martes, 30 de septiembre de 2008

Hölderlin y el bueno de Zimmer



Si hay algo que me moleste es el desprecio con que algunos tratan la bondad y a los bondadosos. Entre los cultos está muy extendida la sobrevaloración de la inteligencia, cuando no —en grave prueba de incultura— de la erudición. Escritores, artistas y creadores de variado pelaje sólo estiman la belleza, las excelencias de la mano humana. Y el común se desgañita ante la destreza: correr, saltar o brincar son valores inapelables, como lo es la habilidad con una pelotita.



Inteligencia, erudición, belleza, destreza… pero, ¿y la bondad? Ese único valor que se ejerce con los otros parece marginado ante tanta demostración de excelencia individual. Y no me refiero a la bondad que dice inspirar programas religiosos o políticos, sino a la que es modesta razón de algunos anónimos.



Me viene al caletre esta idea —a la que he aludido aquí otras veces— leyendo la historia de los Zimmer en la novela (Una novela) de Peter Härtling, Hölderlin. El carpintero Ernst Zimmer y su mujer, María Elisabeth, se llevan de la clínica al poeta un día de mayo de 1807 y lo cuidan en la Torre, en Tübingen, junto al Neckar, hasta el 7 de junio de 1843, cuando muere. 36 años dedicados a un hombre enajenado y a veces violento a cambio de nada. No tiene más explicación que la bondad.



Un buen poema de Jesús Munárriz que viene al caso: “Monólogo de Zimmer sobre Hölderlin”

viernes, 19 de septiembre de 2008

Marín en el MEIAC


El anarquista Manuel Pardinas Serrato mató a José Canalejas, presidente del Gobierno, en la Puerta del Sol de Madrid el 12 de noviembre de 1912. Después se pegó un tiro allí mismo. Ese día un joven fotógrafo de 28 años, Luis Ramón Marín (1884-1944), hizo varias fotos del cuerpo del magnicida, erguido para la ocasión sobre una de las paredes del depósito de cadáveres. Posiblemente publicara alguna en la prensa de la época, pero otra -esta que reproduzco aquí- la guardó en su archivo durante años.

Tras la muerte del fotógrafo, su mujer escondió 18.000 negativos de fotografías inéditas como ésta en un hueco de la cocina de su casa. Ya en democracia la hija de ambos entregó el archivo a la Fundación Pablo Iglesias que, en colaboración con Telefónica, organizó a finales del año pasado una exposición de 250 de estas imágenes.

La exposición se exhibe ahora en Extremadura gracias al Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo de Badajoz, en cuyas salas puede visitarse hasta el próximo 9 de noviembre: Marín. Fotografías 1908-1940.

He ido a verla atraido por los comentarios de Antonio Franco, director del centro. No exageraba. Marín fue uno de los primeros reporteros gráficos de España y la muestra recoge una magnífica aunque imposible selección (250 de 18.000) de su trabajo: personajes políticos, acontecimientos de relevancia, pero también imágenes de la vida cotidiana y gente de la calle. Fotografías técnicamente perfectas y que, como ésta del asesino de Canalejas, dejan en quien las observa una impresión de viveza paradójica: la novedad de la fotografia antigua inédita, la novedad en blanco y negro.

Quien no pueda asistir a la exposición puede hacerse del catálogo, que es soberbio. Para los que no lo logren, una bloguera ha editado un video.





Luis Ramón Marin
by Walkiria

sábado, 13 de septiembre de 2008

Francisco Espinosa acusa de manipulación a EL PAÍS

El historiador Francisco Espinosa publicó en El País del 10 de septiembre pasado un artículo titulado "De fosas y desaparecidos". Ayer se publicaba en el mismo diario una "Fé de errores" donde se rectificaba una de las frases del artículo. Espinosa me remite un texto donde explica la urdimbre del asunto y acusa al periódico de manipulación.

Manipulación profesional en el periódico global

La pasada noche del día 8 envié un artículo al diario
El País. Al día siguiente al mediodía se me comunicó –con la firma “Sección de Opinión del diario El País”– que el Comité de Lectura de artículos de opinión había decidido proponer su publicación, lo cual sin previo aviso se llevó a efecto al día siguiente miércoles 10. En un vistazo superficial percibí algunos cambios aparentemente irrelevantes, cosa por cierto prohibida en su Libro de estilo
(p. 38 de la edición de 1990) salvo por motivo de ajuste o errores flagrantes, lo que no era el caso, pero no fue hasta la tarde de ese día que decidí cotejar las dos versiones. Fue entonces cuando me di cuenta de que se había producido un cambio importante en una frase concreta. En el texto que envié se leía:

El objetivo de este llamado movimiento por la memoria no son los responsables de los crímenes cometidos ni montar otra Causa General ahora de signo contrario. En realidad se persiguen tres fines...

La frase aludía a lo escrito por J. Pradera en su columna del domingo anterior día 7, titulada "La guerra que no cesa", donde tras referirse a diversos procesos de transición decía:
La singularidad española es que se continúen buscando en 2008 las responsabilidades individuales de los crímenes cometidos entre 1936 y 1975, a los 33 años de iniciada la transición y 72 años después de comenzada la Guerra Civil. Por mucho que se repita la necedad, la atribución de esa anomalía a un pacto de silencio solapadamente suscrito en 1978 por franquistas cínicos e izquierdistas claudicantes continuará siendo una enorme tontería. Y a continuación seguía una crítica al uso de la palabra desaparecidos en relación con la guerra civil española.

Esto influyó en el título que puse al artículo, en el que, intencionadamente, utilicé la palabra desaparecidos, reivindicando así su aplicación en el caso español y su estrecha relación con el concepto de fosa común. Pero alguien, que probablemente captó la relación con el escrito de Pradera, decidió que la frase anterior no debía salir así sino de esta otra manera:

El objetivo de este llamado movimiento por la memoria no es descubrir ni mucho menos castigar a los responsables de los crímenes cometidos, ni tampoco montar otra Causa General
, ahora de signo contrario. En realidad se persiguen tres fines...

Naturalmente el sentido del texto original fue tergiversado por completo haciendo decir al autor lo que no había dicho y dando a la frase un sentido que no tenía, de forma que lo que era una alusión crítica a quienes, como Pradera entre otros, acusan de espíritu de venganza al movimiento de memoria histórica, se convirtió en una peculiar y extraña opinión del autor sobre lo que no debe ser el objetivo del llamado movimiento por la memoria. La consecuencia del cambio fue inmediata, produciéndose esa misma mañana y a lo largo del día críticas en torno a esa frase y a la siguiente, que por proximidad también había quedado desvirtuada, pues de ser respuesta a la anterior sobre lo que buscan realmente la mayoría de las personas que recurren a la página de
Todos los Nombres –la frase simplemente constataba un hecho– pasó igualmente a representar otra opinión del autor.

El día 11 escribí una carta al director denunciando la manipulación y pidiendo una rectificación pública. Los efectos de la fechoría ya habían llegado al propio periódico, que en la misma edición de ese día publicaba una carta ("Sorprendente", de María M. Lorenzo) en la que se utilizaba la frase falsificada para criticar un supuesto doble rasero del juez Garzón y la actitud de la sociedad española. Supongo que esta circunstancia la tuvo que saber la propia Sección de Opinión que había dado el visto bueno a mi artículo y supo del arreglo pero, según parece, le dio igual.

Por otra parte, como era de esperar, a determinada gente –por no usar otra palabra– les faltó tiempo para esparcir por Internet críticas a mi texto y a mi persona, todas ellas centradas precisamente en el párrafo falsificado. La bola es difícil de parar y, como siempre, las críticas aparecen muchas más veces que el propio artículo. El falsificador contaba ya probablemente que su trabajo sería amplificado de inmediato por ese tipo de individuos que ni siquiera consideran oportuno aguardar un tiempo prudencial para ver cómo se desarrollan los acontecimientos.

Por su parte
El País
, ante mi queja al director, se ha conformado con incluir el viernes 12 en una "Fe de errores" el texto que apareció y el original –antecedido por un "debía haber dicho...". Con ello el periódico ampara y avala no sólo “el error”, que no existió, sino la falsificación y por tanto al individuo que alteró el texto para desvirtuarlo y causar perjuicios al autor.

El manipulador profesional, que introdujo al menos veinte pequeños cambios en el texto publicado con la probable intención de diluir el verdadero cambio, debe estar riéndose allí donde esté. Ha conseguido que el contenido del artículo haya sido relegado a un segundo término y que, dada la extrañeza producida por el hecho de que semejante defensa de la impunidad salga de quien esto escribe –sobre todo después de haber mantenido una y otra vez la necesidad de que la verdad jurídica vaya a la par que la verdad histórica–, la discusión se centre en el párrafo manipulado. Y es que realmente los efectos de la falsificación afectan a todo el artículo –encabezado por la frase manipulada: “El objetivo del movimiento por la memoria no es castigar a los responsables de la represión…”– y, por supuesto, al autor, víctima de un verdadero ejercicio de ese tipo de violencia que no deja huellas visibles.


