juan Álvarez Guerra (de Zafra) fue ministro o secretario de Estado de Gobernación; Manuel José Quintana (de Madrid, pero originario de Cabeza del Buey) fue vocal de la Junta Superior de Censura…

En el Cádiz de 1810 se inicia el período en el que mayor protagonismo político han tenido los extremeños en la política nacional. Durante los primeros decenios del sistema liberal dos decenas de extremeños integraron la élite política del país. En poco más de treinta años, tres extremeños fueron presidentes del gobierno de España; diez extremeños, ministros —hasta en veinticinco ocasiones—, y otros diez, presidentes de las Cortes, del Congreso de los Diputados o del Senado. Nunca más Extremadura ha contado tanto en España.

Ahora nos empeñamos en construir una nueva imagen de Extremadura que haga justicia a los avances logrados en los últimos decenios. Es importante que recuperemos e integremos en esa nueva imagen —y no es paradoja— los momentos y personajes más brillantes de nuestra historia, que fueron los humanistas del XVI y los políticos liberales del XIX.

El 24 de septiembre de 2010 es un día de conmemoración para Extremadura porque hace dos siglos un grupo de naturales de nuestra tierra contribuyó a cambiar la historia de España. Soy consciente de que la celebración de los hechos que aquí se glosan no forma parte de los intereses prioritarios de la sociedad extremeña, pero un pueblo no puede alimentarse sólo de lo evidente. Si no vivimos el presente conscientes de nuestro pasado poco futuro tenemos.

(Texto del artículo publicado, con el título "Se cumplen 200 años de las Cortes de Cádiz", en el diario HOY el 24 de septiembre de 2010)

sábado, 13 de febrero de 2010

Hemos conocido la noticia


Hemos conocido la noticia de las 114.266 detenciones ilegales de desaparecidos del franquismo, hombres y mujeres marginados durante muchos años del discurso oficial de nuestra democracia, que son rehabilitados ante nosotros gracias a las asociaciones para la Recuperación de la Memoria Histórica, los investigadores y familiares.

Sus vidas conmovedoras y su sacrificio a favor de la libertad y la democracia, junto a las de sus compañeros represaliados, deben ser reconocidos sin distinción por quienes se consideran sensibles y demócratas como parte inolvidable del sacrificio español del siglo XX. Les debemos reconocimiento a su esfuerzo y esperanza por un mundo mejor en los años más terribles de la historia europea.

Por ello, sin entrar en la causa "sub judice" que respetamos, es motivo de celebración el trabajo encomiable del titular del Juzgado de Instrucción número 5 de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón de tramitar este sumario de la época franquista tras la aprobación de la Ley de Memoria histórica, por lo que implica de reparación pendiente por nuestra democracia. Por ello lamentamos el desproporcionado ataque a su labor desde ámbitos determinantes que han creado alarma en nuestra sociedad e indefensión en los demandantes.

Quienes dignificaron la democracia con la inmolación de sus vidas forman parte de uno de los capítulos más generosos de la memoria española del siglo XX y por ello no queremos permanecer impasibles ante la evidencia de este crimen contra la humanidad que se perpetró contra ellos en nombre de un Estado golpista, ni ante las maniobras para separar del Juzgado competente este caso
.

Promotores del manifiesto
Ernesto Sabato, Antonio Gamoneda, Jose Saramago, Juan Goytisolo , Jose Manuel Caballero Bonald, Jose Luis Sampedro, Emilio Lledó, Paco Ibáñez, José Vidal Beneyto, Iam Gibson, entre otros.

Si quieres apoyar este manifiesto envía tus datos personales a esta dirección de correo electrónico.
hemosconocidolanoticia@gmail.com


Fotografía, El País, Luis Sevillano

sábado, 6 de febrero de 2010

Instituto de Seguros contra accidentes de trabajo en el reino de Bohemia


En julio de 1908 Franz Kafka lograba un empleo en un instituto de seguros de Praga. Su sección de trabajo era la de “Prevención de accidentes y elaboración de recursos”. Su biógrafo y amigo Max Brod dice que para Kafka el empleo no debía tener nada que ver con la literatura:


La ocupación material y el arte de escribir debían permanecer totalmente separados entre sí (…) Lo que ambos anhelábamos intensamente era un empleo con “horario simple”, es decir, desde la mañana hasta las 2 o 3 de la tarde (…); tendríamos las tardes libres. Los empleos privados, con su horario de mañana y de tarde, no dejaban tiempo libre para el trabajo literario, paseos, lectura, teatro, etc. Y aun cuando se volviera a casa a las tres de la tarde: había que comer y reponerse un poco del trabajo antiespiritual; luego, cuando se deseaba llegar al estado de libertad, no quedaba mucho del día.


