domingo, 28 de enero de 2007

No hubo luna en agosto del 36


Justo Vila es uno de los intelectuales imprescindibles de Extremadura. Aúna la pasión del militante y la reflexión del hombre de cultura (o al revés, porque no hay meditación mayor que la del obrero). Él y yo nos hemos encontrado muchas veces en la vida y siempre yo de aprendiz: en el sindicato, en la política, en la educación, en la historia, en la literatura... Por eso puedo decir, con algo de guasa, parafraseando a Dalí sobre Picasso y sin que haga falta salvar distancias evidentes, que:
Justo es extremeño, yo también;
historiador, yo también;
de Comisiones Obreras, yo también;
fue del PCE y de IU , yo también;
es del PSOE, yo tampoco.

Reabrió la brecha de la Trinidad ―pero hacia el otro lado― cuando nos aproximó a lo que también pasó en estas tierras durante la guerra (más allá de héroes legionarios) con su Extremadura: la guerra civil, de 1983, pionera para todos los que después hemos llegado. Y aunque en los últimos lustros ha oficiado más en el altar de la imaginación que en el de la historia, sus novelas tienen la marca del cronista: La agonía del búho chico, La memoria del gallo e, incluso, Siempre algún día.

Por eso Justo Vila estaba casi predestinado a escribir una novela como ésta. Era evidente que su pasión por lo ocurrido en Badajoz en 1936 y su pericia como escritor acabarían coincidiendo alrededor de un texto.

A mi abuelo lo mataron en la plaza de toros de Badajoz. Así comienza esta novela, en boca del nieto de Rafael Alcántara, un maestro de escuela fusilado en agosto de 1936. Y en los siguientes párrafos nos relata toda la historia. Según la teoría de la novelística, a partir de ahí se habría acabado el misterio. Pero perdida la intriga, el autor somete a su novela a un reto importante: sostenerse viva no por lo que esconde sino por lo que cuenta. Las palabras de ese nieto constituyen uno de los ejes narrativos de la obra, junto a los recuerdos de Marcelo Rojas, un miliciano sobreviviente de la masacre de la plaza, y el diario del falangista Benito Albarrán. Esos tres narradores (y un omnisciente que a veces sobrevuela la trama) van enhebrando la novela, que arranca realmente con la toma de tierras por los campesinos en la madrugada del 25 de marzo de 1936 y finaliza tras la sangre de agosto del 36 vertida en y por esa misma tierra.

Quizás no sea yo la persona más idónea para hablar de esta novela. Aunque siempre poco, algo sé de lo ocurrido entonces y soy incapaz de imaginarme historias paralelas a la historia crucial de aquellos días. Creo que este libro le va a gustar sobre todo a los que no saben qué ocurrió durante la Guerra Civil en Badajoz. Y esto que digo no es demérito para la obra. Acerca de los hechos, la historia casi siempre necesita de lupas y la literatura de catalejos. Para quien conoce la textura de los árboles de poco vale mirar el bosque de lejos; en cambio, a uno le gustaría meter el ojo dentro de la lente para ver mejor aquello que nunca ha visto.

Lunas de agosto está magníficamente escrita (Justo escribe muy bien) y tiene muchos pasajes brillantes y de intensa emoción. He disfrutado leyéndola. Dice en su publicidad la editorial Del Oeste Ediciones que Lunas de Agosto es “la novela de la Guerra Civil en Badajoz”. Sin duda lo es. Y aunque tengo dudas sobre algún aspecto de la novela, se las contaré a solas al autor, porque para eso es mi amigo.


Por cierto, no hubo lunas a mediados de agosto del 36. Justo lo sabe. Si las hubiera habido todo se habría sabido y no harían falta novelas como ésta.


Lunas de Agosto se presenta el próximo jueves, 1 de febrero de 2007,
a las 19.30 horas, en el Palacio de Congresos de Badajoz.
La presentación la hará Juan Carlos Rodríguez Ibarra.

Diarios de la guerra


Ha empezado a publicarse una selección de periódicos de la Guerra Civil. Con el nombre de Diarios de la Guerra, la editorial inglesa Albertas Limited ofrece semanalmente (y durante 52 semanas) entregas de dos o tres facsímiles de diarios españoles completos de 1936 a 1939. La primera la forman el suplemento extraordinario de ABC de Sevilla del 20 de julio de 1936 y un ejemplar del diario madrileño Claridad del 18 de julio. Los periódicos van acompañados de artículos que contextualizan los hechos narrados. En el primer número los firman Julio Aróstegui, Xavier Casals y Justino Sinova.
En una de las próximas entregas colaboro con un artículo, titulado "¿Objetivo Madrid?", sobre el avance de las tropas sublevadas desde Sevilla a Talavera de la Reina.

jueves, 25 de enero de 2007

Antropología del ayuno


Leo a Sándor Márai. Y esta mañana, a las siete menos cinco, me ha dado la clave de un ayuno mediático:
-¿Qué quiere decir -pregunté con profunda sorpresa-. ¿Qué significa eso de ayunar por él?
- En el pueblo lo hacían antiguamente -dijo bajando la mirada, como si no fuese del todo apropiado revelar a un extraño los secretos tribales -. Uno deja de hablar y de comer hasta que la otra persona lo hace.
- ¿Hace el qué?
-Lo que uno quiere.
-¿Y funciona?
Se encogió de hombros.
-Sí, funciona. Pero es pecado.
A él no le está funcionando, pero a "nosotros" tampoco. Lo suyo son los asesinatos y lo de otros, la venganza. Todo muy humano.

domingo, 21 de enero de 2007

Historiadores de la sospecha


Francisco Espinosa es un historiador y en su caso esa palabra expresa una dedicación intelectual, iluminadora, y una forma de compromiso, de lucha, de combate de las ideas. Para Espinosa el historiador es quien descubre debajo de la apariencia de los hechos, quien no se conforma con la explicación primera que ofrece la crónica. A veces se ha utilizado la expresión filósofos de la sospecha para agrupar y denominar a tres pensadores capitales en la historia contemporánea: Karl Marx, Friedrich Nietzche y Sigmund Freud, que se rebelaron contra las apariencias en sus interpretaciones sociales, culturales o psicológicas. Pues bien, tal como hubo filósofos de la sospecha podría hablarse en España de historiadores de la sospecha. Son aquellos que han desconfiado de la versión que dieron de la historia los vencedores de la contienda o los espectadores compasivos de ésta y han hurgado en los archivos hasta encontrar los suficientes trozos de la realidad como para reconstruir lo que realmente ocurrió. Fue un historiador de la sospecha Herbert Southworth, lo es Hilari Raguer y Francisco Moreno Gómez y Alberto Reig Tapia y Paul Preston. Y lo es también Francisco Espinosa. Uno de esos investigadores que ―en su análisis de la guerra y de la dictadura― se niegan a aceptar la engañosa evidencia que tejió durante décadas en la memoria de la gente la ideología y la propaganda del franquismo.
(...)
Contra el olvido. Así ha titulado Francisco Espinosa su último libro. Pero este enunciado no es sólo el título de una obra sino el resumen de la actitud vital e intelectual del autor ante su oficio. Si Lucien Febrve, el gran historiador francés fundador de la escuela de Annales, justificó su Combates por la historia como un título que recordara lo que siempre hubo de militante en su vida, este otro título, Contra el olvido ―aunque dista de ser una despedida historiográfica para un Espinosa en plena cúspide― se me antoja cercano al de Febrve. Debe ser cierto si tenemos en cuenta que el título del francés lo utiliza Francisco Espinosa para nombrar uno de los capítulos de este libro, pero además es que en ambos hay algo de lucha, y algo de concepción de la historia como lo que es: una extrema clarividencia


El jueves pasado no pude asistir en Zafra a la entrega del premio Dulce Chacón de novela a Ignacio Martínez de Pisón. Estuve en Badajoz presentando en el MEIAC el último libro de Paco Espinosa, Contra el olvido. Por cierto, mañana lee en la Universidad de Sevilla su tesis doctoral sobre la Reforma Agraria durante la II República en la provincia de Badajoz. Se la ha dirigido Antonio Miguel Bernal y el tribunal lo preside el maestro Josep Fontana. Tres lujos.

Un libro que no saldrá en Babelia


Un español en Francia, Luis Negró Acedo, profesor de Literatura de la Universidad de Caen, acaba de publicar un estudio sobre el tratamiento de la cultura en el diario El País durante la transición: El diario El País y la cultura de las elites durante la Transición (Foca, Madrid, 2006). En él analiza el discurso cultural de la sección Opinión, la sección Cultura del periódico y los suplementos sobre libros y literatura desde 1976 a 1982. Para Negró El País, periódico de la burguesía liberal española, desarrolló un discurso cultural acorde con su programa político:

En las páginas culturales de El País la idea de consenso que (...) partía del principio de evitar la ruptura, y más aún la puesta en cuestión del franquismo, se tradujo en una forma cierta de continuidad cultural , impuesta a su vez por el hecho de que entre sus accionistas y dirigentes había nombres que procedían del mundo cultural de la dictadura, aunque ello no impidiera que la continuidad fuera puesta en tela de juicio en la misma página en la que se alababa a algunas de sus figuras.