El error fue creer no ya que El País respetaría la libertad intelectual y el derecho de autor, cosas que ya sabemos que no están entre las prioridades de buena parte del cuarto poder, sino simplemente que no falsificarían un documento de carácter privado enviado a la sección de opinión de un periódico.

Francisco Espinosa Maestre
La ilustración es la original que acompañaba al artículo publicado el 10 de septiembre.
El autor es Enrique Flores, un artista extremeño colaborador habitual de "La cuarta página" de El País.

jueves, 11 de septiembre de 2008

Soberano bodrio


Hacía tiempo que no iba al cine, pero ayer fui. Más me hubiera valido dejarlo para otro momento: La conjura de El Escorial. Mal guión, mala dirección, mala interpretación de actores, mal doblaje, deficiente ritmo, música gradilocuente… Un intento fallido de recreación histórica de la España de finales del siglo XVI con aires de supreproducción. Una historia larguísima (más de dos horas) y mal contada que roza la ñoñez con episodios románticos que no vienen a cuento, algunas peleas propias de “El bombero torero” y unas escenitas de sadismo y sodomía, protagonizadas por un monje y un efebo, completamente fuera de lugar.



Sólo se salvan los escenarios naturales —El Escorial, Toledo, Jaén, Guadalajara…—, el vestuario y la ambientación de una película con presupuesto sobrado, y el papel de Felipe II que interpreta Juanjo Puigcorbé.



Lo demás, sonrojante.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Una mala noticia


El cese de Álvaro Valverde como director de la Editora Regional de Extremadura es una mala noticia para la cultura en la región. Las responsabilidades públicas no son vitalicias y nadie es imprescindible, pero los proyectos culturales necesitan recorrido y el suyo apenas ha durado tres años, desempeñados con dedicación y pericia.


Ha sido el principal editor de Extremadura tras la labor de dos lustros del fallecido Fernando Pérez. No andamos sobrados de solvencia y prestigio, y Álvaro ha aportado ambos a la política cultural de la región.


Gracias y no te vayas muy lejos, amigo.

sábado, 30 de agosto de 2008

Desde fuera, de Álvaro Valverde

Recupero, sobre la hierba, frente a Los Inválidos de Paris, la lectura del último libro de Álvaro Valverde, Desde fuera. Leía estos poemas el 11 de julio, en el campo, en Burguillos, el último día que compartí con Carmina Unamuno y Luis Santos. Daba vueltas alrededor de la piscina para secarme mientras musitaba con el poemario en las manos y ambos, bajo unas adelfas, me observaban. Varias veces estuve tentado de decirles unos versos. Quizá como desahogo por no haberlo hecho me fui hasta la carretera, donde hay cobertura, y envié un sms a Álvaro: Me tienes conmovido.

Tendemos a evitar aquello que asociamos a una desgracia. Por eso, tras la muerte de Luis y Carmina, no he vuelto al libro —a pesar de su belleza— hasta estos días de agosto en Francia. Y la experiencia ha sido tan placentera como la primera e incompleta lectura. He disfrutado mucho. Pero también me ha estremecido la coincidencia de tanta muerte cercana con estos poemas, que forman muchos de ellos —así los he leído— una reflexión sobre la muerte. Álvaro escribe desde la madurez, cerca de ese otoño inminente de la vida, y eso otorga a la palabra siempre meditativa del placentino una trascendencia sobrecogedora: En realidad, no sé / si vamos al encuentro de la muerte / o si venimos ya de su certeza.

La muerte merodea el libro. De los setenta y cinco poemas, casi en un tercio hay menciones a ella. El viaje, el paseo o el río, metáforas esenciales de la vida, acompañan la meditación: Mi vida es este río que me lleva, / esta apacible huida hacia la muerte. O … desde el nacimiento hasta la muerte / la vida es un paseo de unos metros.

Aunque en ocasiones asoma en el poema la amargura, y el texto se convierte también en grave cartografía de la desolación, el poeta le planta cara a la inevitable fatalidad de la vida (Respeto y humildad para los muertos, / más no, nunca jamás, para la muerte) con la palabra.

Decía José Ángel Valente que la palabra poética no reconoce finalidad ni se sujeta a intención. No comunica propiamente, convoca… Y eso es lo que hace Álvaro en este libro: convocar al lector a su poesía, ofrecerle desde la madurez de un poeta ya mayor (no en edad, sino en obra) un recorrido por su propuesta poética. Esa que, jalonada con las entregas de Territorio (1985), Las aguas detenidas (1989), Una oculta razón (1991), A debida distancia (1993), Ensayando círculos (1995), El reino oscuro (1999) y Mecánica terrestre (2002), constituye hoy una de las más solventes de la poesía española.

Si en una primera lectura puede parecer que el poemario carece de la unidad de otros del autor, pronto se advierte que esto no es así. Aunque dos de las series del libro (“Sur” y “Lugares del otoño”) habían sido publicadas antes y separadamente, y aunque hay poemas tan dispares en apariencia como los de “Imaginario” y “Entonces la muerte”, todos los textos del libro se engarzan en un mecanismo cuya unidad consiste precisamente en la diversidad con que se nos ofrece, que es la de la propia poesía de Álvaro. Él ha logrado su solidez de hoy gracias a una rica y diversa experiencia poética. En sus veintitrés años de poesía publicada ha transitado por la escritura fragmentaria, elegíaca o conversacional, ha ensayado metapoesía, narratividad o intimismo, hasta lograr una voz propia, que reflexiona sin estridencias sobre el tiempo, la memoria, el olvido, la soledad o la muerte, y hasta dominar como un maestro el ritmo interno de los textos, esa respiración inconfundible de sus poemas.

Alguien ha resumido en dos términos la poesía de Álvaro Valverde: "morar" y "mirar". Este libro se ordena en cierto modo a partir de estas claves de morar (el sueño cobijado entre los muros) y mirar (no somos sino aquello que miramos), del territorio y del viaje, de la esencia y de la existencia, de lo que en el texto de la solapas se denominan poemas "de interior” y poemas "de exterior”, o “Desde dentro” y “Desde fuera”, como significativamente se titulan las series que abren y cierran el libro.

Además de una obra con sentido, ésta es también una soberbia colección de poemas, con algunos memorables, como “Tras abandonar la casa”, “El viaje de mi vida”, “El señor de la guerra”; “Postal del sur”, “La ciudad secreta” o “Cáparra”. De todos ellos, elijo el dedicado a Rotterdam, de “Lugares del Otoño”, una joya que resume el magnífico trabajo del poeta, cuya lectura recomiendo vivamente.

MIRAS. En el café, gente distinta
que bebe mientras lee o que conversa
ajena a lo que pasa por la calle.
Afuera, el ventanal muestra fachadas
de casas siempre iguales que entristecen;
una ciudad que vive adormecida
a la luz mortecina del otoño.
Ves bicicletas
alineadas enfrente de la puerta
y su quietud es todo un símbolo
de lo que en realidad ocurre:
poco, o muy poco, o casi nada.
La vida tiene a veces estas cosas:
no sabes si es que el tiempo se detiene
o eres tú mismo
el que, sin previo aviso,
se ha dado finalmente
por vencido.

miércoles, 27 de agosto de 2008

La nueva librería Universitas


Hacía algunos meses que no iba por la Librería Universitas de Badajoz. Me dijeron que habían hecho una buena reforma. Esta mañana he estado allí y es verdad: desde hace tres meses la han convertido con mucho en la mejor librería en varios centenares de kilómetros a la redonda. Hay que ir a Salamanca, Madrid o Sevilla para encontrar, como aquí, un local de 800 metros cuadrados y miles de volúmenes en exposición. Estantes y más estantes llenos de libros clasificados por materias y el detalle bohemio de algunas mesas de mármol con sillas alrededor, dispuestas para la tertulia o la consulta de algún ejemplar, como si de un café se tratara.
La noticia es tan importante que me extraña no encontrar mención de ella en ninguno de los principales medios de comunicación extremeños. No se trata de publicitar la reforma de un negocio cualquiera. La reforma de la librería Universitas es una noticia cultural de primer orden. Porque es un equipamiento cultural más de Extremadura, como un auditorio o una sala de exposiciones. Universitas corrobora así una experiencia de más de treinta años en la edición y venta de libros, y en la promoción de la lectura. Enhorabuena a José María Casado y a su equipo.

sábado, 23 de agosto de 2008

Edipo Rey


Ayer asistí en Mérida, con Eva y unas amigas, a la representación de Edipo Rey. La versión que ofrecen Jorge Lavelli y José Ramón Fernández es magnífica. Teatro en estado puro, sin aditamentos escénicos. Luz, coros y movimientos de actores entre el público y por un escenario limpio. Apenas algún fragmento con música en plena tragedia. La propuesta formal es minimalista y destaca aún más porque está acompañada de una interpretación de actores parcialmente contraria: afectada, antinaturalista, casi histriónica en el Edipo de Ernesto Alterio.