Siempre me ha preocupado qué relación establezco entre la vida y el trabajo, de qué forma entiendo mi ocupación profesional. Hay una visión que podríamos denominar “cristiana” del trabajo. Parte de la consideración de que es un castigo divino, de que si Adán y Eva no hubieran pecado no necesitaríamos trabajar (maldito sea el suelo por tu causa. Con fatiga sacarás de él el alimento todos los días de tu vida. Génesis, 17). Esta consideración “negativa”, fatigosa, del trabajo conlleva avalorar todo lo que hacemos fuera del horario laboral. La imagen risueña del dominguero expresa esta satisfacción castiza ante el ocio y, aunque vagamente, late bajo la opinión kafkiana del trabajo.


Nunca he compartido esa visión del asunto. Ni la que considera malo trabajar ni la que plantea separar el trabajo y la actividad intelectual o creativa. Siempre he tenido ocupaciones laborales que me han apasionado. Y, por tanto, casi nunca he tenido demasiado tiempo libre, porque he metido el ocio (esto es, el disfrute) dentro del “negocio”. En eso no soy ni kafkiano ni cristiano.

jueves, 28 de enero de 2010

El divino capitán

No es un libro nuevo, aunque nunca esté de más reivindicar a Francisco de Aldana. A pesar de la recomendación clásica de Cernuda, que lo proclamó como uno de los mejores, y de la insistencia en los años ochenta de Ángel Campos, nunca leí con detenimiento al "divino capitán". Ahora, sí. Hay veces que es inevitable que cada lectura encuentre su acomodo en el tiempo, nos aborde en un momento preciso -y no en otro- de nuestro recorrido.

El otro día, volviendo de Sevilla, me leí la edición de sus Sonetos propuesta por Raúl Ruiz en 1984. Arranca con estilo:

Con toda seguridad, sería del agrado de Borges una biografía que se desarrolla entre dos conjeturas: un nacimiento que carece de documentación y una muerte que se sumerge en las brumas del sebastianismo.

Cita oportunamente el informe de Diego de Torres sobre su muerte épica al lado del rey Sebastián de Portugal:

Y el día de la batalla, andando a pie por le haber muerto el caballo, le encontró el rey y le dijo: "Capitán, ¿por qué no tomáis caballo?". Y él dicen que le respondió: "Señor, ya no es tiempo sino de morir, aunque sea a pie". Y con la espada en la mano, tinta en sangre, se metió entre los enemigos, haciendo el oficio de tan buen soldado y capitán como él era.

Recoge los elogios de Lope de Vega, Quevedo, Cervantes o Gil Polo sobre su personalidad de vate y soldado:

con gran razón los hombres señalados
en gran duda pondrán si él es Petrarca
o si Petrarca es él, maravillados
de ver que, donde reina el fiero Marte,
tenga el fecundo Apolo tanta parte.

Y, lo más importante, ofrece sonetos impecables del autor de una de las piezas, la "Epístola a Arias Montano", más sobresalientes de la poesía española. He aquí uno de esos sonetos inconcebibles de Aldana:


En fin, en fin, tras tanto andar muriendo,
tras tanto varïar vida y destino,
tras tanto de uno en otro desatino
pensar todo apretar nada cogiendo,

tras tanto acá y allá yendo y viniendo,
cual sin aliento inútil peregrino
-¡oh Dios!-, tras tanto error del buen camino,
yo mismo de mi mal ministro siendo...,

hallo, en fin, que ser muerto en la memoria
del mundo es lo mejor que en él se esconde,
pues es la paga dél muerte y olvido,

y en un rincón vivir con la victoria
de sí, puesto el querer tan sólo adonde
es premio el mismo Dios de lo servido.

sábado, 23 de enero de 2010

Dulce Libertad



A principios del año pasado me llamó Enrique Villareal, alias "El Drogas", cantante del grupo de rock Barricada. No había hablado con él en la vida, pero estuvimos una hora al teléfono. Me contó su enganche con los temas de la memoria histórica a partir de la lectura de La voz dormida de Dulce Chacón. "Llevo leídos más de cincuenta libros de historia de la guerra desde entonces, entre ellos el tuyo", me dijo y me pidió que escribiera un texto sobre Dulce y su relación con la memoria histórica para un próximo disco que iban a publicar. Después de varios avatares, a los que no ha sido ajena mi colaboración, el disco salió en noviembre pasado con el título "La tierra está sorda". Además de un disco con 17 canciones, es un libro de 175 páginas con artículos de varios historiadores, entre los que están Julián Casanova, Javier Rodrigo, Emilio Majuelo o Francisco Espinosa. Mi texto se titula "Dulce Libertad":

