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sábado, 16 de agosto de 2008

Un libro de viajes decimonónico


Me dicen que Josep Fontana ha tenido mucho que ver en el rescate de este magnífico libro de viajes por la España de la primera guerra carlista. No me extraña, porque la labor del maestro Fontana y de Gonzalo Pontón en la edición de libros de historia de la editorial Crítica es soberbia y ha convertido la editorial catalana en el principal sello para quienes gustamos de este tipo de obras.


Una nueva colección, con el nombre de “El tiempo vivido” y primoroso diseño, se acaba de abrir con Dos años en España durante la guerra civil, 1838-1840 del barón Charles Dembowski. El autor, italiano de origen polaco y residencia en Francia, recorrió varias ciudades españolas durante los años finales de la década de los treinta del siglo XIX. A partir de las cartas que enviaba a varios amigos (Merimée y Stendhal, entre otros) compuso este libro, que publicó por primera vez en París en 1841. Sólo una edición, de 1931, existía hasta ahora en castellano. Lo que resulta incomprensible ante el interés de un libro que es un buen relato de la situación de España en plena guerra carlista, con detalles sabrosísimos de las costumbres populares y una especial atención a las coplas y canciones oídas por el viajero en su ruta. Deliciosa lectura.

sábado, 3 de mayo de 2008

"Muerte al choricero"


"Muerte al choricero", gritan hoy en la tele los de Alcalá de Henares. El mismo día que sé que los del PP de la Diputación y el inefable Monago -animados por mi Alberto- visitan la tumba del tal en Paris. "¡Viva GHB!" me pide a mi el cuerpo gritar, y no por el choricero, ni por los del PP, sino por la síntesis.



jueves, 1 de mayo de 2008

Nuevo libro de Preston sobre Franco


Recibo de Preston su último libro, El gran manipulador. La mentira cotidiana de Franco. Como él mismo apunta en el prólogo se trata de una versión ampliada del que ya escribiera en 2003 en la serie "Cara y Cruz" de Ediciones B como reverso de la versión hagiográfica de Ángel Palomino: lo ahora publicado no sólo contiene la mayor parte de lo que apareció en el volumen original sino que refleja, también, mi obra más reciente y mis ideas sobre Franco desde que fue publicada la obra original. Añade el libro una perspectiva distinta a la hasta ahora conocida, ya que no sólo cuenta quién fue Franco, sino quien creyó ser: Héroe del Rif, Salvador de España, nuevo Emperador, Comandante de Numancia y padre y abuelo del pueblo, según la época. En este sentido, no es una biografía al uso, no pretende repasar de manera exhaustiva los hitos de la vida del dictador, sino sólo centrarse en aquéllos donde más se evidencia la mixtificación de su figura por la propaganda que él mismo impulsó.

La solvencia como historiador de Paul Preston está fuera de toda duda y, además, su pericia literaria dota a todos sus textos de una agilidad y limpieza extraña aún, por desgracia, en la mayoría de los libros de historia. El libro se lee en un pispás.

miércoles, 30 de abril de 2008

Sigue el acoso al historiador Dionisio Pereira


Ante el acoso al que sigue sometido el investigador gallego Dionisio Pereira, se está impulsando una nueva recogida de firmas de apoyo por un grupo de historiadores de Historia a Debate, que coordina Carlos Barros. El plazo para solidarizarse con Pereira estará abierto hasta el 15 de mayo. Las adhesiones (con los datos de nombre y apellidos, entidad, localidad y país) podrán enviarse a h-debate@cesga.es

El manifiesto, al que ya se han adherido un buen número de historiadores, es el siguiente:


Excmo. Sr. Presidente del Gobierno
Excmo. Sr. Presidente del Congreso de Diputados
Excmo. Sr. Presidente del Senado
Madrid, España

Los abajo firmantes, investigadores y profesores de historia de universidades y otros centros de estudio españoles y de otros países, queremos manifestar nuestra solidaridad con el historiador Dionisio Pereira, denunciado judicialmente una y otra vez por familiares de presuntos represores durante la guerra civil y la dictadura, que aparecen nombrados en las fuentes utilizadas en sus investigaciones publicadas sobre la represión franquista en el pueblo de Cerdedo (Pontevedra).

El Juzgado de Primera Instancia de A Estrada, amparando con abundante jurisprudencia sus derechos constitucionales de libertad científica y de opinión "en el terreno histórico", ha absuelto ya a nuestro colega, cuya situación legal depende, así y todo, de lo que decida próximamente la Audiencia Provincial de Pontevedra, y aún posteriormente de previsibles recursos a instancias jurídicas superiores. Un calvario judicial que muestra la flaqueza y vulnerabilidad de nuestra joven democracia y su ordenamiento legal en el tema que nos ocupa.