Existe riesgo en esta fórmula, pero funciona. Aunque hay quien opina distinto —incluso en el grupo de amigos—, Alterio interpreta un papel soberbio. Sus movimientos extremados y su entonación con altibajos y gritos adquieren en el escenario del Teatro romano de Mérida un carácter clásico, antiguo, verosímil.

El recurso, también clásico, de los coros aporta un contrapunto esencial de los actores. Habla la conciencia o el pueblo, pero también son ellos parte del escenario, como figurantes junto a las columnas o haciendo de bambalinas, tras las que se oculta momentáneamente Edipo.

Además de un plus de complicidad del público extremeño, la presencia entre el elenco de Juan Luís Galiardo añade solvencia en su papel de Tiresias. Y una excepcional Carme Elías, que intrepreta a Yocasta, madre y esposa del joven Edipo, contestataria frente a la tradición del oráculo.

Me sorprende enterarme de que los actores llevaban micrófono. En todo momento creí que era la mítica acústica del Teatro de Mérida. Es lo único —quién sabe—que Sófocles hubiera impugnado.

sábado, 16 de agosto de 2008

Un libro de viajes decimonónico


Me dicen que Josep Fontana ha tenido mucho que ver en el rescate de este magnífico libro de viajes por la España de la primera guerra carlista. No me extraña, porque la labor del maestro Fontana y de Gonzalo Pontón en la edición de libros de historia de la editorial Crítica es soberbia y ha convertido la editorial catalana en el principal sello para quienes gustamos de este tipo de obras.


Una nueva colección, con el nombre de “El tiempo vivido” y primoroso diseño, se acaba de abrir con Dos años en España durante la guerra civil, 1838-1840 del barón Charles Dembowski. El autor, italiano de origen polaco y residencia en Francia, recorrió varias ciudades españolas durante los años finales de la década de los treinta del siglo XIX. A partir de las cartas que enviaba a varios amigos (Merimée y Stendhal, entre otros) compuso este libro, que publicó por primera vez en París en 1841. Sólo una edición, de 1931, existía hasta ahora en castellano. Lo que resulta incomprensible ante el interés de un libro que es un buen relato de la situación de España en plena guerra carlista, con detalles sabrosísimos de las costumbres populares y una especial atención a las coplas y canciones oídas por el viajero en su ruta. Deliciosa lectura.

París


Dicen que compite con Nueva York como capital cultural del mundo y que sólo Roma es digna de ella. Más allá del juego inane de las comparaciones, Paris me ha parecido una ciudad soberbia. Tiene uno la certeza de estar pisando el escenario de los principales acontecimientos de la historia contemporánea de Occidente (la Revolución Francesa, Napoleón, la Comuna, la ocupación nazi, mayo del 68…) y de los hechos y personajes culturales más relevantes (Voltaire, Baudelaire, el impresionismo, Wilde, Picasso, el existencialismo…).


Me ha interesado casi todo lo que he visto, salvo el horrendo Palais de Chaillot y el pastiche del Sacré-Coeur. La catedral de Notre Dame es magnífica. En Montmatre, alrededor de la place du Tertre, o en las colecciones del impresionante Museo d`Orsay, se aprecia la personalidad artística de la ciudad, como la literaria se mantiene viva en las calles del Quartier Latin. He disfrutado con el sosiego y la belleza del museo Rodin, con el cosmopolitismo de Le Marais y con el embrujo de ese monumento fúnebre a las celebridades parisinas que es el cementerio de Pere Lachaise. Además, la Tour Eiffel, el Louvre, la place des Vosgues o "La Dama y el Unicornio" del Cluny.


He hecho turismo de exteriores y de interiores, turismo de vistas y de detalle. Pero me vuelvo con la insatisfacción que uno tiene ante lo inabarcable. A pesar de las apariencias, Paris no es una ciudad turística, que pueda vivirse de paso. Es necesario comprar el pan diariamente durante varios meses para vivir esta ciudad. Por eso envidio a Eva, que hace años lo hizo, y a Juan, que en unos años lo hará.

Imagen del Museo D`Orsay

sábado, 2 de agosto de 2008

Egagrópila


Ayer, primer día de vacaciones. Y el ritual acostumbrado: por la mañana ordeno los papeles y libros apilados desde hace meses en el despacho, visito la tienda de curtidos de Cayetano Berciano en la calle Sevilla y como con Paco Espinosa en un restaurante de Zafra (este año tocaba Josefina). Así empiezo siempre el verano. Aunque esta vez no nos acompaña en la comida Jordi Pedrosa, que hasta mañana no bajará desde Bilbao.


Cayetano me regala una palabra: egagrópila. Bola de pelos, plumas y huesos regurgitadas por los buitres y otras aves. (Hace treinta años Rozas me obligó a quitar “regurgitar” de un poema). Y comentamos que no estaría mal titular así una entrada de blog sobre la estupidez del tal Lluis Suñé con lo de apadrinar niños extremeños. Pero no merece la pena. ¿Qué tiene eso del nacionalismo que hasta quienes se dicen de izquierdas acaban sustituyendo el sentimiento de clase por el de grupo?


En fin. La comida, bien. Mañana, París. A ver si así pasamos página de estos meses extraños.

domingo, 13 de julio de 2008

Carmina Unamuno y Luis Santos



¡Qué espanto! Estuvimos cenando con Carmina y Luis el viernes por la noche en la finca “Las Golondrinas” de Burguillos del Cerro (Badajoz). De allí salieron hoy por la mañana, y unas horas después nos hemos enfrentado a la noticia de su muerte en un accidente de tráfico. Somos sus amigos y amigas de Zafra. Con ellos hemos compartido amistad sobre todo por su hija Mercedes, y por su yerno Manolo Peláez, que murió tras una enfermedad —más lenta que este accidente pero igual de estúpida— hace 27 días.

Todo resulta demasiado sorprendente y cruel. Sobre todo para Mercedes, en medio de tanta muerte, pero también para el resto de los nueve hijos e hijas de Carmina y Luis, de sus nietos, de sus amigos. Sólo me gustaría que estas notas apresuradas trasladasen algo de nuestro sentimiento desde Zafra a estas dos personas insignes de Salamanca. A Carmina Unamuno, primogénita del primogénito del principal de la ciudad, y que supo convertir su vida en la historia propia de una señora culta, hermosa y entrañable para quienes fuimos sus amigos. Y al proteico Luis Santos, profesor de anatomía de la Universidad de Salamanca, escritor, creador de “bodrios”, de quien estimé por encima de todo su enorme capacidad para situarse frente a los convencionalismos, como demostró con sus artículos en El Adelanto.

Decía don Miguel que la vida es también la que dejamos en la memoria de aquellos que nos quisieron. Si es por eso, en nosotros la dejáis inagotable.


(Mañana saldrá este texto en El Adelanto de Salamanca. Lo publico en representación
-no otorgada, pero presentida- de todos las amigas y amigos de Zafra)

domingo, 29 de junio de 2008

El escritor como adorno


Ayer a las 10 de la noche, al regresar de Valencia del Ventoso, Eva y yo vimos una nube negruzca en el cielo del atardecer. Después, tras llegar a Zafra, confirmamos que era ─como suponíamos─ un incendio, pero no forestal sino de una fábrica de aceite en Jerez de los Caballeros.

Volvíamos de Valencia, donde leí el pregón del IX Día de la Comarca Zafra-Río Bodión. Ya suena a guasa. Otro pregón. Y van cinco, y los tres últimos en menos de un año. Los escritores adornamos mucho en estos actos. Más todavía si somos de confianza y no cobramos. Aunque yo siempre lo haga gustosamente. Y más en esta ocasión, porque me lo había pedido un buen hombre y buen amigo, Lorenzo Suárez, alcalde de Valencia del Ventoso, y los colegas del Centro de Desarrollo de mi comarca. De todas formas, me pierde mi incapacidad de decir “no”. A este paso voy a quedar para vestir santos literarios o, lo que es lo mismo, para escribir y decir sólo estas piecitas oratorias. Estará de dios.