La memoria histórica, que atañe al pasado de todos, provoca paradójicas experiencias personales. En pocas ocasiones lo colectivo y lo individual están tan relacionados, y sólo excepcionalmente la historia adquiere más carnalidad, más coetaneidad, que con la guerra civil española de 1936. No creo haber sido el único en sufrir un golpe emocional cuando descubrí la inmensa barbarie de esos años, cuando me percaté del destrozo causado, en mi consciencia de esos hechos, por tanta manipulación franquista y tanta equidistancia posfranquista.

Algo así le ocurrió a Dulce Chacón. También para ella desvelar el pasado supuso una peripecia personal. Venía del lado de los vencedores. Su familia ­—no es infrecuente entre quienes nos hemos empeñado en la recuperación de la memoria— era de derechas. Su madre era la hija del conde de Osilo, un aristócrata de Almendralejo; su padre fue alcalde de Zafra y procurador en las Cortes de Franco en los años sesenta, y su tío, Federico Chacón, un capitán de la guardia civil involucrado en la represión del maquis extremeño. Antonio Chacón, a quien se recuerda como un buen alcalde, murió de una dolencia cardíaca a los cuarenta y cinco años de edad. Por entonces, Dulce era una niña que jugaba por las calles de Zafra ajena a que veintitantos años antes en esas mismas calles otros habían llorado por el asesinato, debido a sus ideas políticas, de casi doscientas personas. Lustros después, cuando ella supo por fin lo que había ocurrido, toda su experiencia vital —los recuerdos, la familia, los valores— dio la vuelta sobre sí y logró ver al otro lado del espejo.

El encontronazo de Dulce con la verdad colectiva, su peripecia personal por culpa de la historia, tuvo un episodio capital, el punto exacto donde esa parte de su vida relacionada con Zafra giró sobre sí misma: conocer a Libertad González, hija de José González Barrero, buen alcalde republicano de Zafra, asesinado —también a los cuarenta y cinco años de edad— por un grupo de falangistas en 1939 en el campo de concentración de Castuera. Tuve el privilegio de propiciar ese primer encuentro entre Dulce y Libertad. Consciente de su trascendencia, Dulce hizo hueco en La voz dormida para introducir, como dos personajes más, a Libertad y a su padre, el otro alcalde de Zafra:

Don José. Se llamaba don José. Llevaba a su mujer del brazo, y un sombrero panamá. Atardecía. Don José iba con un traje de lino, y con su esposa del brazo. Tenían una hija que se llamaba Libertad.

Sólo convivieron unos años. Cada vez que se encontraban, se miraban a los ojos como quien contempla otra posibilidad de la vida. Quizá, en algún momento, a Dulce le hubiera gustado cambiar su papel por el de Libertad. Que su padre hubiese sido alcalde de Zafra, sí, pero de izquierdas. Que, ya que había de morir joven, lo hubiera hecho por sus ideas. Que sus familiares no hubieran sido vencedores sino vencidos… Quizá, en algún momento de ese juego de espejos, a Dulce le hubiera gustado ser Libertad. No sé. Nadie es dueño de su destino, construimos el nuestro a partir de circunstancias que nos son ajenas, aunque a veces la vida accede a enseñarnos alguno de sus mecanismos. Era una mujer con un inmenso cariño a su familia. Por eso, el deseo de ser Dulce Libertad le duraría, si acaso, sólo un instante, hasta que —escrutando además el vientre oscuro de la bestia que es la memoria— reparara en uno de esos engranajes ocultos: las coincidencias entre sus padres, tan lejanos. La coincidencia de Zafra, de la guerra, de la alcaldía, de la bondad, de la muerte a los cuarenta y cinco años de edad, y de esa extraña habilidad para dar nombre a las hijas.




miércoles, 20 de enero de 2010

Earth Song





Gracias a un correo de la antropóloga portuguesa María Dulce Simoes conozco un videoclip de Michael Jackson del que no tenía ni idea o no me acuerdo (aunque en mi caso la desmemoria empieza a parecerse al desconocimiento). Y el caso es que me reconcilia con quien, aunque magnífico artista, nunca fue santo de mi devoción.
La canción, Earth Song, de 1995, fue un exitazo -me entero ahora-en Reino Unido. El video estuvo nominado a los Grammy el año siguiente. Pero ambos fueron silenciados en Estados Unidos -censurados, dice Dulce.
Ella me lo manda con subtítulos en portugués, pero he buscado -para favorecer su comprensión- una copia con subtítulos en español (el formato es demasiado grande y con algún error).