La difusión de esta anómala situación ha destapado en toda la geografía española otras parecidas que están siendo resueltas "caso a caso" por los tribunales de justicia, con la consiguiente alarma de los historiadores, que vemos así dificultado nuestro trabajo sobre la historia española reciente ante la posibilidad de ser víctimas del acoso judicial de los descendientes de las personas que aparecen en la documentación, oral y escrita, como responsables de torturas y asesinatos de personas por causa de sus ideas durante la guerra civil y la dictadura franquista. Tratamiento injusto, antidemocrático y hostil hacia los historiadores de profesión que ninguno de nosotros, independientemente de nuestras especialidades y nacionalidades, estamos dispuestos a tolerar.

La sentencia del Tribunal Constitucional del 23 de marzo de 2004 asegura la protección constitucional de una "ciencia histórica libre" y que son los "propios ciudadanos quienes, a la luz del debate historiográfico y cultural, conforman su propia visión de lo acaecido, que puede variar en el futuro". No siendo, por tanto, "misión de los Tribunales de Justicia el realizar un juicio sobre verdades históricas". Sin embargo, los juicios contra historiadores siguen celebrándose, y pueden incluso intensificarse conforme se vayan aplicando las nuevas políticas publicas de investigación, reparación y reconocimiento de las víctimas de la guerra civil y la dictadura aprobadas en al Ley de la Memoria Histórica del 26 de diciembre de 2007, cuya puesta en práctica y perfeccionamiento exigimos.

Por todo lo cual, demandamos del Gobierno español, y de las instituciones parlamentarias, garantes por imperativo constitucional de un ejercicio no discriminatorio de las libertades democráticas y responsables del cumplimiento de las leyes vigentes, el desarrollo de la "Disposición final primera" que habilita al Gobierno a "dictar cuantas disposiciones sean necesarias para el desarrollo y la aplicación" de la citada ley de la memoria. Proponemos, en concreto, que se añada una declaración de legitimidad constitucional de la libre investigación sobre la guerra civil y el franquismo, en base a fuentes históricas, tanto escritas como orales, de acuerdo con las metodologías correspondientes, sin censura previa sobre ningún nombre, fuente o dato histórico.

Es obligación general de las autoridades democráticas amparar en la práctica las libertades de análisis, interpretación y opinión de los historiadores, sin excepción, y del Gobierno en particular fijar una referencia legal que facilite a las administraciones, funcionarios e instituciones del Estado salvaguardar en las mejores condiciones el ejercicio libre de la investigación en temas que son, además, de vital importancia para cerrar de una vez, con la identificación, localización y dignificación de las víctimas (y el reconocimiento de los luchadores por la libertad), la guerra civil y la dictadura franquista, completando así la transición a la democracia en España iniciada en 1977.

Resulta incomprensible que, habiéndose previsto medidas de apoyo y responsabilidad institucional tocante a la conservación de documentos, acceso a los archivos, investigación sobre las victimas del franquismo y la guerra civil (incluyendo la recuperación de sus restos), se hayan olvidado los legisladores españoles de las personas que están aportando de forma comprometida y desinteresada su rigor académico y honestidad profesional a un conocimiento más preciso y plural de la verdad histórica, sin el cual difícilmente las generaciones futuras podrán apreciar, en su esencia y con perspectiva histórica, el régimen político democrático que van a heredar.

En la Red, a 22 de abril de 2008

miércoles, 9 de abril de 2008

Conferencia de Josep Fontana en Zafra

El próximo viernes 11 de abril pronunciará en Zafra una conferencia con el título "La historia de la transición: una propuesta crítica" el profesor Josep Fontana, director del Instituto Universitario Vicens Vives de Barcelona, catedrático emérito de la Universidad Pompeu Fabra y uno de los más prestigiosos historiadores españoles. El acto, que tendrá lugar en el Salón de Actos del Centro Cultural Santa Marina, comenzará a las 20.30 horas y está organizado por la Asociación de Recuperación de la Memoria José González Barrero con la colaboración del Instituto de Educación Secundaria "Suárez de Figueroa", la Diputación de Badajoz y el Ayuntamiento de la ciudad.