Luis Negró repasa críticamente las firmas del periódico y desmenuza la contribución a la estrategia cultural del periódico de escritores como Julián Marías, José Luis López Aranguren, Fernando Savater, Juan Goytisolo o Julio Caro Baroja, pero también de los que llama “antiguos fascistas”: Antonio Tovar, Pedro Laín Entralgo, José María Alfaro, José María de Areilza, Emilio Romero o Dionisio Ridruejo.

Es un libro que no creo que salga en Babelia.

miércoles, 10 de enero de 2007

Pancarta blanca


Lo he escuchado hoy en la radio. Se refería a la manifestación convocada este sábado en Madrid por la asociación de ecuatorianos FENADEE y los sindicatos UGT y CCOO. Alguien ha preguntado qué ocurriría si no hubiera ninguna pancarta, ningún lema. ¿Acudiría a ella la AVT? ¿Dejaría de dudar el PP?
Me temo que no.
¿Y si fueran españolas las víctimas? ¿Se atrevería la AVT a despreciar a los convocantes? ¿Seguiría dudando el PP?
Me temo que no.
En fin, "por la paz y contra el terrorismo".

lunes, 1 de enero de 2007

El cuentahílos


He vuelto a leer la palabra en unos versos de Adolfo García Ortega:

Pasaba horas con un cuentahílos recorriendo las fronteras de África
en
los mapas de los atlas. Viajaba con los nombres. Era feliz.

Pertenece al poemario Te adoro Kafka, recién publicado por Pre-Textos (Valencia, 2006). Mi cuentahílos no es para ver mapas, sino fotografías antiguas, pero el viaje es similar. Hace tiempo se lo encargué a un relo
jero de Monesterio y me lo trajo de Sevilla. Lo guardo en una bolsita de piel y lo saco ante alguna imagen de años para escrutar rostros y escudriñar intenciones y gestos en sepia. La pequeña lupa me aproxima el pasado.

De incursiones en el tiempo y de viajeros y de viajes van los poemas de este libro de García Ortega. Poesía discursiva, narrativa ―como la de su admirado Joseph Brodsky― e intensa. Casi todos los motivos del poemario están en el largo y bello poema que abre el volumen. Un relato de la historia de amor de Frank Kafka en Riva, en septiembre de 1913. El raro episodio con la suiza, como le llamó Max Brod: una chica de dieciocho años, G.W., que conoció entre Felice y Felice.

En ese poema pórtico está todo el libro: los viajes (los viajes le obsesionan porque lo prometen todo), los hoteles que guardan para el viajero un lugar detenido entre tanto
tráfago (como nos dimos todo / sin cesar / en ese cuarto de hotel / de Paris / que yo conozco), el amor (tu mano en mi muslo a veces / roza mi sexo levemente), la profusión de lugares y nombres de un texto teñido de culturalismo…

Y la anécdota, que el poeta convierte en espuela del poema, en excusa y conclusión de cada verso:

Dicen que salió a fumar y ver las estrellas como nunca,
pero no se había quitado el uniforme. Eso le mató, dicen.

La anécdota pasa a ser la principal mirada sobre la realidad que ofrece el libro, ese detalle de los hechos y los sitios que muestra la pequeña lupa del cuentahílos.

sábado, 30 de diciembre de 2006

Un nombre y un anónimo


Hace un par de años, cerré el texto de La amargura de la memoria con estas palabras:

Cuando aún queda en pie alguno de los símbolos de la barbarie, nos falta en cambio dignificar siquiera los de la humanidad y el sufrimiento. En el cementerio de Zafra, dentro del tercer patio, nos sorprenden dos jarrones colocados al pie de uno de los cipreses que en hilera guarecen la tapia izquierda del recinto. El árbol tiene atado con cables una especie de farol de chapa y cristal lleno de flores de plástico y con la fotografía enmarcada de una mujer joven. No hay ninguna inscripción, ningún nombre. En el suelo, entre las raíces del ciprés, se aprecian los restos de una tumba oculta por el acerado sólo abierto en los alcorques de cada árbol. Ahí, debajo del cemento y el olvido, yacen los restos de una mujer, Nieves González Gomato, asesinada el 20 de agosto de 1936 por los franquistas. Su humildísima tumba, sin nombre, sin fecha, sin lápida, negada en la última urbanización del recinto, es un símbolo de nuestra memoria de la guerra a la que durante casi setenta años también le han faltado los nombres, las fechas y el mármol perdurable.

El 16 de diciembre pasado nos reunimos en el cementerio de Zafra para reparar esa injusticia, esa injusticia tan simbólica de negar el nombre en una sepultura, la única sepultura sin nombre ni fecha de ese cementerio. La violonchelista extremeña Carmen Benito interpretó El Cant dels Ocells de Pau Casals y Libertad González, presidenta de la Asociación de Recuperación de la Memoria “José González Barrero” de Zafra, descubrió una lápida:

Al pie de este árbol yace Nieves González Gomato asesinada el 20 de agosto de 1936 por defender la libertad. Esta tumba nunca tuvo identidad ni historia hasta hoy. Aquí está ya su nombre inscrito en el mármol perdurable. Descanse por fin en paz.

Un nombre recobrado.
Mientras tanto, Justo Calderón –hijo de Luis Calderón, concejal de Zafra asesinado en 1936- sigue recibiendo esquelas y anónimos. Me ha enseñado el último:

Dice usted que se llama Justo, pues será en lo único que conozca usted lo que es justo. Memoria histórica. Será su memoria histórica y no la verdadera. Le envío algunos recortes de asesinados sin juicio a traición, cxon nocturnidad, sacados y encarcelados por ir a misa, o no tener callos en las manos. Usted por ejemplo como no tiene callos hubiera sido asesinado. Y ustedes y sus medios de comunicación, diciendo verdades a medias. No hay duda la izquierda tiene bula para todo en este país.
Señor Justo, sea Justo y no levante heridas ya sanadas. Y si algún iluminado quiere recordar algún asesinato, recuerde también a los del otro bando. Si no sabe donde encontrarlos lea algunos libros sobre las checas de Madrid y otro muchos que se están publicando.

Unos recobramos los nombres; otros lo ocultan.

(Fotografía de Víctor Pavón)

Historia y memoria


Alfonso Pinilla García es un joven profesor de historia de la Universidad de Extremadura del que sólo conozco su tesis doctoral, Del atentado contra Carrero al golpe de Tejero. El acontecimiento histórico en los medios de comunicación, y con el que compartí hace unos meses un debate organizado en Mérida por la Fundación Alternativas. El 19 de diciembre publicó en El Periódico Extremadura un artículo, “¿Historia contra memoria?”, en el que se mostraba muy crítico con los que denominaba “memoriadores”, que contraponía a los verdaderos historiadores. Hoy le contesta en el mismo medio Francisco Espinosa con el artículo “Historia y memoria”, que suscribo íntegramente y que reproduzco a continuación:

Ya sabemos que una cosa es la Historia y otra la Memoria. La oposición entre ambas que planteaba hace unos días Alfonso Pinilla en un artículo titulado "¿Historia contra Memoria?" (19/12/2006) no existe como tal. Por otra parte no es cierto que "el memoriador inventa" y "el historiador conoce". La unión de las dos palabras, "memoria histórica", que tanto rechazo produce en algunos, quiere decir simplemente recuerdo de la historia que cada uno ha vivido o conoce de primera mano. El que Alfonso Pinilla llama el memoriador no inventa sino que recuerda. Para el que en vez de recordar inventa, existen otras palabras. El caso es que, por mucho que a algunos les fastidie, la gente tiene derecho a recordar. Resulta que tanto la historia como la memoria de los vencidos fueron prohibidas por la dictadura y que luego la transición, con su mensaje de fondo de que reconciliación equivalía a olvido y memoria a rencor, sofocó de nuevo la posibilidad de recordar y puso trabas de todo tipo a la investigación del golpe militar y de la represión, empezando por la destrucción de archivos. El autor hace suya la conocida opinión de Santos Juliá de que el modelo de transición no sólo no dio lugar a ignorancia alguna del pasado sino que todo se investigó hasta el fondo. Quizás por esto, y puesto que la Historia se supone que ha ido viento en popa desde la transición, no se explica Alfonso Pinilla la algarabía creada por la irrupción de la Memoria.
XEL DISCURSOx del profesor de la Uex alberga un visible, aunque no manifiesto, deseo de que la Historia no salga de la Academia (o quizás más bien de que vuelva a ella). Pero yo siento decirle, y hablo pensando en el país en general, que si tal cosa ha ocurrido ha sido en parte porque la Academia olvidó su función social. No son "las nuevas condiciones políticas del presente las que han vuelto a anteponer la Memoria a la Historia". Los movimientos en pro de la Memoria Histórica comenzaron hace diez años, bastante antes de que los partidos políticos se implicaran en el asunto a favor o en contra. Tampoco existe una "vergonzosa guerra de esquelas", lo que sí existe son unos sectores alentados desde la extrema derecha política y mediática que no admiten que los vencidos recuerden públicamente y por una vez a sus muertos. Sabiendo todo lo que el franquismo hizo durante décadas por sus caídos, esta cruzada contra la memoria de los vencidos resulta escandalosa. Pero cumple su objetivo: impone el concepto de que existe una guerra de esquelas . Dos bandos.
Para Alfonso Pinilla no resulta sorprendente que "ante la memoria de los vencidos resurja la de los vencedores". En realidad la memoria de los vencedores nunca ha dejado de estar ahí y de hecho es la memoria predominante en nuestro país, un país cuajado de lugares de memoria franquistas y que, para colmo, tiene que sobrellevar a una Iglesia que, pasada la transición, no ha dejado de recordar año a año a sus mártires. En España hay lugar, mucho lugar, para la memoria de los vencedores pero muy poco para la memoria de los vencidos. Y respecto a la conocida máxima de Orwell que se cita resulta evidente que está fuera de sitio. El pasado aquí todavía tiene dueño y el problema es precisamente que hay quienes, controle quien controle el presente, no están dispuestos a perderlo. Quizás lo que perturbe a la poderosa derecha española es el horror vivido que transmite la memoria histórica de las víctimas del fascismo. La derecha preferiría el silencio absoluto sobre el pasado, silencio al que llama "espíritu de la transición".
Nosotros, los historiadores, que sabemos que casi todo lo que queda en los archivos es memoria de los vencedores, tenemos el deber de recoger con especial cuidado la memoria de los vencidos, de los nadie, cuya voz no suele aparecer en la historia. Los tiempos en que la Academia controlaba la Historia ya han acabado. Ahora la cosa se ha complicado un poco y para investigar la historia del golpe militar, de la guerra y del fascismo no basta con acudir al archivo, sino que, mientras podamos, hay que recoger la memoria viva del fascismo de labios de quienes lo padecieron. Es necesario insistir en que, aunque la base sean los documentos, hay hechos, aspectos y matices del pasado a los que sólo podemos acceder por la Memoria, especialmente cuando lo que nos ha llegado de los vencidos ha sido filtrado por los vencedores. Lo que hemos aprendido, después de tantos años, los investigadores de nuestro pasado reciente es que la Historia y la Memoria se necesitan mutuamente y se complementan.
En última instancia, el problema no es entre Historia y Memoria sino entre Historia y Propaganda. Pero en esta lucha, al menos hasta el momento y salvo honrosas excepciones, la Academia se mantiene al margen.

(Mano en la cueva del Castillo, Cantabria)

jueves, 21 de diciembre de 2006

Los reformistas de Franco


Los politicos moderados que formaban parte del régimen de Franco entre los años sesenta y setenta y que apoyaban la reforma política del sistema fueron un factor esencial para el éxito de la transición democrática en España. Esa es, en palabras de la propia autora, la principal conclusión de este libro.

Así planteada, la tesis no es excesivamente sorprendente. Más allá de grados, hay cierto acuerdo al considerar la transición política en España fruto de un pacto entre dos posibilismos: el de los franquistas que apostaban por la reforma y el de los antifranquistas que preconizaban la ruptura. Lo que salta a los ojos es arrancar el proceso en fecha tan insólita para la historia democrática española como 1964 y convertir a Manuel Fraga -y no a Suárez o al propio rey- en el principal representante del reformismo franquista. Aunque es indudable el papel de Fraga en los últimos tres lustros de la dictadura, pocos -salvo los afines- le habían reconocido el protagonismo que le otorga Cristina Palomares. Además, la autora de Sobrevivir después de Franco, doctora de Historia en la London School donde también ejerce Paul Preston (que le prologa el libro), coloca a los partidos de izquierda en el patio de butacas, asistiendo a un espectáculo en el que actúan de comparsas.

Quizás ambas conclusiones sean lógicas en un estudio que acaba cuando empieza la actividad legal de los partidos políticos de izquierda, hasta entonces sometidos a la clandestinidad, y que además se limita a estudiar la evolución dentro -y no fuera- del régimen franquista. En cualquier caso, conviene contrastar la lectura de este libro de Palomares con ensayos radicalmente opuestos -como La sombra de Franco en la transición, de Alfredo Grimaldos-, moderadamente contrarios -como El triunfo de la democracia en España, de Paul Preston- o complementarios -como La oposición democrática al franquismo, de Javier Tusell.

Más allá de sus discutibles planteamientos de fondo, el libro es un buen trabajo, está bien escrito, y se apoya en un importante esfuerzo documental. Una obra importante para el estudio del tardofranquismo.

El foie-gras extremeño


Según leo en la prensa (hace tres días lo publicó Le Monde, ayer El Pais y hoy ha salido en el Telediario), el Comité Interprofesional de Palmípedos de Foie-Gras, que agrupa a los productores franceses, ha puesto el grito en el cielo porque un empresario extremeño del paté llame foie-gras a su producto, cuando para obtenerlo no maltrata a los patos cebándolos a la fuerza, que parece ser el distintivo de esa delicatessen. Supongo que a los franceses les importaría un pito el asunto si el foie-gras extremeño no hubiera ganado un premio “Coup de Coeur” a la innovación en el Salón Internacional de la Alimentación de París (SIAL).

El empresario es Eduardo Sousa Holms, dueño de La Patería de Sousa, una fábrica de paté de Fuente de Cantos. Lo conozco desde que montó la empresa, a finales de los noventa, porque el suyo es un proyecto de desarrollo rural, que inicialmente fue financiado con fondos de la iniciativa comunitaria Leader II desde el Centro de Desarrollo Comarcal de Tentudía, que dirigí desde 1996 a 2003.

La capacidad comercial de Sousa es sorprendente. Baste decir que a pesar del poco más de un lustro de actividad de la empresa, la publicidad con que se anuncia asegura que son “artesanos del paté desde 1812”. Y es que Sousa trabaja con recetarios familiares que se remontan a esa fecha, cuando —según una tradición de cierto tufillo francófobo— las tropas de Napoleón saquearon la biblioteca del convento de Alcántara y uno de los libros de recetas de los frailes acabó en manos de la duquesa de Abrantes, mujer del general Junot, que las difundió entre sus amistades de Paris. Aunque desconozco la conexión entre la familia danesa de Eduardo y Laura Junot, la pasión que pone Sousa en la historia disculparía su veracidad, pues si non e vera e ben trovata.

Conozco a pocos pequeños empresarios extremeños que hayan apostado tanto por la comunicación y el marketing para situar sus productos. Pero la eficacísima campaña de comunicación de Sousa no es engañosa, pues se basa en productos de calidad contrastada. Lo único que hace es reforzar esa excelencia con declaraciones apetecibles para la prensa (como solicitar la denominación de origen para el paté de pato extremeño) o alianzas de atractivo mediático (ya se coló en “El Club Gourmet” de El Corte Inglés y últimamente lo ha hecho en los almacenes "Harrods" de Londres). Y ahora esta polémica en el mismísimo Paris. Lo dicho: un buen producto y un tipo listo.

domingo, 17 de diciembre de 2006

Consejo Social de la Universidad


Me llamaron hace unas semanas para preguntarme si me importaba que mi nombre fuera propuesto para el Consejo Social de la Universidad de Extremadura que preside Alberto Oliart. Formaría parte de la terna que elige la Asamblea de Extremadura y que, junto a otros representantes sociales, se integra en este órgano. De las tres personas, una la elige el PSOE, la otra el PP y la tercera se decide por acuerdo de ambos partidos. Me proponían para esa última plaza.

Dije que sí y el pasado día 14 la Asamblea de Extremadura aprobó la terna. Desde 1997, cuando terminé con mis diez años de concejalía, no ejerzo responsabilidad pública alguna. El Consejo Social de la Universidad dista mucho de ser un foro político de primera línea y quizás por eso me interesa. Ya hablaré aquí de esa experiencia.

Premjeet


Desde hace cinco días alojamos en casa a un muchacho de Malasia. Por sugerencia de unos amigos nos asociamos a AFS Intercultura, una organización internacional de voluntariado sin ánimo de lucro que promueve actividades de acogida de estudiantes extranjeros. Hemos empezado con el programa de invierno, que consiste en acoger durante los meses de diciembre y enero a un chaval de algún país del hemisferio sur (para que coincida con sus vacaciones de verano). Durante dos meses convive con nosotros, asiste a clase en el instituto, aprende castellano y se relaciona con Juan. El chico se llama Premjeet y es natural de Georgetown, de la provincia malasia de Penang. Tiene quince años, su padre es malayo y su madre india, habla inglés y es un punjabi sikh. Las cenas (cuando nos vemos al cabo del día) son para todos una experiencia educativa: nos contamos costumbres, nos reímos con las trampas que provocan los idiomas y aprendemos algo de tolerancia y cultura de la diferencia. Muy recomendable.

lunes, 11 de diciembre de 2006

Las víctimas


La justicia no puede estar en manos de las víctimas. En ningún caso. La civilización es, en este sentido, el empeño de que la gente no se tome la justicia por su mano. Creo que ese principio debe regir tanto para la recuperación de la memoria histórica como para el proceso de paz contra los terroristas de ETA. La justicia no es la venganza. Y comprendo el dolor, pero las decisiones políticas no deben tomarse con esa espuela clavada en los ijares.