Creo que es una magnífica canción y un buen videoclip.

domingo, 17 de enero de 2010

Una historia extraña de Extremadura


"En España no es frecuente conmemorar centenarios de acontecimientos relacionados con las libertades. Nuestra historia, en ese sentido, no da —por desgracia— para mucho. Por eso es especialmente gozoso reunirse en un acto que en cierto modo implica la celebración de los doscientos años del inicio del proceso constitucional español. Ese es, en cierto modo y salvando las distancias, un cumpleaños “democrático”.

Este motivo de satisfacción, digamos, nacional (aunque con tanto debate sobre el término no sé si empleo bien aquí la palabra) lo es también doblemente para los extremeños. Ya que fueron paisanos nuestros algunos de los principales protagonistas de aquellos acontecimientos. Con la intención de rememorar esos hechos y reivindicar el papel de Extremadura en ellos, el área de Cultura y Acción Ciudadana de la Diputación de Badajoz nos encargó a la empresa extremeña e-Cultura el diseño y coordinación del libro que hoy presentamos: Extremadura y la modernidad. La construcción de la España constitucional (1808-1833).

Esta obra aborda en nueve artículos lo más sustancial de aquellos años del primer liberalismo extremeño, el costoso arranque de una historia que coincidió en sus comienzos con la guerra contra los franceses (1808) y en dos ocasiones se vio interrumpida (1814 y 1823) y reanudada (1820 y 1833). Hay un cuadro desplegable en las primeras páginas del libro. Gracias a él sorprende saber que en apenas cuarenta años, de 1808 a mitad de siglo, tres extremeños fueron presidentes del gobierno de España; diez extremeños, ministros —hasta en veinticinco ocasiones—, y siete, presidentes de las Cortes, del Congreso de los Diputados o del Senado.
Estamos por tanto ante una historia extraña de Extremadura."
(...)
"Decía al comienzo que este libro habla de una historia extraña de Extremadura. Hasta hace apenas unos lustros -seis, siete- desde la creación de la Universidad de Extremadura, de la Facultad de Filosofía y Letras, de los departamentos de historia y de la generación de nuevos historiadores extremeños, la historia de Extremadura estaba hecha casi exclusivamente de fastos, de grandes gestas. Creo que hay momentos históricos injustamente olvidados y que merecen más notoriedad que otros renombrados. Señalo dos. Hay más. El humanismo extremeño del XVI al XVII con figuras como Arias Montano, Francisco Sánchez El Brocense o Pedro de Valencia, y estos años inaugurales del siglo XIX.

El libro que hoy presentamos con la colaboración del Grupo de Estudios sobre la Historia Contemporánea de Extremadura, este libro, "Extremadura y la modernidad. La construcción de la España constitucional (1808-1833)" es una obra colectiva que pretende recuperar uno de los momentos históricos de los que más orgullosos deberíamos sentirnos los extremeños y las extremeñas: la participación de nuestra región en el primer liberalismo español. La cultura y la historia nunca son superfluas —menos aún en tiempos de crisis— porque contribuyen a edificar la identidad de los pueblos, uno de nuestros principales asideros. Esta obra quiere ser una aportación a la identidad democrática y de libertades —que también la tiene y la tuvo— de Extremadura. "


De la presentación del libro Extremadura y la modernidad. La construcción de la España constitucional (1808-1833).

Cáceres, 14 de enero de 2010

domingo, 26 de abril de 2009

Manifiesto MACC


Somos una comunidad de creadores que, desde el Mercado Atlántico de Creación Contemporánea (MACC), concibe la creación contemporánea como un ejercicio radicalmente distinto al del pasado y que nos exige nuevas responsabilidades artísticas y sociales.

La creación contemporánea no gira, como en las prácticas convencionales, alrededor del producto sino del proceso. La creación nos enfrenta más a un trayecto que a un resultado, más a un procedimiento que a una meta. En el arte y la cultura de comienzos del siglo XXI más que las obras o las piezas, importan las experiencias, los caminos. Más el cómo que el qué.

Ya no es significativa la disciplina que el creador practica, sino su actitud ante el proceso de creación. Da igual que sean las artes plásticas, el diseño audiovisual, la música, la arquitectura, las artes escénicas o la literatura; da igual que uno sea artista o artesano; que cree productos o propicie vivencias. Lo que importa es la actitud con que lo haga. Hoy, creador es quien hace pan o quien lo lanza al público en una perfomance. O ninguno de los dos.