Fontana se suma así a la relación de contemporaneistas que, en los últimos años, y por invitación de diversas asociaciones y entidades han visitado Zafra: Paul Preston, Francisco Moreno Gómez, Alberto Gil Novales, Francisco Espinosa, Alberto Reig Tapia, Antonio Rodríguez de las Heras…

Josep Fontana Lázaro nació en Barcelona en 1931. Tiene más de una veintena de libros escritos, y entre ellos destacan varios sobre el siglo XIX en España [La crisis del Antiguo Régimen (1992), Historia de España, vol. 6: La época del liberalismo (2007) o De en medio del tiempo (2006)]; sobre historiografía [Historia: análisis del pasado y proyecto social (1993), La historia después del fin de la historia (1992), Enseñar historia con una guerra civil de por medio (1999) o Introducción al estudio de la historia (1999)], así como obras de carácter general como La historia de los hombres (2001). En el año 2004 la editorial Crítica, que ha editado la mayoría de sus libros, publicó dos volúmenes de homenaje a su obra con el título de Josep Fontana. Història i projecte social. Reconeixement a una trajectòria, con artículos de más de un centenar de historiadores y en los que tuve la satisfacción de participar con un trabajo sobre “Los orígenes del proceso de depuración política de Enrique Canito, fundador de Ínsula”.

domingo, 30 de marzo de 2008

El ejército rehabilita a un general republicano


No sé si es el primer caso de rehabilitación oficial de un militar republicano en el ejército español, pero me ha sonado a eso. El pasado jueves la Escuela de Guerra del Ejército de Tierra celebró en Madrid una ceremonia militar en la que se rehabilitó la figura de Toribio Martínez Cabrera, general de brigada fusilado por los franquistas en 1939. El acto estuvo presidido por el también general de brigada Alfonso de la Rosa, director del centro, y en su transcurso se depositó ­−como es tradición con los oficiales de Estado Mayor que mueren en acto de servicio− la faja de Estado Mayor del homenajeado en el Monumento a los Héroes de la Escuela.


Toribio Martínez Cabrera nació en 1874 en Andiñuela de Somoza (León). Ocupó durante su carrera militar varios destinos tanto en el frente de batalla (Cuba) como en los despachos. El 17 de julio de 1936 era comandante militar de Cartagena, donde sofocó la rebelión. Durante la guerra fue jefe del Estado Mayor del Ejército, inspector general del Ejército del Norte y gobernador militar de Madrid, desde donde apoyó el golpe de estado del coronel Casado en los últimos días de la guerra. No quiso salir de España, fue capturado por los franquistas en el consulado de Panamá en Valencia y tras un consejo de guerra sumarísimo fue fusilado en Paterna el 23 de junio de 1939.


La noticia de su rehabilitación me ha sorprendido. No creo que obedezca a un deseo de los mandos militares de acompañar la Ley de Memoria Histórica del gobierno Zapatero de una serie de actos de rehabilitación de los militares leales a la República. Me temo que en este caso hay circunstancias que convierten en un hecho excepcional lo que debería ser una norma. A mi parecer son tres, al menos, las circunstancias que han facilitado la rehabilitación.


- En primer lugar, Martínez Cabrera había sido director de ese centro, en 1934 y 1935, y durante la II República y la guerra fue considerado el “número uno de Estado Mayor”. Es por tanto “uno de los suyos”.
- En segundo lugar, el general era un hombre de “orden”, de centro, partidario de Portela Valladares –masón, como él- y miembro del Partido Centrista, en cuyas listas se presentó a diputado a cortes, sin ser elegido, en las elecciones de febrero de 1936. Además, había sido gobernador civil de Badajoz en una fecha tan poco republicana como 1921. Era un ferviente anticomunista y a pesar de ser un decidido partidario de la República estuvo detenido durante la guerra por las sospechas del PC acerca de su fidelidad. Por tanto, tampoco ideológicamente puede ser considerado por los militares alguien demasiado extraño.
- Y finalmente, la rehabilitación se ha realizado junto a la de su sobrino, el capitán Cabrera Rodríguez, militar del ejército franquista que murió en Asturias en el transcurso de una batalla con el ejército republicano. No digo que éste no merezca la rehabilitación (aunque me extraña que en los cuarenta años de dictadura no se produjera), sino que propiciando la coincidencia de ambas se hace más digerible la del general.


Si tenemos en cuenta todo esto, la rehabilitación de Martínez Cabrera pierde importancia simbólica. De todas formas, sea bienvenida y que cunda el ejemplo: recuperemos la memoria de los leales.

domingo, 23 de marzo de 2008

"El ángel rojo"


Ese fue el apelativo con que se le conoció en la España de los cuarenta, donde muchos prebostes franquistas vivían gracias a su benevolencia durante la guerra. El “ángel traidor”: así lo conocieron, en cambio, algunos presos de izquierdas en la cárcel de Porlier al ser encarcelado en abril de 1939, una vez que fue ocupada Madrid por las fuerzas franquistas. La Pasionaria lo acusó de quintacolumnista. Agustín Muñoz Grande se levantó en su consejo de guerra y tras presentarse como general del ejército de Franco testificó a su favor y lo salvó de una muerte segura.