(Ilustración de Héctor Germán Santarriaga)

domingo, 10 de diciembre de 2006

domingo, 3 de diciembre de 2006

Las esquelas


A mi amigo Justo le han dado hoy un montón de esquelas publicadas en El Mundo y, con mala intención, le han dicho que se las hiciera llegar a la presidenta de la Asociación de Recuperación de la Memoria Histórica de Zafra. Justo es el vicepresidente de esa asociación. Molesto, se ha ido a casa con las esquelas y ha escrito un texto:

Un conocido mío me manda unas esquelas mortuorias recortadas de periódicos, las cuales son recordatorios del 70 aniversario de la muerte de algunas personas de derechas que fueron asesinadas por “las hordas marxistas” en Paracuellos del Jarama. Incluso me envía la esquela de una señora fallecida este año, viuda de un capitán de la Legíón, “muerto en combate en Aaiun, el 13 de enero de 1958” (por si no lo sabe le aclaro que Aaiun es de Marruecos).
Este conocido que me envía las esquelas está completamente confundido. Nuestra Asociación no pretende abrir viejas heridas, sino todo lo contrario. Sólo pretendemos que las víctimas del bando perdedor de la guerra civil recobren la dignidad perdida, enterrada con ellos en fosas comunes, en descampados, en cunetas, en pozos de minas abandonadas. Sólo de esta forma, es decir, haciendo justicia a la memoria, recobrando el honor, se podrá cerrar para siempre el capítulo pendiente de la guerra civil.
Naturalmente que el bando republicano también cometió asesinatos, pero la mayoría de estas víctimas, a las que me refiero respetuosamente, pudieron ser enterradas dignamente, recibieron toda clase de honras fúnebres y homenajes y sus nombres fueron escritos en los muros de las iglesias, en las Cruces de los Caídos, incluso algún religioso fue canonizado; los soldados alemanes, que lucharon al lado de Franco, tienen un cementerio en las proximidades de Yuste, y en la cabecera de sus tumbas en el suelo tienen verticales lápidas con sus nombres y fecha de su muerte. Los soldados italianos también tienen otro cementerio.
Sin embargo los españoles que murieron por pertenecer a un gobierno legal, que defendía la libertad, la igualdad y la prosperidad, fueron condenados al olvido, en fosas de silencio, intocables, guardadas por el miedo.
La Declaración Universal de los Derechos del Hombre, aprobada por la ONU en 1948 dice que todos tenemos derecho a un enterramiento digno, y yo pienso que es lógico que los hijos o los nietos de esos miles de hombres y mujeres que están en fosas comunes en toda la geografía española, pretenden recuperar los restos de sus familiares, sin rencores, sin odios, para enterrarlos dignamente.
Las esquelas mortuorias a que me refería al principio me han hecho pensar en algo que no queremos recordar y es que los franquistas asesinaron en Zafra a unas 200 personas y que los “rojos” no mataron a nadie y defendieron a las personas de derechas que estaban en peligro en aquellos turbulentos días. Nosotros ya hemos pasado la página de la guerra civil, pero seguiremos atendiendo y distinguiendo a todos aquellos que sufrieron los rigores de la guerra y a los que deseen recuperar la memoria histórica.

Justo Calderón tiene ya 82 años y su nombre es de esos que sólo ponían los republicanos de entonces, como el de Libertad, la destinataria final del montón de esquelas. Justo es hijo de Luis Calderón, un concejal de Zafra que fue asesinado por los fascistas en 1936. Su padre sufrió una parálisis por la tensión vivida al huir de Zafra. Los falangistas lo capturaron en Fregenal de la Sierra. No pudo escaparse de la cama de la clínica en la que convalecía. Incapaz de ponerse de pie, sus verdugos lo fusilaron en el suelo.
A Justo no le hace falta que nadie le de esquelas. A diferencia de muchos que ahora siguen publicándolas, él es uno de los que durante cuarenta años no pudo hacerlo.

Supongo que a eso se refiere la viñeta de El Roto.

domingo, 26 de noviembre de 2006

Buen fin de semana


Hasta las 10 de la noche del viernes estuve ocupado con asuntos del trabajo, pero me llamó Eva, que había ido a escuchar a Adolfo García Ortega al Seminario Humanístico de Zafra, y llegué a tiempo para asistir a la cena ―yo ya había cenado― de amigos y amigas como Álvaro Valverde, Yolanda Gómez, Rosa Panea y Luciano Feria, acompañando a Adolfo.

Bajo la horterada con que camuflan ahora la claraboya decimonónica del casino de Zafra,
hablamos de política y literatura hasta la una de la madrugada. Nos llevamos para casa el último libro de poemas de García Ortega, Te adoro Kafka, y al día siguiente le correspondo con la dedicatoria con que encabezo La amargura de la memoria, que le llevo al Parador de Zafra antes de que vuelva a Madrid. Álvaro, Yolanda y Alberto, su hijo, van camino de Jerez de los Caballeros.

A mediodía de ese sábado, en la llamada plaza de los escudos, concentración en protesta por la agresión a mujeres. Somos pocos ―ni siquiera un centenar―, y aún menos hombres. ¿Qué pasa con esta tragedia, que alguno sigue permitiéndose risitas y algún chiste? En media hora en la plaza oigo cuatro bromas de hombres ―algunos, amigos― sobre el tema. ¿Alguien se permitiría hacer chanzas a costa de las víctimas de ETA? Por cierto, ¿a quién se le habrá ocurrido hacer coincidir la manifestación de ayer en Madrid con el día en contra de la violencia de género?

Tengo un cansancio de días y hoy no perdono la siesta. Hacía meses.... Desde años no distingo entre el trabajo y el ocio. Creo que nunca he sabido lo que es un horario laboral estándar. Mezclo horarios y de eso siempre resulta cierto desorden escasamente burgués, que es lo que uno es ―querámoslo o no. Por ejemplo, sigo sin conseguir ponerme al día en la contestación de correos electrónicos. Lo de las cartas era más fácil, pero esto de los correos no hay quien lo lleve bien.

Plácida ―y ocupada― mañana del domingo y a mediodía nos vamos a Badajoz. Un amigo y compañero de trabajo, Javier Moreno Romagueras, nos ha invitado a los tres ―Juan viene― a comer en su casa con su mujer y su hija, Lourdes y Silvia. Hablamos de los niños y de la vida y todos tenemos una extraña sensación de descanso. De vuelta a casa, sorprendente reportaje de La 2 sobre globalización, terrorismo y guerra de Irak.

El domingo termina. He dejado pendiente un artículo sobre la subida de las columnas fascistas de Sevilla a Talavera de la Reina... y tengo que leer a Juan Huarte de San Juan y su Examen de ingenios para las ciencias.

Buen fin de semana. No es un saludo; lo aseguro.

domingo, 19 de noviembre de 2006

Palmira Gordillo


La Asociación de Recuperación de la Memoria Histórica de Zafra se reunió el viernes pasado y decidió galardonar con el premio “José González Barrero” 2006 a la asociación cultural Morrimer de Llerena y a Palmira Gordillo. Es la sexta ocasión que se conceden estos galardones, y la primera que se otorgan a la vez a una persona y a una entidad.

Los Morrimer son los autores del documental
La columna de los ocho mil y Palmira es una militante de izquierdas, hija del primer teniente de alcalde socialista de Zafra durante la República, exiliada durante varias décadas debido a sus ideas políticas. Cuando apenas tenía dieciséis años –el 14 de abril de 1931- Palmira colocó la bandera republicana en el balcón de la Casa del Pueblo de Zafra, después fue una activa afiliada de la UGT y una de las fundadoras en 1934 dentro del sindicato de la Sociedad Femenina de Oficios Varios. Su actividad política le convirtió en una de las personas más buscadas por los fascistas al tomar la ciudad, pero Palmira logró huir y, tras pasar por Burguillos del Cerro, llegó a Castuera donde residió buena parte de la guerra. En los primeros días de febrero de 1939 cruzó a pie los Pirineos junto a la familia del diputado socialista de Barcarrota José Sosa Hormigo y se instaló durante unos meses en Limoges. El 12 de julio salió desde Burdeos hacia México en el buque transatlántico Mexique, arribando a Veracruz quince días después. En México estuvo exiliada más de cuarenta años. Allí conoció a su marido, Carlos Fernández, un militar gallego de la Marina republicana, también exiliado. Durante mucho tiempo tuvo prohibida la entrada en España por “indeseable” pero a partir de los años 70 comenzó a visitar cada cierto tiempo España, asentándose definitivamente a comienzos de los 80 en Barcelona, donde hoy reside a los 92 años de edad.