La creación no es sólo el ejercicio individual del artista sino el talento colectivo de los grupos. Antes se entendía que el proceso creativo se limitaba a la acción del artista. Ahora sabemos que en ese proceso intervienen otros actores sin los cuales no hay creación. Porque el creador ya no está sólo frente a la obra. Su trabajo depende también del trabajo de los otros. No hay creación contemporánea si no admitimos esa interdisciplinariedad.

El reconocimiento de lo colectivo, del carácter colaborativo de los procesos de creación, nos obliga, incluso, a revisar el concepto de autoría, la noción de propiedad intelectual. Lo contemporáneo ha difuminado las fronteras entre el autor y el usuario, entre la creación y la función de lo creado.

La creación contemporánea no entiende de especialidades. En nosotros se hace evidente que el mestizaje y la diversidad es el argumento principal de la vida. La hibridación es consustancial a las nuevas tendencias creativas. Ni siquiera hay creadores para la cultura, sino desde la cultura.

El proceso artístico no es sólo estético sino ético. Para superar las crisis, como ésta que ahora nos preocupa, es necesario figurarnos lo que no existe. Y los creadores, acostumbrados a la imaginación, reclamamos nuestro papel como imaginadores del futuro. El creador tiene una responsabilidad ante los tiempos, aunque sea sólo la responsabilidad del presentimiento, de la visión que niega la evidencia. Porque si las certezas repiten modelos conocidos; los presentimientos, en cambio, proporcionan nuevas posibilidades.

El MACC ni es ni quiere ser un exhibidor de artistas; sino un exhibidor de procesos creativos. Con esa voluntad, y con la de seguir siendo punto de encuentro, proclamamos nuestra determinación de seguir encontrándonos aquí o en cualquier otro sitio del Atlántico.


Santa Cruz de Tenerife
25.abril.2009

viernes, 24 de abril de 2009

Desmontado el "piricuto" de Zafra


Ayer fue desmontado por orden del Ayuntamiento de Zafra el obelisco erigido hace 72 años en homenaje a Antonio Castejón, comandante franquista que tomó la ciudad en agosto de 1936. Esa aguja de piedra (llamada por la vecindad el pericuto o piricuto) ocultó durante años los 180 asesinatos cometidos en Zafra durante la guerra civil.
No puede haber banderías alrededor de esta decisión, pedida hace años por la Asociación de Recuperación de la Memoria Histórica, porque en Zafra los muertos de la represión fueron sólo de un bando. En el otro lado no hay nadie, sólo los asesinos de entonces, y en éste nos agrupamos todos los que defendemos la libertad de tener las ideas que cada uno quiera sin que te maten por ello.
En este final de abril (mañana, pasado, quién sabe) se cumplen 70 años que fue asesinado José González Barrero, alcalde de Zafra.
La fotografía -al fondo, la casa de mi juventud- es de José F. Gras

martes, 14 de abril de 2009

Presentación en Zafra del libro "Barrancos en la encrucijada de la guerra civil española"

El próximo viernes, día 17 de abril, se celebrará en Zafra la presentación del libro Barrancos en la encrucijada de la guerra civil española, de Maria Dulce Antunes Simões, editado recientemente por la Editora Regional de Extremadura. En el mismo acto se verá en público, también por vez primera en Zafra, el documental Los refugiados de Barrancos de Producciones Mórrimer.

La actividad, que está organizada por la Asociación de Recuperación de la Memoria Histórica “José González Barrero” y la Editora Regional de Extremadura, cuenta con la colaboración del Ayuntamiento de Zafra y del Instituto de Bachillerato “Suárez de Figueroa”. Comenzará a las 21 horas en el Centro Sociocultural “Santa Marina” de Caja Badajoz y en ella estará presente la autora del libro, María Dulce Antunes Simões; uno de los integrantes de la Asociación Morrimer, Ángel Hernández; el alcalde de Barrancos, Antonio Tereno, y el director de la Editora Regional de Extremadura, Luis Sáez.

domingo, 22 de marzo de 2009

Libros, amigos y circunstancias




Cada libro supone una historia, pero no sólo la que contiene sus páginas sino la que explica que acabe en tu biblioteca. Cada libro llega a casa por una circunstancia, a veces casual, a veces resultado de un plan casi inevitable. Cada libro trae consigo una persona, casi siempre un amigo. En los últimos treinta días han entrado muchos libros en casa y cada uno ha traído su historia.