Melchor Rodríguez García (Sevilla, 1893―Madrid, 1972) se había quedado huérfano a los diez años, muerto su padre en un accidente laboral. A los trece años fue calderero y poco después novillero (el Cossío lo cita como el único torero que fue político). Tras una cornada dejó los toros y se hizo chapista. Afiliado a la UGT y después a la FAI y a la CNT, asumió la presidencia nacional del sindicato de carroceros y empezó a recorrer cárceles, represaliado por su actividad sindical y política. Casi veinte años estuvo en prisión. Al final de su vida ostentó el dudoso record de haber sido uno de los pocos españoles encarcelado por los tres regímenes que le tocó vivir: la monarquía de Alfonso XIII, la II República y la Dictadura de Franco.

El 18 de abril de 1932 criticaba desde las páginas del periódico La Tierra los 166 muertos por la represión de las fuerzas del orden público republicano durante el primer año del nuevo régimen. Un año después, volvía a hacer recuento del segundo año: 121 muertos. En 1934 fue nombrado concejal del Ayuntamiento de Madrid. En noviembre de 1936 el ministro de Justicia anarquista Juan García Oliver, atendiendo a la larga y penosa experiencia carcelaria de Melchor, le nombró delegado de prisiones de Madrid y ejerció de manera efectiva el cargo desde el 4 de diciembre de 1936 hasta el 1 de marzo de 1937. Durante ese período acabó con las sacas incontroladas de presos fascistas, prohibiendo que hubiera traslados de encarcelados desde las 6 de la tarde a las 8 de la mañana. Estas medidas le granjearon enemigos entre las filas republicanas, señaladamente entre los comunistas, con uno de los cuales ―José Cazorla, que le sucedió en el cargo― mantuvo una dura polémica en la prensa.

Al final de la guerra participó en el golpe del coronel Casado y éste le nombró alcalde de Madrid el 28 de marzo, cuatro días antes del finalizar la contienda. Desde ese puesto fue el encargado de hacer el traspaso de poderes a Alberto Alcocer, primer alcalde franquista. Fue sometido a consejo de guerra y condenado a 20 años y un día, aunque ―gracias a la mediación de varias autoridades franquistas que se habían beneficiado de su labor humanitaria durante la guerra― sólo cumplió un par de años. Durante el franquismo fue vendedor de seguros, pero siguió con su actividad política y volvió a ser encarcelado durante algún tiempo debido a sus labores de propaganda. Siempre fue anarquista, aunque algunos juzgan excesiva su amistad con ministros y generales franquistas y le critican por haber aceptado alguna condecoración.


Murió el 14 de febrero de 1972 y su entierro fue un extraño acto al que asistieron falangistas y anarquistas, donde su féretro estuvo cubierto por la bandera rojinegra (única ocasión en que se pudo ver esto durante la dictadura) y en el que dicen que hasta se cantó A las Barricadas

A Melchor siempre le gustó escribir poesía. Una de las que compuso describía su pasión por la anarquía:

Belleza, Amor, Poesía,
Igualdad, Fraternidad,
Sentimiento, Libertad.
Cultura, Arte, Armonía.
La Razón, suprema Guía.
La Ciencia, excelsa Verdad.
Vida, Nobleza, Bondad.
Satisfacción, Alegría.
Todo esto es Anarquía,
Y Anarquía, ¡Humanidad!

Otro sindicalista y anarquista, Cecilio Gordillo, está impulsando desde la CGT de Sevilla un homenaje nacional: Injusta o intencionadamente olvidado, los abajo firmantes reivindicamos su figura y su ejemplo y pedimos apoyo a personas, entidades, organizaciones e instituciones, para realizar un acto nacional de homenaje donde lo importante no sean las banderas, sino los valores que defendió Melchor Rodríguez. Pedimos públicamente:
- A los ayuntamientos de Madrid y Sevilla que en cada una de estas capitales se de su nombre a sendas calles.
- Al Ayuntamiento de Madrid que incluya su retrato en la Galería de alcaldes de la capital y un Pleno reconozca su labor.

Las adhesiones pueden enviarse a Confederación General del Trabajo. C/Alcalde Isacio Contreras 2B. Local 8. 41003 SEVILLA Fax: 954 564992. Correo electrónico: spcgta@cgt.es

miércoles, 5 de marzo de 2008

Conferencia de Matilde Muro


Matilde Muro es una escritora cacereña residente en Trujillo con más de una docena de libros publicados. Aunque con alguna incursión en la historia, varias muestras sobre “literatura de viajes” por Extremadura (Las Hurdes, Jerte, La Vera…), y numerosos artículos en prensa, ella es conocida sobre todo por su dedicación a la historia de la fotografía en Extremadura. Es autora de La memoria quieta, sobre la fotografía en Trujillo, y fue la comisaria de la exposición "La Fotografía en Extremadura: 1847-1951", que el MEAIC expuso durante el año 2000. El catálogo de esa exposición, firmado también por Muro, es uno de los mejores y más interesantes libros publicados en Extremadura.