Ahí va el arranque del texto de ayer:

Antiguamente, mientras más cerca estaban los pueblos menos se querían. Era un desafecto relacionado con la proximidad. La historia humana se asemeja a una inseguridad generada por la existencia ajena, y ese recelo natural ante los congéneres siempre ha hecho especialmente inquietantes a los más próximos. Los pueblos y las gentes no soportaban a los vecinos. Cada cual se guarecía tras sus tapias, y vigilaba la aparición de los brutos de la otra tribu, idénticos a nosotros mismos vistos por ellos. La disputa, según el año o el siglo, la provocaba una muchacha raptada, lindes mal definidas o el aprovechamiento de tierras comunales, y se mostraba con demasiada frecuencia en riñas verbeneras y algún pleito sonado. Los jóvenes sólo lograban el reconocimiento de su mayoría de edad si acreditaban haber apedreado al menos una vez a los del otro sitio. La enemistad entre vecinos llevaba a que fueran los del pueblo de al lado los más odiados y, a falta de un buen palo para molerles las costillas, las afrentas se ventilaban en motes, chistes y chanzas sobre ellos. Ese odio antropológico al más cercano ha sido el principal argumento de la historia de las naciones y, en el interior de ellas, ha servido también para escribir muchas crónicas regionales.

La historia de Extremadura nos ofrece numerosos ejemplos de la competencia insana entre ciudades y pueblos vecinos. El primordial es el de Cáceres y Badajoz (Extremadura dos), dualidad básica de la región que ha ocasionado buena parte de sus problemas. Pero además, y ya en nuestra provincia, los enfrentamientos de Badajoz y Mérida, las peleas entre Don Benito y Villanueva de la Serena, los celos de Almendralejo y Villafranca de los Barros, las broncas de Azuaga y Llerena, la ojeriza entre Jerez de los Caballeros y Fregenal de la Sierra, la aversión mutua de Monesterio y Fuente de Cantos, los piques entre Los Santos de Maimona y Zafra… Nos hemos pasado la historia peleándonos con el de al lado.

Hemos perdido el tiempo en peleas que no eran más que la evidencia de nuestra inmadurez, las carencias de una identidad localista que sólo se definía a partir del enfrentamiento con los cercanos. Es imposible valorar exactamente la rémora para el progreso que estas actitudes han provocado, pero es innegable que si en vez de mirar tanto al de al lado hubiéramos mirado un poco más allá nos hubiera ido mejor.

Pero de un tiempo a esta parte empieza a imponerse la cordura. Desde hace algunos lustros ─pocos─ hemos empezado a emplear el “nosotros” con más generosidad. Nosotros ya no sólo somos los de nuestra casa, los de nuestro pueblo. Aunque la situación dista de ser idílica, ya no es extraño hablar de nosotros para referirnos a todos los naturales y vecinos de Extremadura ni emplear el término para unir a los de una comarca o zona. El proceso de construcción regional ha ido acompañado, al menos desde principios de los años noventa del siglo XX, por la construcción de las comarcas. Y, además de otras consideraciones, las comarcas no son más que la superación de ese odio antiguo entre pueblos vecinos.

[…]

miércoles, 25 de junio de 2008

Hacerse el zueco




La expresión me sorprende en el quinto soneto que Unamuno escribió en De Fuerteventura a París. Dice el segundo cuarteto:

Triste y agazapado está en el foco
de la podre, prestando oído al eco,
que no sirve querer hacerse el zueco
por tontería o tal vez por descoco.

No me acordaba. Leí el libro en el 89. Me lo regalaron en junio de ese año en Puerto de Cabras, la capital de Fuerteventura, a los dos días de haber presentado allí mi libro de poemas Nido de antófora. Forma parte de mi pequeño lote de libros -todos de esos años majoreros- acerca del destierro de Unamuno y de su relación con las islas. Ayer me acordé de ellos zapineando y al dar en La 2 con un documental sobre mi ínsula barataria.

Hacerse el zueco, dice don Miguel. Indago y parece que tiene razón: zueco de soccum, tipo de zapato en el teatro griego y también “zoquete”, “torpe”, “tonto”… Nada de Suecia ni de suecos o suecas. Hacerse el zueco, hacerse el tonto. Curioso.



Una opinión distinta y bien documentada en el artículo

sábado, 21 de junio de 2008

La música de Juan

Mi hijo, Juan, cumple mañana 14 años, la misma edad que yo tenía cuando se murió Franco. Me ha enseñando mucho durante su aún corta vida, pero no es sitio este de hacer recuento de esas lecciones, pues ya está bien de emociones esta semana.

Ahora me gustaría hablar sólo de música, que es una de sus pasiones. Con siete años nos daba la murga con Ska-p, un grupo formado en Vallecas el mismo año que él nació. Su obsesión era tal que teníamos que pactar los CDs que escuchábamos en los viajes largos y su petición casi única era el grupito de marras. Canciones contra las corridas de toros, coplas antimilitaristas, antirracistas, críticas a la corrupción política, a la Iglesia, a los poderes… De entonces viene mi gusto por piezas como “Planeta Eskoria”, “A la mierda”, “Alí el magrebí”, “Intifada” y, sobre todo, “Lucrecia”… Con esas coplillas el niño se ha educado solo.

Ahora le ha dado por el rap. El fenómeno es curioso y a mí me parece que recupera las letras en un panorama musical lleno de sonoridades anglosajonas, que se cantan sin entenderlas. Pero, vamos, no tengo ni idea. Me limito a escucharle cuando me recita de corrillo las letras.

Coloco aquí dos de las piezas de rap que me ha mostrado en los últimos días. La primera es “políticamente correcta”, en comparación con los mensajes incendiarios de Ska-p. Se trata de “No hay prisa” de Dawizard, un sensatísimo mensaje que vale por una teoría completa de la educación. Y la segunda es “Efectos vocales” de Nach, un virtuosismo técnico que me ha hecho gracia.




miércoles, 18 de junio de 2008

Ceremonia de despedida de Manolo


[Texto básico leído ayer en el patio del Ayuntamiento de Zafra en el entierro civil de Manuel Peláez]


Estamos aquí para despedir a Manolo Peláez. Y lo vamos a hacer como él expresamente había pedido, con una ceremonia en el patio del Ayuntamiento de Zafra, acompañando todos ─amigos, amigas, compañeros y vecinos─ a Mercedes, a sus hijas, a sus hermanos, a su familia.


Este patio es hoy un reflejo de lo que fue la vida de Manolo, porque en la memoria de cada uno de nosotros guardamos un trozo de ese camino que él recorrió. Tenía amigos y amigas de toda condición, de toda ideología, de toda creencia. Era una de esas personas que conoce a todo el mundo y a quien todo el mundo conoce. Y esa riqueza de sus afectos era el fruto de la tolerancia. La tolerancia consiste en querer al otro porque es distinto a nosotros. Hacerlo igual a nosotros para quererlo no es más que una variante del egoísmo. Esa tolerancia y el profundo respeto que Manolo profesó hacia quienes no eran iguales a él quizás sea el rasgo más relevante de su carácter y la principal lección que nos ofrece hoy a todos.


La personalidad más pública de Manolo Peláez, y en la que más pudo ejercer esa tolerancia, fue la de concejal. Aunque la política siempre le interesó, y vivió con intensidad los últimos años del franquismo y la transición, sólo en los últimos lustros se presentó a elecciones locales y acabó asumiendo responsabilidades institucionales. Concejal del Ayuntamiento de Zafra desde 1997, fue candidato a la alcaldía en 1999 y cuando hubo de retirarse debido a su enfermedad ─en marzo de 2004─ era primer teniente de alcalde de la Corporación. La vocación política de Manolo era la lógica consecuencia de su generosidad. Parecía como si ésta no estuviera completamente satisfecha si se reducía al círculo de sus afines, de amigos y familiares. Necesitaba centenares, miles de personas, los vecinos de una ciudad entera, para estar cumplida. De eso puede dar fe uno de sus amigos de la política, Manuel García Pizarro, alcalde de Zafra.


Si la política fue una de sus vocaciones, su profesión fue la docencia y la historia. Y, en ambas, sobresalió otra de sus virtudes principales, la responsabilidad, el rigor, la madurez de quien sabe que en el oficio se labran los caracteres de cada uno. Fue historiador y disfrutó investigando, siempre alrededor de la historia de Zafra y casi siempre a partir de las fuentes del Archivo Histórico Municipal. También se implicó en el fomento de la cultura de Zafra, como hizo desde la Asociación de Amigos del Museo y del Patrimonio, que presidió hasta ayer. Y sobre todo fue profesor. Ejerció la enseñanza desde el año 1978 y en los institutos de Azuaga, Barcarrota, Villafranca de los Barros, el “Zurbarán” de Badajoz, Fregenal de la Sierra y Zafra. El “Suárez de Figueroa” ─el mismo donde había estudiado─ fue su centro de trabajo durante más de veinte años. Allí le conocieron centenares de alumnos y profesores, que supieron -como Toni Amaya- de su buen hacer.