El primero lo conseguí, hace ya un mes, gracias a la web de la Librería Rodríguez de Madrid. Ángelus, la revista de poesía del Teologado Claretiano de Zafra, dedicaba su número 13 –de septiembre de 1960- a una Primera antología de poetas pacenses. Estoy intentando conseguir todos los números de esta revistita de poesía mística de mediados de siglo. Unos días después, Félix Lozano me regalaba en Mérida un libro comprado en la misma librería madrileña: República y toros (España 1931-1939).

A mi hermano Miguel Ángel le había hablado de las historietas del portugués
José Carlos Fernandes, que yo había conocido gracias a Javier Moreno Romagueras. A Miguel le gustaron tanto que quedamos en que el primero que diera con ejemplares consiguiera dos de cada una. El otro día se presentó en casa con La gran enciclopedia del conocimiento obsoleto, Las ruinas de Babel y Museo nacional de lo accesorio e irrelevante. También trajo de Cáceres los dos volúmenes de la Obra periodística y literaria de Antonio Otero Seco que han editado él y Paco Espinosa. Unos días después, Jose Gras me conseguía los dos volúmenes de Zafra Dinámica urbanística (1940-1995) del geógrafo Blas Toro Fernández, que hacía tiempo quería leer.

Aproveché un exceso de cupones de suscripción de El País para canjearlos por libros en la librería de debajo de casa: Partes de guerra, la selección de relatos sobre la guerra civil a cargo de Ignacio Martínez de Pisón; El internacionalismo moderno, un ensayo del economista y Nobel Paul Krugman; Hospital de Zafra. Apuntes para una historia, del ex concejal Juan Carlos Fernández Calderón, y Del no mundo, la poesía reunida de Juan Eduardo Cirlot.

En Sevilla, en la Feria de Industrias Culturales de Andalucía (FICA), reparé en un libro del stand municipal sevillano: Diego Martínez Barrio. Palabra de republicano. Una chica muy amable no tuvo inconveniente en regalármelo en nombre del ayuntamiento de Sevilla. Al día siguiente, en Madrid, en el homenaje a Ángel Campos del Círculo de Bellas Artes compré su poesía completa, La vida de otro modo, con prólogo de Miguel Ángel. Y unas horas después, en la mañana del sábado, visitamos la exposición del Instituto Cervantes Escrituras en libertad. Poesía experimental española e hispanoamericana del siglo XX y adquirí el catálogo.

Arturo Santos Unamuno trajo de Altea diez libros. En tiempos me había comentado que uno de sus pacientes de allí era un viejo republicano de 88 años, que se llamaba Federico Bravo Morata. ¡Qué sorpresa! El mismo cuyos libros de historia de España devoraba yo a los quince años. Me trajo ocho ejemplares de la monumental Historia de Madrid (que en total tiene veintitantos volúmenes), y dos títulos más: Guernica El impulso soberano y Franco y los muertos providenciales.

En la librería zafrense de Agustín Risco me hizo ilusión encontrar libros de Alianza Editorial marcados con pesetas. Me gasté cinco euros en dos ejemplares: la Antología fugaz de Mariano José de Larra preparada por Paco Umbral en 1979 y unos Opúsculos sobre el movimiento de la tierra de Alberto Elena.

Al entrar en el salón de actos donde se celebraba el Foro provincial de Cultura de Málaga, junto a las credenciales y las carpetas, entregaban un libro de relatos, La pereza de los días, de Miguel Fernández. Después, paseando por Málaga, entré en la exposición de Escultura y Obra Gráfica de AENA ARTE de la Universidad. Obras de Picasso, Miró, Chillida, Palazuelo… Me llevé el catálogo. En la librería Abadía encontré Medio siglo de cultura española, de Tuñón de Lara; Enigmas de la guerra civil española, de Vila-San-Juan; El proceso de Euskadi en Burgos, de Kepa Salaberri, y La I Internacional en las Cortes de 1871, de Oriol Vergés.

Desde Barcelona, Jaume Montané me hizo llegar la enorme Crónica del antifranquismo escrita al alimón por Fernando Jaúregui y Pedro Vega, compañero de Jaume en Time Consultant. Y, finalmente, anteayer Nacho Escobar me regaló 11 ½ ideas insólitas que funcionan de Robert Sutton.

Libros, amigos y circunstancias.

La ilustración la he tomado de El blog de Eduardo Betas

martes, 10 de marzo de 2009

Patos


El sábado asistí con Eva al espectáculo Utopia de Leo Bassi en el teatro Alfil de Madrid. Un monólogo en el que el italiano demuestra su manejo del escenario y arremete contra los neocon, la jerarquía eclesiástica, los convencionalismos sociales y la tibieza de la izquierda ante la crisis financiera. Aunque con salidas de tono acordes a su ánimo provocador, el cómico logra una pieza muy solvente a la que -como único pero- quizás le sobre media hora de las dos que dura. Al final, Bassi salta en escena sobre un enorme pato de plástico, y lanza al público otros de juguete. Son un símbolo de candidez y bondad que sirve de contrapunto a las aristas exhibidas durante el espectáculo.

