
A mi amigo Justo le han dado hoy un montón de esquelas publicadas en El Mundo y, con mala intención, le han dicho que se las hiciera llegar a la presidenta de la Asociación de Recuperación de la Memoria Histórica de Zafra. Justo es el vicepresidente de esa asociación. Molesto, se ha ido a casa con las esquelas y ha escrito un texto:
Un conocido mío me manda unas esquelas mortuorias recortadas de periódicos, las cuales son recordatorios del 70 aniversario de la muerte de algunas personas de derechas que fueron asesinadas por “las hordas marxistas” en Paracuellos del Jarama. Incluso me envía la esquela de una señora fallecida este año, viuda de un capitán de la Legíón, “muerto en combate en Aaiun, el 13 de enero de 1958” (por si no lo sabe le aclaro que Aaiun es de Marruecos).
Este conocido que me envía las esquelas está completamente confundido. Nuestra Asociación no pretende abrir viejas heridas, sino todo lo contrario. Sólo pretendemos que las víctimas del bando perdedor de la guerra civil recobren la dignidad perdida, enterrada con ellos en fosas comunes, en descampados, en cunetas, en pozos de minas abandonadas. Sólo de esta forma, es decir, haciendo justicia a la memoria, recobrando el honor, se podrá cerrar para siempre el capítulo pendiente de la guerra civil.
Naturalmente que el bando republicano también cometió asesinatos, pero la mayoría de estas víctimas, a las que me refiero respetuosamente, pudieron ser enterradas dignamente, recibieron toda clase de honras fúnebres y homenajes y sus nombres fueron escritos en los muros de las iglesias, en las Cruces de los Caídos, incluso algún religioso fue canonizado; los soldados alemanes, que lucharon al lado de Franco, tienen un cementerio en las proximidades de Yuste, y en la cabecera de sus tumbas en el suelo tienen verticales lápidas con sus nombres y fecha de su muerte. Los soldados italianos también tienen otro cementerio.
Sin embargo los españoles que murieron por pertenecer a un gobierno legal, que defendía la libertad, la igualdad y la prosperidad, fueron condenados al olvido, en fosas de silencio, intocables, guardadas por el miedo.
La Declaración Universal de los Derechos del Hombre, aprobada por la ONU en 1948 dice que todos tenemos derecho a un enterramiento digno, y yo pienso que es lógico que los hijos o los nietos de esos miles de hombres y mujeres que están en fosas comunes en toda la geografía española, pretenden recuperar los restos de sus familiares, sin rencores, sin odios, para enterrarlos dignamente.
Las esquelas mortuorias a que me refería al principio me han hecho pensar en algo que no queremos recordar y es que los franquistas asesinaron en Zafra a unas 200 personas y que los “rojos” no mataron a nadie y defendieron a las personas de derechas que estaban en peligro en aquellos turbulentos días. Nosotros ya hemos pasado la página de la guerra civil, pero seguiremos atendiendo y distinguiendo a todos aquellos que sufrieron los rigores de la guerra y a los que deseen recuperar la memoria histórica.
Justo Calderón tiene ya 82 años y su nombre es de esos que sólo ponían los republicanos de entonces, como el de Libertad, la destinataria final del montón de esquelas. Justo es hijo de Luis Calderón, un concejal de Zafra que fue asesinado por los fascistas en 1936. Su padre sufrió una parálisis por la tensión vivida al huir de Zafra. Los falangistas lo capturaron en Fregenal de la Sierra. No pudo escaparse de la cama de la clínica en la que convalecía. Incapaz de ponerse de pie, sus verdugos lo fusilaron en el suelo.
A Justo no le hace falta que nadie le de esquelas. A diferencia de muchos que ahora siguen publicándolas, él es uno de los que durante cuarenta años no pudo hacerlo.
Supongo que a eso se refiere la viñeta de El Roto.