La tolerancia, la responsabilidad y la alegría. Porque Manolo era todo lo contrario a un cenizo, te alegraba la vida con sus bromas, vestido de otro en Carnavales –su disfraz de señorona era memorable– o llamándote por teléfono y pegándotela diciendo que era no sé quién. Estoy convencido que él quiere que le recordemos así, haciendo bromas y charlando, como charló con Reme durante las mañanas de los últimos años, o con Carmen Álvarez o con Luciano Feria. Un buen tipo que nos hizo a todos sus amigos y amigas ser un poco mejores por haberlo conocido.



Además hablaron Manuel García Pizarro, Toni Amaya,
Luciano Feria, Carmen Santos y Lupe García, pero aún no tengo sus textos completos.

Y Diana Vara tocó el violín.

Otros blogs con comentarios sobre la muerte de Manolo:
Pura tura y El Coro de los grillos.

lunes, 16 de junio de 2008

Manolo Peláez ha muerto


Parad los relojes y desconectad el teléfono,
dadle un hueso jugoso al perro para que no ladre,
haced callar los pianos, tocad tambores con sordina,
sacad el ataúd y llamad a las plañideras.

Que los aviones den vueltas en señal de luto
y escriban en el cielo el mensaje “Él ha muerto”,
ponedles crespones en el cuello a las palomas callejeras,
que los agentes de tráfico lleven guantes negros de algodón.

Él era mi norte y mi sur, mi este y mi oeste,
mi semana de trabajo y mi descanso dominical,
mi día y mi noche, mi charla y mi música.
Pensé que el amor era eterno; estaba equivocado.

Ya no hacen falta estrellas: quitadlas todas,
guardad la luna y desmontad el sol,
tirad el mar por el desagüe y podad los bosques,
porque ahora ya nada puede tener utilidad.

W.H. Auden

sábado, 7 de junio de 2008

Dios toreando


Una aficionada, al salir de Las Ventas y preguntarle un periodista qué le había parecido José Tomás, ha dicho: “Dios toreando”.

martes, 3 de junio de 2008

Russian Red

Soy un obsesivo. Eva se ríe porque a veces la tomo con un chiste y me dura varios meses. Lo repito y lo repito como si estuviese paladeando un manjar. Y así con todo. Repito lo que me sorprende, cuento una y otra vez historias que me interesan, escucho durante semanas una canción o leo el mismo libro varias veces. Pero no es la edad, porque siempre me ha pasado. Es como si el placer no fuera tal si no lo repitiera.

Ahora me ha dado por Russian Red, que es el nombre de guerra de Lourdes Hernández, una madrileña de 22 años que canta en inglés con una voz alucinante. Acaba de publicar su primer album, I love your glasses, y hay temas magníficos: Cigarettes, They Don´t Beleive, Kiss My Elbow… Muy recomendable. Es radicalmente distinto a lo que se oye por ahí.

sábado, 31 de mayo de 2008

La mujer de Lot



El funcionario de antaño con manguitos se ha sustituido hoy por el funcionario con ordenador. En las oficinas y negociados de las administraciones, el avance -teóricamente innovador- de las telecomunicaciones apenas ha servido para tecnificar la burocracia. Hablar de instituciones públicas es seguir haciéndolo de marasmo, convencionalismo, rigidez y miedo al cambio. Ante una sociedad cada vez más cambiante, muchas administraciones siguen respondiendo con el síndrome de la mujer de Lot: mirar hacia atrás, negarse al futuro.


Prueba de texto. Ejercicio a mitad de camino entre la reflexión del profesional de la consultoría y la del usuario. Escrito en el hospital de Badajoz -magnífico trato- donde atiendo a mi madre enferma el último día de un mes difícil.

La ilustración es de la Biblia de Gustavo Doré

domingo, 25 de mayo de 2008

"Al suelo, que vienen los nuestros"


La expresión se la oí por primera vez a un alto dirigente del PSOE, asustado por la virulencia con que alguno de los suyos arremetía contra un proyecto impulsado por su propio gobierno. Desde entonces, la frasecita –cuyo origen desconozco- resume un principio básico del comportamiento en el interior de los partidos. Éstos no son más que una simplificación de la infinita variedad de pareceres políticos de la gente, y por ello no es extraño que entre los correligionarios de cada uno de ellos no se dé una identidad estricta de pareceres.


Pero lo del Partido Popular de estos últimos días sobrepasa toda medida. La algarada de militantes –aunque fueran doscientos- en la puerta de la sede nacional insultando al líder es insólita. Es innegable que el PP tiene dentro un importante sector ultraderechista. Puede discutirse si ese sector viene de la época de Franco o ha sido además especialmente alentado con la deriva radical del partido durante la última legislatura. Puede discutirse si es mejor que esté dentro del PP –lastrando la imagen del partido- o afuera, pero más visible y descontrolado. Lo que es evidente es su notoria existencia y que con él en primera fila el PP tardará en ganar unas elecciones. Es paradójico que para que el PP logre tocar poder tenga que dejar de parecerse a sí mismo, pero así es la política. Consciente de ello, Rajoy parece dispuesto a centrar el partido y rebajar el protagonismo de los ultras. Ya veremos si le dejan los doctrinarios, encabezados desde los medios “afines” por Pedro J. y Federico.

sábado, 3 de mayo de 2008

"Muerte al choricero"


"Muerte al choricero", gritan hoy en la tele los de Alcalá de Henares. El mismo día que sé que los del PP de la Diputación y el inefable Monago -animados por mi Alberto- visitan la tumba del tal en Paris. "¡Viva GHB!" me pide a mi el cuerpo gritar, y no por el choricero, ni por los del PP, sino por la síntesis.



Y no hay remedio


Soy uno de los que no pudo ver, el pasado 22 de abril, la fugaz exposición de los grabados sobre “Los Desastres de la Guerra” de Goya en la Escuela de Arte de Mérida. De 10 de la mañana a 11 de la noche y un solo día. Ese fue el horario, más propio de records Guinness, provocado por la ausencia de medidas de seguridad que garantizaran una exposición más prolongada. Los grabados pertenecen a familiares del pintor Javier Fernández de Molina, profesor de la Escuela.


Una amiga, Mercedes Gómez del Barco, me ha traído un ejemplar de la carpeta con reproducciones de algunos de los grabados editada por la Escuela de Arte para conmemorar el acontecimiento. Como es 3 de mayo, el grabado número 15 (Y no hay remedio) es el que mejor evoca el bicentenario.

jueves, 1 de mayo de 2008

Nuevo libro de Preston sobre Franco


Recibo de Preston su último libro, El gran manipulador. La mentira cotidiana de Franco. Como él mismo apunta en el prólogo se trata de una versión ampliada del que ya escribiera en 2003 en la serie "Cara y Cruz" de Ediciones B como reverso de la versión hagiográfica de Ángel Palomino: lo ahora publicado no sólo contiene la mayor parte de lo que apareció en el volumen original sino que refleja, también, mi obra más reciente y mis ideas sobre Franco desde que fue publicada la obra original. Añade el libro una perspectiva distinta a la hasta ahora conocida, ya que no sólo cuenta quién fue Franco, sino quien creyó ser: Héroe del Rif, Salvador de España, nuevo Emperador, Comandante de Numancia y padre y abuelo del pueblo, según la época. En este sentido, no es una biografía al uso, no pretende repasar de manera exhaustiva los hitos de la vida del dictador, sino sólo centrarse en aquéllos donde más se evidencia la mixtificación de su figura por la propaganda que él mismo impulsó.

La solvencia como historiador de Paul Preston está fuera de toda duda y, además, su pericia literaria dota a todos sus textos de una agilidad y limpieza extraña aún, por desgracia, en la mayoría de los libros de historia. El libro se lee en un pispás.

miércoles, 30 de abril de 2008

Sigue el acoso al historiador Dionisio Pereira


Ante el acoso al que sigue sometido el investigador gallego Dionisio Pereira, se está impulsando una nueva recogida de firmas de apoyo por un grupo de historiadores de Historia a Debate, que coordina Carlos Barros. El plazo para solidarizarse con Pereira estará abierto hasta el 15 de mayo. Las adhesiones (con los datos de nombre y apellidos, entidad, localidad y país) podrán enviarse a h-debate@cesga.es

El manifiesto, al que ya se han adherido un buen número de historiadores, es el siguiente:


Excmo. Sr. Presidente del Gobierno
Excmo. Sr. Presidente del Congreso de Diputados
Excmo. Sr. Presidente del Senado
Madrid, España

Los abajo firmantes, investigadores y profesores de historia de universidades y otros centros de estudio españoles y de otros países, queremos manifestar nuestra solidaridad con el historiador Dionisio Pereira, denunciado judicialmente una y otra vez por familiares de presuntos represores durante la guerra civil y la dictadura, que aparecen nombrados en las fuentes utilizadas en sus investigaciones publicadas sobre la represión franquista en el pueblo de Cerdedo (Pontevedra).