Ayer hablé con José María Romero, uno de sus sobrinos residentes en Zafra, para comentarle la concesión del galardón. Hoy he vuelto a hablar con él sobre el tema, pero al llamarle por teléfono me ha dicho que me acercara a su casa, que me tenía preparada una sorpresa. Un tanto extrañado me ido para allá y al llegar me he encontrado sentada en el sofá a Palmira Gordillo. La casualidad ha hecho que viajara a Zafra desde Marbella, donde reside uno de los nietos, al día siguiente de la decisión sobre el premio. En los pocos minutos que he estado con ella he asistido a un momento de intensa emoción. Ha llamado Libertad González, hija de José González Barrero, y han hablado por teléfono. Una conversación que sólo parcialmente he escuchado, pero que he ido reconstruyendo a partir de las palabras de Palmira: la hija del alcalde republicano de Zafra, que a partir de los dos años ya no vio más a su padre, asesinado en Castuera en 1939, hablando con la del primer teniente de alcalde, que si conoció y trató a José González. A una le mataron al padre y la otra no pudo volver a verlo. La historia iba y venía por el móvil; de una a otra. Era una conversación que debería de haberse producido hace décadas. Cuando se han despedido, todos teníamos los ojos humedecidos.

Al final, Palmira me ha presentado a una de sus hijas, Luz Fernández Gordillo, doctora en Filología, lexicógrafa del Colegio de México y autora del Diccionario del Español Mexicano, y me ha prometido que vendrá al acto de entrega del premio, el próximo 16 de diciembre.

jueves, 16 de noviembre de 2006

5.251 Lama



En Badajoz residimos 48 personas cuyo primer apellido es Lama, aunque en su momento nacimos 81. En Cáceres sólo viven 5 y todos lo llevan de primero. En España somos 2.604 Lama de primero, 2.647 de segundo y 36 que llevan los dos apellidos. Aunque dicen que tiene origen cántabro y mi rama proviene de Galicia, entre Sevilla y Córdoba están un tercio de los residentes apellidados Lama de toda España.

Muy curioso el servicio de consulta sobre distribución territorial de apellidos que ha abierto en la web el Instituto Nacional de Estadística.



La fotografía es de este verano y está hecha en Barcelos (Portugal). Cada una de las freguesías del concello monta una especie de panel decorado alrededor de la plaza. Una de las freguesías se llama Lama

Nazis en Extremadura


Un reciente intercambio de correos con Antonio Rodriguez, joven investigador cacereño, me ha hecho recordar un artículo que publicamos Paco Espinosa y yo en agosto de 2002 en la revista de fiestas de Reina (Badajoz), que tan dignamente se edita cada año gracias sobre todo al empuje de Antonio Gálvez Sánchez.

El título del artículo es Nazis en Cabeza la Vaca, y en él narrábamos el accidente en el que murieron seis aviadores de la Legión Condor en la sierra extremeña de la Buitrera (cerca de Cabeza la Vaca, al sur de la provincia de Badajoz) el 16 de abril de 1938. El olvido del franquismo no sólo tiene que ver con la represión de los vencidos, sino con el ocultamiento de hechos de su propio bando que al cabo del tiempo poco agradaban a los gerifaltes de la dictadura; por ejemplo, la participación de las tropas alemanas de Hitler en apoyo de los sublevados. La llamada “causa nacional” de la que siguen alardeando algunos ultras fue realmente la causa del fascismo internacional y en ella colaboraron alemanes, italianos, portugueses, magrebíes y rusos blancos, entre otros.

Hay una magnífica colección de fotografías (como la que publico) realizadas por un fotógrafo de la Agencia EFE el 2 de mayo de 1939 en Cabeza la Vaca, con motivo de la erección de un monolito en la sierra donde se estrelló el bombardero bimotor Heinkel-111.

Ese monolito sigue hoy en la sierra, olvidado y cubierto de musgo, como espero que estén para siempre las ideas políticas de quienes lo erigieron. Aunque a algunos les pese.

domingo, 12 de noviembre de 2006

Una semana "histórica"


La próxima semana Badajoz nos ofrece varias actividades de interés sobre la historia de la guerra civil española.
Mañana lunes, en el Hotel Zurbarán (20.00 h.), el historiador Paul Preston dará una conferencia en la primera actividad pública que, tras su presentación, celebra la recién creada Fundación Cultura y Estudio de Comisiones Obreras. Doble satisfacción para mí, afiliado a CC.OO., y que tengo el honor de presentarlo.
Después, en el fin de semana, gracias al empeño de Isabel Barceló y al patrocinio de la Diputación van a celebrarse unas jornadas de título sugerente: DOS. BADAJOZ MADRID. Agonía y gloria de dos ciudades durante la guerra civil española.
El programa de actos de los días 17, 18 y 19 de noviembre ofrece propuestas muy interesantes: un diálogo público entre los historiadores Francisco Espinosa y Alberto Reig Tapia; la presentación de dos libros recientes (el de Ismael Lafuente, sobre Clara Campoamor, y el de José Andrés Rojo, sobre el general Rojo); una charla del escritor Javier Rioyo; la proyección de dos documentales (Spanish Earth, de Joris Ivens, y el capítulo sobre Badajoz de la famosa serie acerca de la guerra civil española de Granada Televisión); un diálogo entre los novelistas Antonio Ferrés y Justo Vila; y otro diálogo entre los dramaturgos José Moleón y Miguel Murillo.
Y para cerrar, el sábado tengo reunión en Villanueva de la Serena de la directiva de la Asociación de Recuperación de la Memoria Histórica de Extremadura.
Sí, una semana "histórica".

domingo, 5 de noviembre de 2006

Las primeras setas


El otro día nos comimos las primeras setas de la temporada. Fue en casa de Antonio Tomillo que, además de aficionado a recogerlas, es un excelente cocinero... y biólogo (que no viene nada mal tratándose de hongos). El menú fue: rebozuelos con puerros, champiñones con pollo, tortilla de rebozuelo, revuelto de rúsula y lepiota empanada.

En la tertulia de sobremesa nos preguntamos la razón por la que en el sur de Extremadura nunca hubo costumbre, hasta hace unos pocos lustros, de coger setas. Sí..., el miedo a ingerir alguna venenosa, pero el riesgo es el mismo en cualquier zona de España, y las hay donde son toda una tradición. Ni en la posguerra, con el hambre que se pasó, se cogieron y comieron por aquí, como señalaba Maurizio Catani en su libro Comer en Tentudía. Alguien preguntó si antes de la guerra la gente acostumbraba a recogerlas y aventuró si la posterior aversión hacia ellas no vendría dada por el miedo de los de la clase más acomodada a ser envenenados por algún campesino, que eran quienes conocían el campo y podían llevarlas a casa de los ricos. No sé. Parece una hipótesis un tanto rocambolesca, pero ¿quién sabe?

sábado, 28 de octubre de 2006

El peligro de la memoria



Durante cuarenta años sólo a unos les dejaron contar su versión de la historia. Desde 1977 podemos hablar todos... más o menos. Llevamos tres décadas con cierta igualdad de condiciones y ya vuelven a las andadas. Aunque ellos no han dejado de hablar en setenta años, les sigue molestando que los otros estén ahí, con papeles, con libros, con fosas.

Como casi siempre, a El Roto no le hacen falta tantas palabras.

domingo, 22 de octubre de 2006

García Montero


"Los animales tienen la virtud de la sensación, y aunque la sensación está en todos, sólo en algunos persiste. Eso es la memoria y eso nos hace seres de experiencia". Estas son las palabras que el filósofo Emilio Lledó empleó el otro día para defender la poesía de la experiencia con motivo de la presentación de la obra completa de Luis García Montero, uno de los más afamados seguidores de esta corriente poética, que algunos denostábamos por estos lares en los ochenta.

De García Montero se habla mucho en los últimos días por la polvareda que ha levantado su artículo del pasado día 14 en la edición andaluza de El País. Con el título “Lorca era fascista” arremetía contra su compañero de la Universidad de Granada, José Antonio Fortes, criticando sus opiniones literarias pero aireando también —y no parece el sitio más oportuno— peleas de departamento. Hoy el Defensor del Lector de ese periódico le dedica unos párrafos al asunto sin asomo de autocrítica.

En fin, no sé si será por esta polémica o por el respeto que me merece Lledó, pero el caso es que cuando hace dos días me llamó Luciano Feria y me dijo que eligiera un libro —como regalo del Seminario Humanístico de Zafra por haber presentado a Álvaro Valverde en la lectura de poemas que ofreció aquí en el mes de abril— elegí la recién publicada poesía completa de García Montero. No sé donde vamos a llegar. Yo leyendo poesía de la experiencia y, además, a cuenta de Álvaro.

sábado, 21 de octubre de 2006

La ola


Las lluvias de ayer son hoy un sol tibio que asoma entre las nubes. Ojalá vuelva a llover. Quizás a la espera, el día está mimoso. Dice mi madre que no hay sábado sin sol ni mocita sin amor. En fin, a lo nuestro:

Desde hace días quiero escribir sobre la ola, ese fenómeno colectivo del público de un estadio durante el cual los espectadores se convierten en el espectáculo. En la Wikipedia se duda sobre sus orígenes aunque se recoge la posibilidad de que fuera creado casualmente en un juego de la liga de hockey sobre hielo en Canadá en 1980.