He vuelto de Madrid con Nacho. En el salpicadero de su coche se movían dos patos amarillos de plástico que había logrado en el espectáculo de Bassi, al que asistió también días atrás. Del bolsillo he sacado un papel que me encontré ayer en la cama, a modo de despedida del Hotel de las Letras, donde me he hospedado durante estos días en Madrid. Se lo leo:

Para salvarnos, juntarnos. Como los dedos en la mano. Como los patos en el vuelo. Tecnología del vuelo compartido: el primer pato que se alza abre paso al segundo, que despeja el camino al tercero, y la energía del tercero levanta vuelo al cuarto, que ayuda al quinto, y el impulso del quinto empuja al sexto, que presta fuerza al séptimo. Cuando se cansa el pato que hace punta, baja a la cola de la bandada y deja su lugar a otro, que sube al vértice de esa uve invertida que los patos dibujan en el aire. Todos se van turnando, atrás y adelante. Según mi amigo Juan Díaz Bordenave, que no es patólogo pero sabe de patos, ningún pato se cree superpato por volar adelante, ni subpato por marchar atrás. Los patos no han perdido el sentido común. Eduardo Galeano, “Elogio del sentido común” (fragmento).

sábado, 7 de marzo de 2009

Ángel


Ayer se celebró en el Círculo de Bellas Artes de Madrid la presentación del libro La vida de otro modo, que reúne la poesía completa de Ángel Campos Pámpano desde 1983 hasta 2008. El acto lo introdujo Emilio Torné, de la editorial Calambur, y tras él hablaron Miguel Ángel Lama, autor del prólogo, y el poeta Miguel Casado. Además leímos poemas algunos amigos: Elías Moro, Tomás Sánchez Santiago, Álvaro Valverde, Juan Carlos Mestre, Isabel María Pérez González, Jordi Doce, Olvido García Valdés, Pablo Guerrero, Ada Salas y José Antonio Zambrano. Casi todos aludimos en la lectura a nuestra amistad con Ángel. Con algunos de mis amigos escritores -dije- tengo una relación guadianesca. También la tuve con él. Es una cuestión de carácter, y de circunstancias: carecer de carné de conducir y perderme, así, gran parte de los actos sociales donde podría encontrarlos. Eso me lleva a atesorar, de cada una de estas relaciones, el recuerdo de un encuentro, de una conversación telefónica, de un texto… De la amistad con Ángel tengo en especial estima una dedicatoria: la que él escribió para mi hijo en el colofón de su De Ángela al poco de nacer, en 1994, el libro y Juan. En esas palabras se reúne parte de lo que él más quiso y parte de lo que yo más quiero. Me gusta recordar a Ángel por esos afectos de ambos reunidos antes de un garabato.

domingo, 22 de febrero de 2009

Redes sociales


El otro día, durante la sobremesa de una comida de amigos, hablábamos de los ataques de los medios de comunicación a las redes sociales. Las televisiones, las radios y los periódicos de papel están aprovechando el asesinato de Marta del Castillo en Sevilla para colocar bajo sospecha a Tuenti, Facebook, MySpace…

Los argumentos serían cándidos si no fueran malintencionados: “hay que proteger a nuestros jóvenes de las relaciones peligrosas”, “las redes sociales son nocivas porque hay mucho enmascarado”, “las redes se quedan con los datos personales”, “las fotos personales pueden ser utilizadas por cualquiera para fines malévolos”, etc.

En el fondo estamos ante la sempiterna desconfianza de lo antiguo hacia lo nuevo, de lo convencional frente a lo emergente. Las redes sociales son, como cualquier otra fórmula de comunicación, buenas o malas según el uso que se les de. Como el teléfono, la correspondencia postal o la mensajería mediante palomas. Cargar la mano sobre Tuenti o Facebook por el terrible suceso de Sevilla es como pretender echarle la culpa a los teléfonos móviles del espionaje y la red de corrupción de Madrid.

Los medios de comunicación convencionales están demostrando sólo neofobia en toda esta polvareda. Neofobia... y vértigo por la creciente pérdida de mercado.