El Juzgado de Primera Instancia de A Estrada, amparando con abundante jurisprudencia sus derechos constitucionales de libertad científica y de opinión "en el terreno histórico", ha absuelto ya a nuestro colega, cuya situación legal depende, así y todo, de lo que decida próximamente la Audiencia Provincial de Pontevedra, y aún posteriormente de previsibles recursos a instancias jurídicas superiores. Un calvario judicial que muestra la flaqueza y vulnerabilidad de nuestra joven democracia y su ordenamiento legal en el tema que nos ocupa.

La difusión de esta anómala situación ha destapado en toda la geografía española otras parecidas que están siendo resueltas "caso a caso" por los tribunales de justicia, con la consiguiente alarma de los historiadores, que vemos así dificultado nuestro trabajo sobre la historia española reciente ante la posibilidad de ser víctimas del acoso judicial de los descendientes de las personas que aparecen en la documentación, oral y escrita, como responsables de torturas y asesinatos de personas por causa de sus ideas durante la guerra civil y la dictadura franquista. Tratamiento injusto, antidemocrático y hostil hacia los historiadores de profesión que ninguno de nosotros, independientemente de nuestras especialidades y nacionalidades, estamos dispuestos a tolerar.

La sentencia del Tribunal Constitucional del 23 de marzo de 2004 asegura la protección constitucional de una "ciencia histórica libre" y que son los "propios ciudadanos quienes, a la luz del debate historiográfico y cultural, conforman su propia visión de lo acaecido, que puede variar en el futuro". No siendo, por tanto, "misión de los Tribunales de Justicia el realizar un juicio sobre verdades históricas". Sin embargo, los juicios contra historiadores siguen celebrándose, y pueden incluso intensificarse conforme se vayan aplicando las nuevas políticas publicas de investigación, reparación y reconocimiento de las víctimas de la guerra civil y la dictadura aprobadas en al Ley de la Memoria Histórica del 26 de diciembre de 2007, cuya puesta en práctica y perfeccionamiento exigimos.

Por todo lo cual, demandamos del Gobierno español, y de las instituciones parlamentarias, garantes por imperativo constitucional de un ejercicio no discriminatorio de las libertades democráticas y responsables del cumplimiento de las leyes vigentes, el desarrollo de la "Disposición final primera" que habilita al Gobierno a "dictar cuantas disposiciones sean necesarias para el desarrollo y la aplicación" de la citada ley de la memoria. Proponemos, en concreto, que se añada una declaración de legitimidad constitucional de la libre investigación sobre la guerra civil y el franquismo, en base a fuentes históricas, tanto escritas como orales, de acuerdo con las metodologías correspondientes, sin censura previa sobre ningún nombre, fuente o dato histórico.

Es obligación general de las autoridades democráticas amparar en la práctica las libertades de análisis, interpretación y opinión de los historiadores, sin excepción, y del Gobierno en particular fijar una referencia legal que facilite a las administraciones, funcionarios e instituciones del Estado salvaguardar en las mejores condiciones el ejercicio libre de la investigación en temas que son, además, de vital importancia para cerrar de una vez, con la identificación, localización y dignificación de las víctimas (y el reconocimiento de los luchadores por la libertad), la guerra civil y la dictadura franquista, completando así la transición a la democracia en España iniciada en 1977.

Resulta incomprensible que, habiéndose previsto medidas de apoyo y responsabilidad institucional tocante a la conservación de documentos, acceso a los archivos, investigación sobre las victimas del franquismo y la guerra civil (incluyendo la recuperación de sus restos), se hayan olvidado los legisladores españoles de las personas que están aportando de forma comprometida y desinteresada su rigor académico y honestidad profesional a un conocimiento más preciso y plural de la verdad histórica, sin el cual difícilmente las generaciones futuras podrán apreciar, en su esencia y con perspectiva histórica, el régimen político democrático que van a heredar.

En la Red, a 22 de abril de 2008

Las alas de la vida


Hace un año, el 17 de mayo de 2007, vi una película impresionante: Las alas de la vida. Un documental sobre la dignidad ante la muerte de un enfermo terminal, Carlos Cristos, aquejado de una dolencia incurable, atrofia sistémica múltiple, que recurre al cineasta Toni Canet para que haga una película sobre su acercamiento vital a la muerte. Fue un pase, digamos, privado. La película aún no se había estrenado, pero una de las guionistas, Carmen Santos Unamuno, es amiga y vimos la película en casa de otro amigo que está enfermo. Fue una tarde extraña. De una tristeza profunda pero también de una incomprensible alegría. Veíamos en la pantalla cómo alguien vivía con inédita naturalidad la fatalidad de su muerte.

Hace unas semanas volví a emocionarme viendo la misma película en el programa Versión Española de La 2. El protagonista, Carlos Cristos, murió el sábado pasado en su casa de Mallorca tras varios años de enfermedad. Sólo me sirve de consuelo algo que él dijo en el documental: que la vida sería un drama sin la muerte.

domingo, 27 de abril de 2008

El incendio de La Gomera


Esto del blog no deja de ser un instrumento contra la desmemoria. Y no, no lo digo ahora por aquello de la memoria histórica; me refiero a la personal. Con la excusa del blog me obligo a rememorar, a dar pespuntes entre mis recuerdos y la actualidad. Así me ocurre ahora con las noticias de los incendios recientes de La Gomera, que me activan el recuerdo de un viaje a esa isla hace veintiún años.

Por entonces trabajaba en Madrid, en la Federación Española de Universidades Populares, y desde allí viajaba a otros puntos de España para dar cursos sobre animación sociocultural. El 11 y 12 de mayo de 1987 impartía un curso de iniciación a las Universidades Populares dirigido a los alcaldes de los pueblos de la isla de La Gomera. Llegué al anochecer en el ferry desde Tenerife y lo primero que oí cuando el barco atracaba en el puerto de San Sebastián de la Gomera fue el famoso silbo gomero, lanzado por un paisano no sé si como rito turístico. El delegado del gobierno en la isla, el majorero Álvaro García González, era uno de los asistentes al curso. En uno de los recesos hizo de cicerone y me llevó a conocer el parque de Garojonay, que unos meses antes había sido declarado patrimonio mundial por la UNESCO. El delegado era uno de los supervivientes del incendio forestal que en septiembre de 1984 asoló la isla y mató a 20 personas, entre ellas el gobernador civil de Tenerife, Francisco Afonso Carrillo.

El coche oficial paró en un tramo de carretera cerca del Roque de Agando, en pleno bosque de laurisilvas, y Álvaro García me invitó a bajar y me explicó, al lado de un inmenso barranco, cómo tres años antes, a las 3 de la tarde del 11 de septiembre de 1984, una inversión térmica y el cambio de vientos provocó que una enorme bola de fuego subiera pendiente arriba y pillara desprevenida a la comitiva de autoridades – él entre ellas- que había ido a inspeccionar las labores de extinción. A pesar del tiempo transcurrido, el hombre seguía emocionándose al relatarme cómo el gobernador, su secretario, el chofer y uno de los guardias civiles que le acompañaban quedaron abrasados con los brazos abiertos –quizás de sorpresa- al alcanzar el fuego la carretera donde se encontraban. Él logró salvarse al quitarse toda la ropa, ya prendida, y agacharse bajo el coche. El resto del viaje siguió relatándome cómo, en otras zonas de la isla, algunos prefirieron morir despeñados barranco abajo que ser alcanzados por las llamas.

Ese mismo día, por la noche, solo frente al mar, leía un libro que había comprado unos meses antes en Barcelona, Porque nunca se sabe, una recopilación de textos sobre y frente al poder escritos por Châtelet, García Calvo, Subirats, Chomsky y otros. En una de las páginas de ese libro escribí dos versos que ahora sé que realmente estaban inspirados en el relato del delegado del gobierno en La Gomera y en el último gesto de ese gobernador civil calcinado en el ejercicio del poder: qué vértigo de mar / se abre en tu abrazo.

sábado, 19 de abril de 2008

Las flores de Felipe Risco


Felipe Risco Chamizo (Zafra, 1956) inicia su formación en Bellas Artes en Sevilla. En los años 70 viaja a Italia donde reside desde entonces. En el Instituto Europeo de Diseño de Roma entra en contacto con el mundo de la ilustración y el diseño gráfico. Trabaja para distintas editoriales y usa los medios digitales para la creación de la obra. Fruto de la simbiosis entre una formación estética de marcado acento barroco y las posibilidades gráficas de las nuevas tecnologías, son estas FLORES que nos ofrece, donde el brillante colorido en sintonía con las más clásicas reglas de la simetría producen unas composiciones de inmediata belleza


Del díptico editado por la Caja de Badajoz que da cuenta de la exposición "Flores" de Felipe Risco, abierta desde el 18 al 30 de abril de 2008 (de 19.30 h. a 21.30 h.) en la sala del Centro Cultural Santa Marina de Zafra.