Alguna vez he pensado que los del norte de América suplen su carencia de historia con la tendencia a creer que todo lo han inventado ellos. ¡Para qué hacen falta siglos si todo se origina aquí!, pensarán.

Estos días leo Los recuerdos de un anciano (1878), de Antonio Alcalá Galiano, uno de los mejores libros de memorias del siglo XIX español. En un pasaje describe los teatros de Madrid de 1806 y, hablando de uno de ellos (el de la Cruz) , dice: el espacioso patio, cuando estaba lleno, causaba a la vista y al oído un efecto por demás desagradable, viéndose en él lo llamado con propiedad oleadas, porque imitaba la gente empujándose el movimiento del mar, y aún podía mirarse como remedo de sus bramidos la gritería, que era consecuencia del atropellarse y estrujarse de los concurrentes, en un lugar, así, como de diversión, de tormento.

martes, 17 de octubre de 2006

Memorable palíndromo



Mi afición por Gonzalo Hidalgo me lleva al blog de Miguel Pedrero, Cuaderno de Febo, donde descubro un palíndromo memorable:

NOTA EPICA: NACI PEATON

Esas palabras dan sentido a mis diarias esperas en la estación de autobuses de Mérida antes de subir al autobús que me devuelve a Zafra.

Creo que ya tengo epitafio.

sábado, 14 de octubre de 2006

Chavela y unos versos


Paso la tarde con tareas domésticas y escuchando a Chavela Vargas. La grabación me la procuró mi amigo Honorio. Se hizo durante el concierto que dio la mexicana en Badajoz el 15 de noviembre de 1997. En la carátula de la cinta escribí a lápiz que sólo existen diez copias de esa grabación. La he oído decenas de veces: Piensa en mí, El último trago, Luz de luna, Llorona...

Si porque te quiero quieres,
llorona,
quieres que te quiera más.
Si porque te quiero quieres,
llorona,
quieres que te quiera más.
Si ya te he dado la vida,
llorona,
¿que más quieres? ¿quieres más?

Me suenan esos versos del zapoteco que canta Chavela. Mi padre me enseñó un trabalenguas que termina igual.

Quiero y no quiero querer
a quien no queriendo quiero.
He querido sin querer
y estoy sin querer queriendo.
Si porque te quiero quieres
que te quiera mucho más
te quiero más que me quieres,
¿que más quieres? ¿quieres más?

Y aun me suena un romance con letra parecida. ¿Tendrán relación estos versos entre sí? Chi lo sa

viernes, 13 de octubre de 2006

A un año de la muerte de Catani


Hace un año y diez días que murió Maurizio Catani. Desde hace semanas le daba vueltas a publicar aquí el artículo que le dedicamos en Hoy y El Periódico Extremadura Luciano Fernández y yo. Sirva de reiteración de nuestro afecto.

Fue en París, el pasado 3 de octubre. Un fallo cardíaco en el que culminaba una tortuosa enfermedad ha acabado con la vida de Maurizio Catani, antropólogo italiano que dedicó parte de su trabajo a la investigación etnográfica en Extremadura.
Nacido en Roma en 1937, Catani vivía desde 1961 en Francia, donde hace tres años se jubiló como miembro del Museo de Artes y Tradiciones Populares de Paris. Doctor en Sociología por la Universidad René Descartes, fue docente de ese centro durante años y profesor visitante de las Universidades de Nápoles y Bruselas. Consultor de la UNESCO, realizó viajes y estancias profesionales en Guadalupe, Italia, Brasil, Argelia, Marruecos y Túnez, dictando conferencias y publicando artículos en revistas italianas, francesas, belgas y españolas. Interesado en la historia de la vida social, en la transmisión de conocimientos entre generaciones y en los procesos de alfabetización de inmigrantes, escribió varios libros sobre estos temas entre los que destaca
Tante Suzzane, une histoire de vie sociale, publicado en colaboración con S. Mazé en Paris en 1982.
Pero desde hacía más de veinticinco años la actividad intelectual de Maurizio Catani, y una parte notable de su vida, estaba centrada en Extremadura, que visitaba cada pocos meses. De 1982 a 1984 fue profesor asociado de la Universidad de Extremadura y por esas mismas fechas comenzó a interesarse vivamente por la comarca de Las Hurdes, de la que publicó en 1989, y como uno de los cuadernos populares de la Editora Regional, la obra
La invención de Las Hurdes. Una sociedad local centrada en sí misma. Allí impulsó el Centro de Documentación de Las Hurdes e hizo decenas de sus peculiares entrevistas en las que indagaba sobre las fiestas, las comidas antiguas o los oficios.
Si su interés por lo extremeño comenzó en el norte, por Las Hurdes, durante el último decenio lo trasladó al sur, a la comarca extremeña de Tentudía, donde participó en el proyecto “Memoria colectiva de Tentudía” y sobre la que publicó su último libro,
Comer en Tentudía, una aproximación etnográfica a la comida y a los hábitos de vida de las gentes de la comarca en los últimos setenta años. Su conocimiento de la realidad extremeña le llevó a coordinar la Oficina Etnográfica de Extremadura de 2001 a 2003, último empeño de Catani en estas tierras.
Maurizio fue un hombre escéptico pero a la vez profundamente interesado por lo que le rodeaba; un intelectual pero también un hedonista, siempre con los sentidos alerta. Sólo hubo una excepción en esa personalidad dual: Extremadura, a la que dedicó un afecto sin alternativa.

Un libro pésimo


A finales de 1978 Fernando Sánchez Dragó publicó su renombrada Gárgoris y Habidis, Una historia mágica de España. Me compré la séptima edición, de octubre del 79. Dos mil doscientas pesetas: un pastón para la época. En mayo de 1982 elegí esta obra para hacer un trabajo de quinto de carrera, en la asignatura de Historiografía de la Historia Contemporánea. La propuesta de Dragó me resultaba simpática. Eran, para mí, años de tanteo (al final, todos lo han sido) y su heterodoxia me complacía.

No era tan complaciente con ella un sector de la intelectualidad española de entonces. Uno de los más radicales en su crítica fue Leopoldo Azancot. Escribió un artículo demoledor en Nueva Estafeta (mayo de 1979) bajo el título, bien significativo, de “Fascismo y búsqueda de los orígenes”. Además de definir la obra como “específicamente fascista” y de sorprenderse de que en sus cuatro tomos y más de mil páginas no hubiera ni una sola idea ni nada imaginativo —y que no fuera, por tanto, ni ensayo ni obra de ficción—, Azancot concluía preguntándose:
¿qué concepto de la literatura subyace en ella? La respuesta no puede ser más simple: ese concepto exclusivamente verbal del hecho literario que viene esterilizando buena parte de la literatura española desde hace tres siglos (...) Tal concepto, que da origen a una estética de buñuelo de viento o del cuesco floreado, empuja a Sánchez Dragó a escribir siempre “los eventos consuetudinarios que acaecen en la rúa” y no “lo que pasa en la calle”, a no llamar nunca “al pan, pan, y al vino, vino”—quizá porque en su obra no hay ni pan ni vino.

No he leído ninguno de los libros que Sánchez Dragó ha publicado desde entonces, pero este verano en Salamanca me picó la curiosidad al ver la portada de Muertes paralelas y desembolsé incautamente los 23,50 euros del precio de éste, vendido con el reclamo de Premio de Novela Fernando Lara 2006.

Aunque con dificultad, he terminado de leerlo y estoy realmente sorprendido. Hacía tiempo que no leía algo tan mal escrito y, al tiempo, de tal indecencia intelectual. Un libro al que, casi treinta años después, le cuadre tan bien un comentario crítico dirigido a otro libro del mismo autor.


Mal escrito porque, en efecto, es literatura de cuesco floreado, de inconsistente verborrea, de continuas oraciones incidentales, paréntesis dentro de paréntesis, en los que el autor se quita la palabra a sí mismo e introduce al lector en un mareante tiovivo dialéctico. Dragó habla mejor que escribe (lo mismo le ocurre a Gala) e incurre en el error de trasladar, sin más, técnicas oratorias de éxito al lenguaje escrito. La literatura en cuyos altares oficio obliga a recurrir a efectos retóricos, se excusa el autor. No me basta.

Dice Sánchez Dragó que la suya es una novela verité, y con eso pretende hacer algo entre el ensayo y la novela pero que al cabo —si recuperamos las palabras de Azancot—no tiene ni ideas para ser uno ni imaginación para ser otra. También la define como obra en marcha y con ese argumento nos somete a un vaivén de ideas en el que lo que afirma en una página lo niega radicalmente cuatro más adelante, sin que esa peculiar palinodia tenga más objetivo —fracasado, sin duda— que hacer partícipe al lector de la supuesta zozobra vivida por el escritor en la indagación de los datos.