Por cierto, hace un mes —aprovechando la baja— abrí una cuenta en Facebook.

lunes, 16 de febrero de 2009

Declaración de las asociaciones de Memoria Histórica de Extremadura


Declaración final del Encuentro de asociaciones extremeñas que trabajan la recuperación de la memoria histórica, celebrado en Badajoz el día 7 de febrero de 2009


El Encuentro de Asociaciones extremeñas cuyo objetivo es la Recuperación de la Memoria Histórica en Extremadura ha supuesto la primera ocasión en la que se han reunido diferentes colectivos para tratar y debatir, a lo largo de una jornada, del Movimiento de Recuperación de la Memoria Histórica en Extremadura. Esto ha dado lugar a conocer diferentes experiencias asociativas y ha mostrado, a grandes rasgos, el horizonte en que se desenvuelven tanto el movimiento como las instituciones que desarrollan políticas públicas para recuperar la memoria histórica en Extremadura. Como colofón y conclusión a esta jornada de trabajo se plantean una serie de reflexiones e instrumentos que, a nuestro modo de ver, habrían de articularse para una mejor consecución de los objetivos que todos perseguimos, tanto asociaciones como instituciones, de Recuperación de la Memoria Histórica en Extremadura:

1ª. Proponemos que las diferentes Asociaciones actuemos coordinadamente en la consecución de los objetivos, ya que estamos ante una oportunidad histórica dado que el movimiento social alcanza a todo el país y, en este contexto, determinadas Administraciones Públicas están llevando a cabo políticas públicas de la memoria. Por ello consideramos necesaria la coordinación para un mejor aprovechamiento de los recursos públicos.

2ª. Plantear la necesidad de crear algún órgano, aunque sea oficioso (es decir, sin sanción jurídica) donde puedan reunirse las diferentes asociaciones con el Proyecto de Recuperación de la Memoria Histórica de la Junta de Extremadura, con la finalidad de intercambiar experiencias y sumar recursos y esfuerzos para la consecución de los objetivos del movimiento de recuperación, que pueden resumirse a grandes trazos en verdad, justicia, reparación y divulgación.

3ª. Es necesario que desde la Consejería de Cultura y Turismo se canalicen todas las demandas de información y asesoramiento que están generando el desarrollo legislativo de la Ley 52/2007, de 26 de diciembre, puesto que estas demandas están desbordando los recursos humanos y materiales del movimiento asociativo. En este sentido se hace necesaria la creación de una Oficina de atención específica a las personas relacionadas con la Recuperación de la Memoria Histórica en Extremadura o algún otro mecanismo jurídico-administrativo que asesore a los interesados.

4ª. Apertura desde la Junta de Extremadura de una línea de subvenciones a Ayuntamientos, Asociaciones, Grupos de Investigadores, etc. para desarrollar de actuaciones en torno a la recuperación de la Memoria Histórica en Extremadura.

5ª.- Es necesario que aquellas fosas comunes, parajes, cementerios, tapias, donde conste se produjeran fusilamientos o enterramientos; espacios represivos (cárceles y campos de concentración); así como los restos de construcciones del frente extremeño (búnkeres, trincheras, refugios, etc…), deben ser declarados “Lugares de Memoria”, con una cierta identidad jurídica propia, de cara a que sean protegidas de intervenciones urbanísticas no deseadas en un futuro o a su destrucción. Por ello consideramos que se debería iniciar el proceso de catalogación, dignificación y conservación de los Lugares de Memoria, sin más tardanza, lo que es posible a la luz de la vigente Ley 2/1999, de 29 de marzo, de Patrimonio Histórico y Cultural de Extremadura, declarándolos como Bienes de Interés Cultural, en su acepción de “Sitio Histórico” (lugar o paraje natural que forman parte de una unidad coherente por razones históricas, culturales o de la naturaleza vinculadas a acontecimientos, recuerdos del pasado) (art. 6.1º.d. Ley 2/99).

La presente Declaración la suscriben: Asociación Foro por la Memoria de Extremadura, Asociación Jóvenes del Jerte, Asociación Matilde Landa, Asociación Memorial Campo de Concentración de Castuera (AMECADEC), Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Extremadura (ARMHEX), Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Mérida y su Comarca, Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Zafra, Grupo de Estudios sobre la Historia Contemporánea de Extremadura (GEHCEX), Grupo de Trabajo “Recuperando la Memoria de la Historia Social de Andalucía” CGT.A (RMHSA).

En Badajoz, a 7 de febrero de 2009

sábado, 14 de febrero de 2009

Apotegma


"La mayoría es mala".
Inscrito a cincel por Bías de Priene
en el tempo, sobre los muros.
Cierto.
Y peligroso si sólo de algunos
conocido.