Felipe es un magnífico pintor. Ayer, en la inaguración de su exposición, me decía que había abandonado la pintura por la ilustración. De las flores de esta muestra me gustan las que se resisten a la inevitable geometría impuesta por el ordenador con el que están hechas. Siempre ha sido un maestro del color y de la luz. Allí vive, en Roma, en la vía de la Luce, en el Trastévere, en cuya terraza cenamos una noche, el 22 de julio de 2000, Mercedes, Eva, Manolo, Maurizio y yo con él y su mujer, Lorenza. Es posible que le tome la palabra y vuelva a escribir unos poemas sólo para que Felipe los ilustre.


Símbolos


El lunes inicié un breve periplo que me ha llevado a Badajoz, Bilbao, Madrid y Cáceres en apenas tres días. Fue 14 de abril y quizás por ello los hados -siempre monárquicos- se conjuraron para amargarme el día, que comencé perdiendo un autobús y con el móvil estropeado, y acabé con el ordenador bloqueado y extraviando el chambergo. Menos mal que al día siguiente, con los aviones, el asunto no fue a más.


El fin de semana había sido intenso. A la conferencia de Fontana del viernes le siguió el sábado un seminario con veinte historiadores extremeños moderado por el maestro catalán. Llegué a trompicones porque ese día también se celebraba en Zafra a la misma hora el Foro por la actualización social y cultural de los mayores que había sido suspendido por orden judicial durante la campaña electoral. Lo abrió Fernández Vara y yo leí la ponencia inaugural en la que hablé de Prometeo y de la necesidad de que los mayores recuperen el fuego robado por esos nuevos dioses de la modernidad que son los jóvenes.


El día 14 vino además con otros símbolos vinculados al nuevo gobierno. El primero, que la cuota de la región en el nuevo gabinete la “ocupe” un extremeño emigrante que ya pasa por catalán. Desde aquí se ha justificado la ausencia de Extremadura aludiendo a la inconveniencia de las cuotas. En fin, eso que se dice cuando no se tienen.


También el 14 seguí leyendo en los periódicos las vergonzosas reacciones de los “opinadores oficiales” de la derecha ante el nombramiento de las ministras. Se han cubierto de gloria machista y sexista Antonio Burgos, Juan Manuel de Prada, Luis María Anson, Pedro J. Ramírez, Federico Jiménez Losantos... ¡Qué vergüenza! Y después alguno seguirá interrogándose por qué lo que defienden estos señores sigue sin alcanzar el beneplácito mayoritario de la gente. Creo que el PP no se comerá una rosca hasta que logre desembarazarse de esta jauría de plumillas. Otro símbolo.


[La imagen está tomada del blog Regreso al futuro de Pablo Moreno Galbis]

miércoles, 9 de abril de 2008

Conferencia de Josep Fontana en Zafra

El próximo viernes 11 de abril pronunciará en Zafra una conferencia con el título "La historia de la transición: una propuesta crítica" el profesor Josep Fontana, director del Instituto Universitario Vicens Vives de Barcelona, catedrático emérito de la Universidad Pompeu Fabra y uno de los más prestigiosos historiadores españoles. El acto, que tendrá lugar en el Salón de Actos del Centro Cultural Santa Marina, comenzará a las 20.30 horas y está organizado por la Asociación de Recuperación de la Memoria José González Barrero con la colaboración del Instituto de Educación Secundaria "Suárez de Figueroa", la Diputación de Badajoz y el Ayuntamiento de la ciudad.

Fontana se suma así a la relación de contemporaneistas que, en los últimos años, y por invitación de diversas asociaciones y entidades han visitado Zafra: Paul Preston, Francisco Moreno Gómez, Alberto Gil Novales, Francisco Espinosa, Alberto Reig Tapia, Antonio Rodríguez de las Heras…

Josep Fontana Lázaro nació en Barcelona en 1931. Tiene más de una veintena de libros escritos, y entre ellos destacan varios sobre el siglo XIX en España [La crisis del Antiguo Régimen (1992), Historia de España, vol. 6: La época del liberalismo (2007) o De en medio del tiempo (2006)]; sobre historiografía [Historia: análisis del pasado y proyecto social (1993), La historia después del fin de la historia (1992), Enseñar historia con una guerra civil de por medio (1999) o Introducción al estudio de la historia (1999)], así como obras de carácter general como La historia de los hombres (2001). En el año 2004 la editorial Crítica, que ha editado la mayoría de sus libros, publicó dos volúmenes de homenaje a su obra con el título de Josep Fontana. Història i projecte social. Reconeixement a una trajectòria, con artículos de más de un centenar de historiadores y en los que tuve la satisfacción de participar con un trabajo sobre “Los orígenes del proceso de depuración política de Enrique Canito, fundador de Ínsula”.

martes, 8 de abril de 2008

Flato


He terminado de leer El asombroso viaje de Pomponio Flato, la recién publicada novela de Eduardo Mendoza, y no me ha gustado. Que Mendoza escribe bien se da por supuesto, pero de un escritor de su trayectoria se espera, a estas alturas, algo más que oficio. Salvo por el hallazgo de situar la trama en la Galilea del siglo I de nuestra era, por la originalidad de adoptar como personajes a los principales del Nuevo Testamento (José, un carpintero, es acusado de asesinato y su hijo, Jesús, “contrata” a Pomponio Flato para intentar salvarlo de la crucifixión) y por lograr algún momento hilarante (como cuando el romano protagonista está a punto de ser dado por culo reiteradamente), El asombroso viaje… es poco más allá de una obra humorística e intrascendente bien escrita pero medianamente resuelta. Voy a ver si me recupero con una novela menos reciente y mediática, pero de calidad ya contrastada: La balada del abuelo Palancas, de Félix Grande.

miércoles, 2 de abril de 2008

Presentación de un libro de poemas de Benito Estrella


En mayo de 1985 un grupo de personas y entidades suscribimos e impulsamos el Programa de Educación de Adultos y Animación Sociocultural de Zafra y comarca. Fue un proyecto experimental de renovación pedagógica, formación ocupacional y coordinación entre el Centro de Educación de Adultos (que dirigía Toni Granados), la Universidad Popular (cuyo titular hasta aquel año fui yo) y las aulas de Educación Compensatoria de la zona (coordinadas por Benito Estrella, responsable provincial de ese programa del Ministerio de Educación). A mí –que era el más joven y díscolo de los tres- se me ocurrió denominar al triunvirato como la “santísima trinidad” y atribuirme el papel de “espíritu santo”. Toni, al que le acaban de poner una calle en la barriada de Jerez de la Frontera donde ahora oficia de maestro, era el “hijo” y Benito, el patriarca indiscutible. Desde entonces Benito es una de mis referencias vitales e intelectuales.


Benito Estrella Pavo (Higuera de la Serena, 1946) es uno de los nombres imprescindibles de la educación en Extremadura. Maestro, licenciado en Filosofía y Letras y doctor en Pedagogía, fue durante años responsable del centro de educación de adultos de Zafra, así como jefe de la unidad de programas educativos de la dirección provincial del Ministerio de Educación en Badajoz. Antes había sido fundador y presidente de la Escuela de Verano de Extremadura, el movimiento de renovación pedagógica pionero en la región. Hace unos pocos años se cansó de dar clase a adultos y quiso terminar de cansarse dando clase a adolescentes (en el Instituto "Eugenio Hermoso" de Fregenal de la Sierra), hasta que el año pasado se jubiló. Lo hizo lo antes que pudo, porque es de los que no se cansan de estar solo y tiene aún cosas que enseñarse a sí mismo. Su actividad intelectual ha sido constante durante los últimos cuarenta años aunque parca en publicaciones. Dos libros de poemas: La Soledad y el silencio (Barcelona, 1972) y Libro de la memoria y el olvido (Badajoz, 1992); un ensayo: Un extraño en mi escuela. Reflexiones sobre la crisis de la enseñanza en la sociedad de la información (Mérida, 2002) y un libro de relatos: Valdargar. Tragicomedia del desarraigo (Badajoz, 2007), del que tengo pendiente un comentario en el blog.


Benito escribe, como es lógico, divinamente, y ganó el X Premio de Poesía “García de la Huerta” convocado cada año por el Instituto de Educación Secundaria “Suárez de Figueroa” de Zafra. El lugar que cura es el nombre del poemario con el que obtuvo el premio. El viernes, 4 de abril, a las 21 horas se presenta en el Parador “Duques de Feria” de Zafra.

domingo, 30 de marzo de 2008

El ejército rehabilita a un general republicano


No sé si es el primer caso de rehabilitación oficial de un militar republicano en el ejército español, pero me ha sonado a eso. El pasado jueves la Escuela de Guerra del Ejército de Tierra celebró en Madrid una ceremonia militar en la que se rehabilitó la figura de Toribio Martínez Cabrera, general de brigada fusilado por los franquistas en 1939. El acto estuvo presidido por el también general de brigada Alfonso de la Rosa, director del centro, y en su transcurso se depositó ­−como es tradición con los oficiales de Estado Mayor que mueren en acto de servicio− la faja de Estado Mayor del homenajeado en el Monumento a los Héroes de la Escuela.