En la crítica de las hechuras formales del libro habría que incluir también la auto-cita continua: larguísimos artículos anteriores y extensos fragmentos de otras obras suyas que coloca en el texto sin sonrojo alguno y que ayudan mucho a que alcance las 663 páginas. Y el insoportable tono autosuficiente, pedante y ególatra que continuamente adopta.

Pero lo peor de todo es el contenido. Convierte la historia del asesinato de su padre en septiembre de 1936 por los falangistas, y la crónica de la investigación emprendida por él para esclarecer las circunstancias de la muerte, en un relato autobiográfico y en una nueva oportunidad para conocer sus ideas reaccionarias. Aunque reconozco haber dado un respingo sobre el asiento tras leer la equiparación que hace entre Unamuno y un agitador radiofónico de actualidad (Miguel de Unamuno y Jiménez Losantos de Maeztu, epígono del 98, regenerador de España, indignado Savonarola e insobornable conciencia de su país), tampoco es eso lo peor.

Lo más indecente es que, quizá contrariado con que fueran los falangistas quienes asesinaran a su padre, nos presenta la muerte del progenitor como una especie de fatal casualidad: “lo mataron unos pero podrían haberlo matado otros”, viene a decir. Como a José Antonio Primo de Rivera, por lo visto, podrían haberlo matado los franquistas...

Más allá del ejercicio de historia-ficción que suponen, estas teorías sobre la guerra civil siempre me han parecido justificaciones descaradas de los asesinos y desvarío sobre las razones profundas de los asesinatos. Y como colofón, para los muy escépticos, Sánchez Dragó prepara un argumento cándido: a su padre no lo mataron los falangistas, sino los falangistas malos. Será por eso que él, tras caerse del caballo, se ha hecho muy amigo de los falangistas buenos.

En fin, quien quiera leerlo que no lo compre: se lo dejo. Mi único consuelo será saber que no he gastado los 23,50 euros por una sola lectura.

Yunus, Nobel de la Paz


Me acabo de enterar: Muhammad Yunus, Premio Nobel de la Paz. Me alegro muchísimo. Es el creador de los microcréditos y del Banco Grameen, el banco de los pobres, en Bangladesh. A finales del mes de enero pasado asistí a una conferencia suya en Sevilla y di cuenta de mi satisfacción en este
blog: es la única persona en el mundo -decía entonces- que ha sido propuesta al Premio Nobel de Economía pero también sería, con los mismos méritos, Premio Nobel de la Paz. Un tipo magnífico.
Quien ha acertado ha sido el Comité noruego del Nobel, responsable de la designación.

martes, 3 de octubre de 2006

De derechas, como Dios manda


Cuando la realidad ofrece pocas noticias o las que ofrece no satisfacen las expectativas de venta o de infamia —tanto da— de algunos medios de comunicación, no cabe otra que dedicarse a la ficción. Y de eso saben mucho tanto El Mundo como la COPE que, tras el olvidado “periodismo de investigación”, han puesto de moda el “periodismo de invención”.

Ya no dan noticias: las inventan. Y, además, en vez de dar cuenta de la opinión de los partidos políticos, estos medios son quienes —en referencia al Partido Popular— inducen esa opinión y le marcan la ruta.

Todo viene del 11-M y de las teorías de la conspiración. El asunto es tan descarado que hasta ABC, de derechas como Dios manda y que nunca ha desperdiciado una oportunidad de arremeter contra la izquierda, se ha situado frente a sus colegas ideológicos y defiende la versión oficial.

Hoy en el Partido Popular el criterio para distinguir sensibilidades políticas, la diferencia entre la ultraderecha y la derecha, es leer El Mundo o el ABC.

jueves, 28 de septiembre de 2006

Monumento en memoria de las víctimas de Badajoz en 1936


No pude asistir el viernes pasado en Badajoz a la inauguración de la escultura de Blanca Muñoz, junto al Palacio de Congresos, en homenaje a los asesinados de agosto de 1936 ni a la apertura de la exposición sobre la guerra civil cuyo comisario es Enrique Moradiellos. Sobre esta última hablaré en unos días, cuando pueda verla.

Acerca de la escultura me llegan quejas de varios amigos sobre cómo se desarrolló el acto inaugural y alguno, incluso, deplora la propia apariencia de la obra. Por las fotos que me envían no comparto estas opiniones estéticas: parece interesante la propuesta de la artista y “no da mal” en las imágenes que conozco, aunque la relación de la pieza con el motivo que dice inspirarla sea poco significativa. La autora arguye que cada 14 de agosto, aniversario de la toma de la ciudad, proyectará una galaxia espiral dentro de los límites de su base y que está formada por una serie de líneas que quedarán casi todo el año desordenadas sobre el suelo, salvo los días en torno a esa fecha.

Más allá de la controversia estética, lo que me preocupa es lo que me dicen del acto inaugural: no hubo ni un minuto de silencio, ni unas palabras, ni nada, todo se redujo al frío acto de correr la tela que lo cubría. Además no existe ni un humilde texto o cartel en el suelo o junto al monumento, que indique a qué o a quiénes, está dedicado el monumento.

La Asociación de Recuperación de la Memoria Histórica de Extremadura reivindica que se coloque una placa junto al monumento, con el título de la obra y la oportuna dedicatoria. Además sigue siendo necesaria la instalación en el interior del palacio de un memorial, un pequeño espacio en recuerdo de los temibles hechos ocurridos en Badajoz en 1936 y que tuvieron en la derruida plaza de toros su principal símbolo.

martes, 26 de septiembre de 2006

Nuevo libro de Francisco Espinosa


Recibo hoy el último libro de Paco Espinosa, Contra el olvido. Historia y memoria de la guerra civil, publicado por Crítica y con prólogo de Alberto Reig Tapia. Con tiempo apenas para hojearlo, compruebo que se trata de una selección de algunos de los trabajos que complementan la labor emprendida durante los tres últimos lustros por este historiador extremeño. Junto a los títulos principales de su historiografía (La guerra civil en Huelva, La justicia de Queipo o La columna de la muerte), los textos aquí reunidos, la mayoría de ellos publicados pero de difícil localización, están lejos de ser la viruta en el suelo del taller del carpintero.
Aquellos que ya había leído, como "Literatura e Historia: el caso de Pascual Duarte o el crimen que nunca existió" (incluido en la obra homenaje a Josep Fontana), "Historia, memoria, olvido: la represión franquista" (del volumen que coordinó Arcángel Bedmar en Lucena) o "El fenómeno revisionista o los fantasmas de la derecha española" (publicado como libro exento en Badajoz el año pasado), son piezas, aunque breves, igualmente importantes en su trayectoria. Y otros que sólo conozco ahora, como "El cura y el falangista. Hinojos y Rociana, dos historias del 36" o "Agapito García Atadell en el infierno de Queipo" son propuestas sugerentes, cuya excelencia espero confirmar al leerlas.
La portada, de tonos morados, recuerda una placa republicana de Talavera del Tajo

jueves, 21 de septiembre de 2006

"Uno de los nuestros"


Se dice que Pio Cabanillas padre siempre preguntaba después de unas elecciones: ¿quiénes hemos ganado esta vez? No sé si el alcalde de Badajoz emula antes de tiempo al fallecido político franquista o es que ya (y faltan ocho meses) no da ni un duro por la opciones de su partido, el Popular, en los comicios autonómicos del año próximo en Extremadura. El caso es que sus declaraciones con motivo de la designación del sustituto de Juan Carlos Rodríguez Ibarra en la cabecera de la candidatura del PSOE han sido las más graciosas de todas las que he leido y escuchado estos días. Miguel Celdrán ha dicho que le gusta Guillermo Fernández Vara porque si el Partido Popular pierde las próximas elecciones al menos en la Junta habría alguien que ha pertenecido al PP.
Enternecedor.

sábado, 16 de septiembre de 2006

Puigdengolas


Desde hace unas semanas este blog tiene dos vidas. Una está aquí arriba y es la que se trenza con los artículos que publico y las anotaciones ocasionales de los lectores. No hay muchos sobresaltos y tanto las “entradas” como los comentarios se suceden remansadamente, pues escaso es el tiempo del que dispongo y modesto el interés que suscito. Pero, como en la famosa serie televisiva de hace unos lustros Arriba y abajo, también hay otra vida en el subsuelo de estas piedras del río. Y, para mi propia sorpresa, esta bitácora bulle ahí abajo, en los comentarios de una entrada antigua, la que titulé Extremadura en "El laberinto español", del 4 de mayo pasado. Allí una docena de lectores andan todavía enzarzados en un debate muy vivo sobre la guerra civil en Badajoz. Uno de los motivos de discusión es el armamento del que disponían los militares y milicianos que defendían la capital en agosto del 36.

He podido leer las memorias de Ildefonso Puigdengolas, el coronel que asumió la comandancia militar de Badajoz durante los días previos a la ocupación por parte de los sublevados. Me las ha pasado un amigo, que dispone de ellas desde mediados de 2003. Francisco Pilo citó en su último libro algunos fragmentos de este texto, que no quiso publicar íntegro para respetar la primicia de quien a él se lo había facilitado, alguien que al parecer prepara una tesis doctoral. Yo lo he recibido por otro conducto y estoy libre de compromiso alguno de confidencialidad. Por eso creo que debo citar las palabras de Puigdengolas que descubren el “secreto” acerca de las armas y los defensores de la ciudad y confirman —como ya destacó Francisco Espinosa en La columna de la muerte— que el número de ambos fue muy inferior a la leyenda.