Mañana jueves, día 6 de marzo, Matilde Muro imparte una conferencia en Badajoz a las 20 h. en el Salón de Actos del Museo Iberoamericano de Arte Contemporáneo de Badajoz. El título es “Las imágenes del silencio (Fotografía e imagen durante la II República y la Guerra Civil en Extremadura)” y la organización corre a cargo de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Extremadura, cuyo presidente ―el abogado José Manuel Corbacho Palacios― será el presentador del acto.

Una pena no poder estar mañana en Badajoz para escucharla. Que quien pueda, no se lo pierda.



En la imagen las autoridades locales religiosas, militares y politicas de Zafra posan en 1937-38 junto a un grupo de magrebíes en la puerta del Alcázar de los Duques de Feria, reconvertido en Hospital Musulmán. Un buen ejemplo de integración de emigrantes, de alianza de civilizaciones y de colaboración entre la Iglesia y el poder político. La fotografía es propiedad de Manuel Peláez y la publiqué en mi libro La amargura de la memoria.

domingo, 17 de febrero de 2008

Un montaje fotográfico


Un blog ultraderechista de Badajoz publicó días atrás un artículo, con el sosegado título de “Criminales, corruptos, canallas”, acerca de los asesinatos cometidos por las izquierdas durante la Guerra Civil en la localidad extremeña de Granja de Torrehermosa. El texto está ilustrado con la imagen del cadáver de una niña que, según se dice, “fue muerta a golpes contra la pared de su casa por los milicianos frentepopulistas”. Sin negar en ningún momento la evidencia de los crímenes, sí considero sospechosa la fotografía, que forma parte de una famosa colección de imágenes cuya falsedad fue denunciada hace 70 años por el propio jefe de propaganda de Queipo de Llano, Antonio Bahamonde.

Antonio Bahamonde y Sánchez de Castro abandonó España horrorizado por el comportamiento de los suyos y escribió desde el exilio el libro 1 año con Queipo, Memorias de un nacionalista, en el que explicaba lo que había visto en la II División, con sede en Sevilla y bajo cuyo control estuvo la provincia de Badajoz. Pues bien, en las páginas 142 y 143 de ese libro se dice lo siguiente [cito por la edición de Barcelona de 1938, aunque la obra tiene una reciente de 2005 bajo el sello de Ediciones Espuela de Plata]:

Se hace una propaganda habilísima a base de documentos fotográficos. En la División hay dos fotógrafos, los hermanos Burgos, dedicados exclusivamente a estos fines. Reproducen en todos los tamaños y posturas las personas que son víctimas de accidentes fortuitos. Sacan fotografías de los cadáveres de los fusilados. Cientos de estos han sido mutilados y quemados bárbaramente para sacar fotografías y, con todo género de detalles, exhibirlas en España y en el extranjero, diciendo que son crímenes feroces cometidos por los “rojos”. Esta propaganda ha contribuido mucho a formar en el extranjero un ambiente desfavorable a los gubernamentales, a los que presentan como criminales feroces.

El general Queipo de Llano tiene en su despacho un álbum voluminoso, con los crímenes cometidos por los “rojos”. Las fotografías de este álbum están hechas por los hermanos Burgos. Todas ellas son falsas; no hay un solo caso que haya ocurrido tal como se presenta.

En Granja de Torre-Hermosa (Badajoz), al entrar los “nacionales” después de una dura lucha encontraron, naturalmente, un cierto número de cadáveres dejados al abandonar el pueblo. Los trasladaron al cementerio y fueron bárbaramente profanados. A una mujer le abrieron el vientre; a otro cadáver le saltaron los ojos; a otro le machacaron la cabeza con una piedra; a otro le separaron los brazos y las piernas del tronco. Los hermanos Burgos, que iban con la columna, sacaron numerosas fotografías desde diferentes ángulos. Estas reproducciones han recorrido el mundo, como crímenes terribles cometidos por los “rojos” en Granja de Torre-Hermosa.

jueves, 14 de febrero de 2008

Espinosa en Zafra


El viernes día 15 de febrero a las 20.30 horas y en el Parador de Turismo de Zafra se presentará el último libro de Francisco Espinosa, La primavera del Frente Popular, Los campesinos de Badajoz y el origen de la guerra civil (marzo-julio de 1936) [editorial Crítica, Barcelona, 2007]. Hará la presentación del libro el catedrático de Historia y alcalde de Mérida, Ángel Calle Gragera. El acto está organizado por la Asociación de Recuperación de la Memoria Histórica “José González Barrero” con la colaboración de la Editorial Crítica, el Instituto de Bachillerato “Suárez de Figueroa” y el Ayuntamiento de Zafra.