Toribio Martínez Cabrera nació en 1874 en Andiñuela de Somoza (León). Ocupó durante su carrera militar varios destinos tanto en el frente de batalla (Cuba) como en los despachos. El 17 de julio de 1936 era comandante militar de Cartagena, donde sofocó la rebelión. Durante la guerra fue jefe del Estado Mayor del Ejército, inspector general del Ejército del Norte y gobernador militar de Madrid, desde donde apoyó el golpe de estado del coronel Casado en los últimos días de la guerra. No quiso salir de España, fue capturado por los franquistas en el consulado de Panamá en Valencia y tras un consejo de guerra sumarísimo fue fusilado en Paterna el 23 de junio de 1939.


La noticia de su rehabilitación me ha sorprendido. No creo que obedezca a un deseo de los mandos militares de acompañar la Ley de Memoria Histórica del gobierno Zapatero de una serie de actos de rehabilitación de los militares leales a la República. Me temo que en este caso hay circunstancias que convierten en un hecho excepcional lo que debería ser una norma. A mi parecer son tres, al menos, las circunstancias que han facilitado la rehabilitación.


- En primer lugar, Martínez Cabrera había sido director de ese centro, en 1934 y 1935, y durante la II República y la guerra fue considerado el “número uno de Estado Mayor”. Es por tanto “uno de los suyos”.
- En segundo lugar, el general era un hombre de “orden”, de centro, partidario de Portela Valladares –masón, como él- y miembro del Partido Centrista, en cuyas listas se presentó a diputado a cortes, sin ser elegido, en las elecciones de febrero de 1936. Además, había sido gobernador civil de Badajoz en una fecha tan poco republicana como 1921. Era un ferviente anticomunista y a pesar de ser un decidido partidario de la República estuvo detenido durante la guerra por las sospechas del PC acerca de su fidelidad. Por tanto, tampoco ideológicamente puede ser considerado por los militares alguien demasiado extraño.
- Y finalmente, la rehabilitación se ha realizado junto a la de su sobrino, el capitán Cabrera Rodríguez, militar del ejército franquista que murió en Asturias en el transcurso de una batalla con el ejército republicano. No digo que éste no merezca la rehabilitación (aunque me extraña que en los cuarenta años de dictadura no se produjera), sino que propiciando la coincidencia de ambas se hace más digerible la del general.


Si tenemos en cuenta todo esto, la rehabilitación de Martínez Cabrera pierde importancia simbólica. De todas formas, sea bienvenida y que cunda el ejemplo: recuperemos la memoria de los leales.

martes, 25 de marzo de 2008

El escritor y la violencia política de su país

Agradezco a Luciano Feria el envío de este artículo del novelista vasco Fernando Aramburu. Además de aludir a la posición del autor frente al terrorismo de ETA, el texto reflexiona sobre la condición del escritor (¿un tipo común y corriente o distinto al resto?), asunto que he discutido con Luciano muchas veces.

No me consta la existencia de un código moral al que hayan de sujetarse los escritores en el desempeño de su labor literaria. Dicho de otro modo, la circunstancia de que un escritor sea un hombre de paz, respetuoso con sus congéneres y amante, pongamos, de la naturaleza y de los hábitos culturales en que se crió, no garantiza poco ni mucho la excelencia artística de sus obras, como tampoco la excluye el hecho de que él practique en su vida privada la ruindad.
Nadie está legitimado para exigir al escritor una conducta determinada. No digamos ya una determinada fe. Hacer tal cosa (y se hace con bastante más frecuencia de lo que muchos creen, a veces por la vía dulce de la subvención, del premio institucional o de prebendas varias) obliga al escritor a crear sus obras al dictado. Queda entonces irreparablemente desvirtuado el sentido primordial de su oficio, que no es otro que el ejercicio libre de la palabra escrita. Y un escritor sometido es una de las criaturas más dignas de lástima que se pueda uno imaginar.
En tanto que ciudadano, a un escritor lo afectan idénticos derechos y obligaciones que a los demás miembros del colectivo social. Pero un escritor no es, en cuanto tal, se diga lo que se diga, un ciudadano común y corriente, o al menos no lo es a la manera como sabemos que lo son el panadero o el dentista, pongo por caso, a quienes no se les hace objeto de reclamaciones morales cuando cuece el uno pan, empasta el otro una muela, por mucho que constituya un valor moral positivo el que despachen bien la tarea por la que se les remunera. Lo cierto es que ni el pan ni el empaste tienen la capacidad de repercutir ideológicamente en las conciencias de los comensales ni de los pacientes. El escritor, en cambio, dispone, si se empeña, de esa capacidad que puede llegar a convertirlo, a ojos de algunos, en un sujeto incómodo, incluso peligroso.
Para empezar, emplea un instrumento, la lengua, de propiedad colectiva, sin el cual está más que probado que el ser humano nunca sabrá definirse a sí mismo ni como individuo ni como elemento integrador de una masa social. El hombre no sabe ser sin lenguaje, una característica suya que lo hace desde la infancia vulnerable a la manipulación y al adoctrinamiento. También el escritor, aunque por falta de perspectiva no atinemos a calibrar con exactitud en qué medida, interviene en los hábitos lingüísticos y en los modos de pensar de los ciudadanos de su época y acaso de los del porvenir. Poco puede en apariencia hacer un escritor, con el solo ejercico de la palabra escrita, para introducir cambios y mejoras en la realidad; pero en su mano está, no obstante, analizarla y reproducirla en sus libros, dejando de ella su testimonio particular, sazonado de palabras más o menos perdurables, de pensamientos, de refutaciones, de imágenes y de todos esos recursos con que él elabora comúnmente su arte cuando no le falla el talento.
Así y todo, tanto como el escritor se encuentra delante de la realidad de su tiempo y toma de ella cuanto juzga necesario o útil para su arte, la realidad se encuentra asimismo delante de él interpelándolo a todas horas, formulándole preguntas a menudo relacionadas con sucesos trágicos o escandalosos. En tal sentido, el asesinato el otro día de ETA en Mondragón es una pregunta con su correspondiente expectativa de respuesta. La reacción inmediata por escrito compete al informador de prensa. Se supone que no hay titán de las letras capaz de redactar una novela de trescientas páginas a las pocas horas del crimen. Quizá un poema de urgencia, con el inconveniente añadido de su precaria difusión.
Pero tampoco caben muchas dudas acerca del hecho de que la respuesta de los escritores entraña no solo una opción moral voluntaria, sino también y sobre todo una opción artística. Y ya pocos ignoran que sobre la acción criminal de ETA la literatura vasca se ha expresado de manera insuficiente hasta la fecha, con notorios silencios, por cierto, que para algunos formarán parte acaso esencial de sus obras completas.
No se trata tan sólo de abordar en la obra personal, al modo de quien cumple un trámite, el tema de la violencia política con que hemos sido obligados a convivir, unos más de cerca que otros, por quienes la ejercen desde hace cuatro décadas largas, imbuidos de la convicción perversa de estar construyendo un paraíso nacional con todos los métodos que ponen a su alcance la demagogia, la destrucción y el mal. Es, más bien, una cuestión de simple dignidad, de grandeza de corazón y, si no es mucho pedir, de coraje. Porque un pueblo que tolera la violencia social no es un pueblo, sino un rebaño. Y un escritor que calla, una oveja amparada en las posibilidades de supervivencia que le aporta su docilidad.
Nadie es culpable de su miedo. A nadie se le puede exigir que se comporte como un héroe en su sociedad sometida al terror. Pero quizá constituya un comienzo de respuesta transmitirles a las generaciones futuras que no supimos o no nos atrevimos a afrontar las preguntas urgentes que nos planteó nuestro tiempo histórico. Que dicha tarea literaria queda en parte pendiente, y digo en parte porque sería injusto ignorar que algo de tinta admirable y lúcida, aunque poca, ha corrido. Que, sintiéndolo mucho, no acertamos ni a describir ni a interpretar con palabra libre la historia sangrienta de los vascos de ayer y hoy. Que la literatura de otros, ya que no la nuestra de ahora, tendrá que contar algún día, desde una perspectiva menos favorable, cómo se vivió y se sintió y se padeció individualmente aquel espantoso derrumbe moral de nuestro país asociado a la crueldad de una pandilla de fanáticos a los que no se pudo (¿no se quiso?) parar a tiempo.

Fernando Aramburu