Dice Puigdengolas que cuando llega a Badajoz en el atardecer del día 25 los campesinos que se mueven por la ciudad están armados de escopetas la mayoría. Y más adelante detalla que las armas recogidas por mí fueron las siguientes: 500 fusiles del Regimiento de Infª. nº 3, 400 que más tarde mandó Madrid y 200 del desarme de la Guardia Civil, los cuales distribuí en la siguiente forma: 150 que mandé a Mérida, 100 que más tarde entregué al Reg. de Infª. para armar a los soldados que volvieron de licencia y 15 que di a la estación de ferrocarril de Badajoz, para armar a los ferroviarios de ella, quedando por tanto para las Milicias 835. De estos pronto pude observar que próximamente a doscientos milicianos se habían ido a sus pueblos y, aunque se ordenó a los Alcaldes que regresaran éstos a Badajoz, nada pudo conseguirse, quedando por tanto 635 milicianos en la plaza.

De estos 635 milicianos Puigdengolas envió 120 a Mérida, 25 a Almorchón, 30 a Medellín, 30 a Puebla de Obando, 60 a Alburquerque y 20 para reforzar la columna de Martínez Cartón. De tal forma, dice el coronel -aunque aquí yerra en la resta-, que alrededor del día 12 de agosto el total de los milicianos que debían quedar en Badajoz, pero de cuyo número no respondo, era de 275 armados con fusil, 200 carabineros y próximamente unos cien soldados de Infantería.

miércoles, 13 de septiembre de 2006

El miedo



La viñeta de hoy de El Roto es una soberbia ilustración de una de las que el profesor Antonio Rodríguez de las Heras llamaba "siete regulaciones del conflicto": el miedo.

Junto con la sublimación, el favor, la culpabilidad, la desviación, la represión y la expulsión, uno de los instrumentos del poder para controlar a la sociedad, siempre potencialmente en conflicto con los del escenario.

Y Aznar desde la tira de Peridis, echando una mano, masculla: "España dividida e invadida"

Coetzee


Me lo prestó Benito Estrella recomendándome que lo leyera: Hombre lento, del nobel Coetzee (yo pronunciaba Coetzi, pero es Coezsía, me dice el también escritor Adolfo Gómez Tomé).

Es un relato sobre el desvalimiento del anciano Paul Rayment tras un accidente en el que pierde una pierna, y acerca de sus intentos por conseguir el afecto de una enfermera, Marijana, que le cuida en casa. En la página 93 el lector que asiste a la historia del viejo lisiado —amargado por la soledad y el barrunto de la muerte— se conmociona con la aparición en la novela de la escritora Elizabeth Costello que —como trasunto del propio Coetzee— es la autora del relato.

A partir de ese momento la relación irreal entre personaje y escritora —que discute con Rayment su comportamiento, le reconviene, le aconseja— se superpone sobre la peripecia real de los personajes, y Coetzee logra no sólo un relato moral sino una irónica reflexión metaliteraria.

sábado, 9 de septiembre de 2006

Mérito civil

José Durá, patrón
Bautista Molina, segundo patrón
Alvaro Domínguez, contramaestre
Jaime Valero, cocinero
Antonio Baeza, primero de máquinas
Juan Pascual Lafuente, segundo de máquinas
Jesús Nemiña, marinero
José Emilio Toba, marinero
Ramón Marcote, marinero
Manuel Pérez, marinero

Además, el patrón del "Francisco y Catalina" ha declarado que es suficiente con los 50.000 euros que les ha dado la Comunidad Valenciana, que no les hace falta ya más dinero de nadie.
Con los tiempos que corren, el mérito es doble.

viernes, 8 de septiembre de 2006

Acetre, 30 años


Hoy no hay duda: Acetre en Olivenza y en Canal Extremadura. Y así celebrar con ellos los 30 años. Me he perdido buena parte de su música, porque los conocí hace mucho menos. Creo que fue en Zafra... cinco o seis años, no sé. Forman parte de esa excelencia extremeña que hay que seguir aireando. Gente que hace bien las cosas. Da gusto escucharlos. Entre ellos y ellas, Diana Vara, espléndida, que colaboró con su violín en el homenaje al alcalde republicano de Zafra, José González, en abril de 2000.

domingo, 3 de septiembre de 2006

Épico


Acostumbrados a lo dramático o a lo lírico,

por fin lo épico.

sábado, 2 de septiembre de 2006



Sólo le falta la tilde,
como a la pacificacion

Los girasoles ciegos


Mi amigo Juan Santos Rincón me lo dejó hace unos días urgiéndome a que lo leyera pronto para evitarme más tiempo sin esa belleza.

Los girasoles ciegos, de Alberto Méndez (Anagrama, 2004).

Hacía tiempo que no me conmovía tanto un libro. Está escrito como a cincel, porque así es la huella que deja esa palabra en la realidad que indaga y en el ánimo de uno. Cuatro historias tristes de derrota.

“Primera derrota: 1939” o la peripecia de un capitán del ejército franquista, que se rinde al republicano unas horas antes de la capitulación de éste.

“Segunda derrota: 1940” o la desgracia de un poeta de dieciocho años que escribe un cuaderno en una cueva, hasta morir junto a su mujer y a su bebé.

“Tercera derrota: 1941” o la duda de un reo que miente al militar que juzga su causa y salva la vida, pero un día decide elegir la libertad de decir la verdad y de morir .

“Cuarta derrota: 1942” o el acoso a un profesor que sólo sale de su escondite para defender a su compañera del baboseo de un diácono y después se tira de un balcón para que no lo encuentren vivo.

Cuatro historias que acaban con la muerte, como acaba la vida, pero también cuatro historias de libertad, de libertades extremas.

Una lectura grande, de las que ya nunca se olvidan.

lunes, 28 de agosto de 2006

Enterrar a los muertos


Ignacio Martínez de Pisón es un novelista y ha publicado Enterrar a los muertos (Seix Barral, 2005), que no es una novela: es un libro de historia muy bien escrito. Estamos tan poco acostumbrados a leer páginas de historia bien escrita que cuando damos con ellas creemos que es un género distinto.

Por eso tras esta lectura reitero lo que una vez comenté a Santos Domínguez: como los historiadores no espabilen, la historia la van a escribir los novelistas. Y a mí no me parece mal, sobre todo si es tan minucioso y brillante, si escribe con tanto rigor, como el autor de este libro.

La historia, gracias a él, ya es conocida: el profesor republicano José Robles Pazos, amigo y traductor de John Dos Passos, desaparece en la Valencia de 1937. Y Martínez de Pisón investiga hasta concluir que fue asesinado por los servicios secretos de Stalin para evitar o castigar la revelación de algún secreto. Su propuesta es convincente, aunque algún escritor ahora ultraliberal lo haya querido atraer —sólo por eso— a su redil y alguna estalinista confesa haya pretendido empujarlo hacia allí.

Quien no es ni lo uno ni lo otro debe alegrarse -y si es historiador, aún más- de que esos sucesos de la retaguardia republicana abandonen también el silencio al que sólo un mal entendido antifranquismo había sometido. Y que además lo hagan con la palabra precisa y limpia de fidelidades totalitarias de escritores como Ignacio Martínez de Pisón.

domingo, 27 de agosto de 2006

La materia del sueño


El escritor se convierte en editor gracias al blog y puede conocer la reacción inmediata del lector ante sus textos. Esa es la principal novedad de esta especie de diario cibernético. De eso hablaba el otro día con Juan García Gutiérrez, uno de mis antiguos maestros de escuela, hoy catedrático —ya jubilado— de Latín.

Autor del estudio y traducción de un poema latino de interés para la historia del sur de Extremadura (Zafra y los demás pueblos del Ducado de Feria celebrados por Enrique Cock, 1976) y de un libro sobre artículos y ensayos (De la Vida a la Teoría, 2001), Juan nació en Aceuchal, donde los fascistas asesinaron a su padre —Eloy García Guerrero— hace ya casi setenta años, el 10 de septiembre de 1936.

Esa muerte le ha modelado la conciencia hasta convertir la denuncia del franquismo y la reivindicación de la memoria histórica en algunas de sus principales preocupaciones intelectuales y vitales. Puede haber quien piense que esos intereses casan mal con el perfil de un antiguo seminarista y experto en Latín, que se divierte escribiendo odas sáficas, que mantiene en Internet una
web sobre Zafra en la lengua de Roma y que frecuenta las revistas especializadas con artículos sobre la obra poética de Rubén Darío, Juan Ramón Jiménez o Miguel Hernández. Quienes le conocemos sabemos que no hay contradicción entre su apariencia apacible, sus gustos clásicos y la palabra rotunda con que escribe de la memoria.

Ahora ha abierto un blog: La materia del sueño.