miércoles, 30 de enero de 2008

El listado de víctimas de Llerena


Anónimo dijo...
Creí morirme de vergüenza en un homenaje que en Llerena se hizo, en su cementerio, a los 330 asesinados en la llamada guerra civil...
Entre los nombres de los asesinados aparecía uno de alguien que, en la lápida de una tumba cercana al homenaje, constaba que murió por Dios y por España, en la misma fecha que en el monumento de los de la memoria histórica, en donde también estaba incluido, como víctima. Investigo y me entero que efectivamente murió como nacional, por Dios y por España... Pero mi asombro va en aumento cuando, perro viejo y cotejador de listas de asesinados veraces republicanos, y gente víctima de los franquistas, verifico que a lo menos cuatro franquistas más están en ese monumento que presuntamente hace constar las víctimas del genocidio franquista en Llerena...
Y es claro, como ese asunto parece que lo llevaron gentes "parciales" y hasta hace poco desmemoriada, y habiendo recuperado la memoria para efectos electoreros, pues se comenten esos errores que ponen armas en manos de los denigradores del genocidio por aquellos años.
Y eso fallos no se pueden cometer. Hay que ser rigurosos, serios y respetuosos.Y no digo más. Que los muertos, muertos son y lo sufren todo.
Al leer esta nota sobre el bueno de Gordillo recuerdo la anterior entrada y sus trabajos rigurosos. Él no confunde, no.



Este comentario, publicado el 1 de junio de 2006, con ocasión de una entrada en este blog acerca del sindicalista y “trabajador de la memoria” Cecilio Gordillo, es el motivo de un correo que me envía Ángel Olmedo, uno de los responsables de ese listado de víctimas de Llerena donde el comunicante anónimo advierte tales errores.

Tras excusarse por no haber reparado antes en ese comentario, Ángel me dice:

Me gustaría conocer cuáles son esos nombres que dice este "anónimo". En el listado hemos puesto todos los que murieron a consecuencia de la ocupación de Llerena y la posterior represión (no sólo a los "rojos", pues además, comprobamos que personas de "orden y de derechas" murieron por la entrada en tromba de los rebeldes en Llerena, que no distinguieron en los primeros momentos entre unos y otros). También hemos comprobado que personas asesinadas por los rebeldes se inscribieron como muertos por "las hordas marxistas". Además, como señala también F. Espinosa, no hubo muertos de derecha a consecuencia de la represión republicana en el periodo previo a la ocupación (a pesar de lo que diga Casalá y algún otro)

Creo que sería bueno que el anónimo se explicara y además que, quien cuente con algún dato que aportar a este asunto, lo haga.

martes, 15 de enero de 2008

Nuevo libro de Francisco Espinosa



Francisco Espinosa (Villafranca de los Barros, 1954) acaba de editar un nuevo libro con el que prosigue su labor investigadora sobre la II República y la Guerra Civil. En este caso se trata de un estudio sobre la Reforma Agraria y las ocupaciones de tierras en Badajoz durante la primavera de 1936. Es el texto de su tesis doctoral, con el que obtuvo el grado de doctor en Historia en la Universidad de Sevilla. Y le escribe el prólogo quien le dirigió ese trabajo de investigación, Antonio-Miguel Bernal.
Si en otras de las recientes entregas historiográficas de Espinosa su atención ha estado puesta más en los desastres de la guerra y en la crueldad de la represión que en el sur ejercieron los facciosos, ahora sitúa su atención en los precedentes: la amenaza que para los terratenientes supuso la determinación campesina de ocupar tierras para cultivarlas en la primavera de 1936. Porque la motivación de los que provocaron la guerra civil, más allá de alharacas nacionalistas o religiosas, fue hacer frente a quienes ponían en peligro sus privilegios. Es significativa la comparación entre las listas de propietarios de fincas incautadas con la de dirigentes de la Nueva España de Franco y esclarecedora también las de los dirigentes campesinos y los fusilados en las tapias de los cementerios. En la herida de la reforma agraria -herida para unos cuantos y que provocó después la muerte de muchos- ahonda el autor de este libro con la decisión y rigor a que nos tiene acostumbrados. Con este nuevo título, Espinosa consolida su trayectoria como uno de los principales investigadores del período 1930-1940 en España.
La primavera del Frente Popular se presenta mañana miércoles 16 en Cáceres a las 20 h. (Salón de actos del Colegio Mayor "Francisco de Sande", Plaza de Pereros, 2). En el acto intervendrá el catedrático de historia contemporánea de la Universidad de Extremadura, Juan García Pérez. Al día siguiente, 17 de enero, se presentará en Badajoz (20 h. Salón de Actos del MEIAC C/ Virgen de Guadalupe, 6) por el catedrático de historia económica de la Universidad de Salamanca, Ricardo Robledo.

lunes, 3 de diciembre de 2007

Castelao



Castelao ―escritor, artista y "padre de la patria" gallega― fue deportado a Badajoz en noviembre de 1934 por órdenes de Lerroux y allí estuvo hasta septiembre de 1935. Durante su estancia escribió una serie de artículos titulada “Verbas de chumbo” (“Palabras de plomo”).

No fue grato su paso por Badajoz ni dejó buena impresión Extremadura en su ánimo:

Estou na Siberia hespañola e n'unha vella cibdade amurallada que parece de cartón. Todo eiquí é pura escenografia e puro finximento. Queren ser andaluces e nótaselle que non-o son. Queren cantar flamengo e parecen de Lalín. Moito porco, algúns ricos, moitedume de famentos... Eu estou eiquí; pero non estou.
(Carta de Castelao a Xoaquin Lorenzo, 14-XII-1934)

Hoy en Santiago de Compostela, en la iglesia de Santo Domingo de Bonaval, en el Panteón de Gallegos Ilustres, he visitado su tumba. Había una corona reciente.

viernes, 23 de noviembre de 2007

Tiempo perdido


El viernes 16 de noviembre estuve en Badajoz en una mesa redonda con los otros tres ganadores del premio Arturo Barea: Gregorio Torres Nebrera, Cayetano Ibarra y Moisés Domínguez. Este último, con la intención según dijo de “dinamizar la mesa”, me recriminó públicamente ―sin que viniera a cuento― que en La amargura de la memoria hubiera denominado carro de combate al blindado que entró en Zafra el 7 de agosto de 1936, y llegó a insinuar que yo había dicho en mi libro que esa tanqueta cañoneó Zafra. Le dije que me parecía bien que pretendiera animar el cotarro pero no que lo hiciera a mi costa, y que no pensaba tener ninguna discrepancia con él allí sobre el asunto. Efectivamente, me equivoqué en el libro al utilizar los términos “carro de combate” para lo que no fue más que un blindado. En modo alguno pretendía así dar una impresión de mayor poderío al ejército que invadió la ciudad. Consideré, erróneamente, sinónimos ambos nombres. El blindado que entró en Zafra no era más que una furgoneta con cuatro chapas. En la segunda recriminación fue Moisés Domínguez el equivocado, ya que nunca en mi libro he dicho que desde el blindado se cañoneara la ciudad, pues los proyectiles partieron de la batería de 75 mm. que iba con la columna.

De todas maneras, me da la impresión de que hay algunos que cuando se señala la luna miran el dedo o que cuando se habla de los asesinatos y de la represión están más interesados en averiguar el tipo de arma utilizada. Más que historiadores, parecen expertos en archiperres.

Tras la mesa redonda se presentaba el libro que había ganado la última edición del Arturo Barea: Tiempo perdido. La guerra civil en Almendral (1936-1939), que yo suponía del propio Moisés Domínguez. Pero la sorpresa fue saber que el libro, aunque en su momento fue presentado en solitario al premio, lo firmaban otras dos personas, una de ellas miembro del jurado que le había concedido el galardón. La explicación de los hechos que se da en el prólogo es confusa y nada convincente:

Es preciso aclarar que inicialmente se concedió el galardón a Moisés Domínguez Núñez, por su trabajo Guerra Civil en Almendral. Con posterioridad, a petición de dicho autor, ante la ingente documentación que se ha descubierto sobre la contienda en esa localidad después de haber culminado su investigación, que en nada empaña el trabajo original, sino todo lo contrario: lo enriquece notablemente, solicitó la colaboración de los otros dos autores, Francisco Cebrián y Julián Chaves, que correspondieron afirmativamente a su llamamiento.

Digámoslo claro: que no estuviera presentable para su publicación es la única explicación verosímil para que un libro, con cuyo original una persona ha resultado premiada en un concurso, acabe finalmente firmado por tres. Según parece ha hecho falta la participación de estas otras dos personas para dejar el texto en estado de revista. Y si es así supongo que el texto original no lo estaba suficientemente. Mi pregunta es: ¿si la obra tenía tales deficiencias que no podía publicarse sin más, por qué fue merecedora del premio? ¿Quizás para evitar el descrédito que temían los patrocinadores de haberlo dejado desierto? Creo que hay más riesgo de descrédito si un premio como este se otorga indebidamente.

No dudo de la buena voluntad de todos: Moisés Domínguez, convencido de que así saldría un mejor libro; Francisco Cebrián y Julián Chaves, deseosos de colaborar en el mejor acabado posible de la obra, y los organizadores del premio, con ganas de que los libros que salgan con su sello tengan la calidad deseable. Pero la buena voluntad no enmascara los errores. Y este es uno de ellos. Flaco favor se hace al Arturo Barea con estos mejunjes y menos aún se lo hacen las personas involucradas. Si alguien gana un premio con un texto, debe ser esa persona quien firme su publicación. No hay vuelta de hoja; cualquiera que le demos es también tiempo perdido.

miércoles, 21 de noviembre de 2007

La mina y la plaza de Almadén

Nunca había bajado a una mina y tampoco había dormido en el recinto de una plaza de toros. Las dos experiencias las tuve ayer en Almadén (Ciudad Real). Sólo había estado aquí hace veintitantos años, dando un curso de promoción de Universidades Populares cuando aún éste era el pueblo minero por antonomasia.

Lejano ya el esplendor de la mina, las instituciones y la población se empeñan en abrir otras fuentes de riqueza. He vuelto para ver las distintas actuaciones museísticas en torno al denominado Parque Minero de Almadén que se inaugurará a comienzos del año próximo. El Centro de Interpretación de la Minería, el Museo del Mercurio, la Cárcel de Forzados, el Museo del Hospital de Mineros, el Colegio de Hijos de Obreros, el Centro de Visitantes… forman un conjunto que se completa con la bajada al primer nivel de la antigua mina de mercurio, a cincuenta metros bajo suelo, donde se recrean algunas de las durísimas condiciones de trabajo de los mineros.

Abajo hay un goteo incesante de agua de lluvia filtrada. Escucho las explicaciones de Juan Altieri y de Bea García ―dos de los museólogos y técnicos que más talento han dejado en estos espacios―, y se me vienen a la cabeza otros lugares de España ―hay muchos― donde el trabajo no sólo provocó sudor, sino también sangre; sitios que contribuyeron a crear riqueza a través del trabajo forzado de quienes pagaron así su “desviación” ideológica o social: el antiguo campo de trabajo de Los Merinales, en Sevilla, donde estuve hace un par de semanas, o la mina de wolframio de Fontao, en Galicia, que visitaré a comienzos del mes que viene. En esos sitios se escenificó el tortuoso tránsito entre los esclavos y los asalariados.

Por la noche duermo en un hotel edificado sobre las antiguas casas de mineros que formaban la exagonal plaza de toros de Almadén. Afuera sigue la lluvia y, entre sueños, se me hace estar aún abajo, junto a la riqueza antigua y la indignidad.
A Diego Espinosa, en devolución de un presagio

martes, 30 de octubre de 2007

Sobre la autenticidad de la carta acerca del asesinato de Lorca



A comienzos del mes pasado hice referencia aquí a la infame carta de Manuel Luna a Melchor Fernández Almagro dando cuenta del asesinato de Lorca. Mi artículo, titulado "Carta sobre el asesinato de Lorca", seguido unos días después de otro en el que transcribía el de Fernandez Almagro, "Genealogía de los rojos", generó algunos comentarios que dudaban de la autenticidad de la carta. Me escribe ahora Víctor Fernández, investigador que la sacó a la luz y me cuenta lo siguiente, que publico con su permiso:

Soy Víctor Fernández, el autor del artículo en el diario "La Razón" donde se daba a conocer la carta del asesino de Lorca por primera vez. He encontrado navegando por la red su blog en el que reproduce la misiva y he visto algunos de los comentarios que ésta ha generado, especialmente el del profesor Francisco Espinosa. Permítame un par de apuntes puesto que he visto que se pone en duda la autenticidad del documento.
Ante todo, la carta es real. Tengo una fotocopia de la misma y un fragmento de ella se expuso por primera vez en 1998, en la exposición que se dedicó en Granada a Lorca con motivo de su centenario. Creo que los datos del enfermo Manuel Luna son reales. Existe el artículo de "Genealogía de los rojos", existió un Manuel Luna en Granada y existieron los nombres que da de asesinados. La carta sí está fechada, concretamente el 9 de mayo de 1939, detalle que reproduzco en mi texto. Por eso me sorprenden las dudas del profesor Espinosa, al que por cierto admiro por sus trabajos sobre la represión de Queipo.
Cuando uno encuentra un material de estas características, piensa que lo mejor es difundirlo, que todos sepan de su existencia. Por eso en su momento entregué fotocopias del manuscrito a la Fundación García Lorca, en Madrid, y a Ian Gibson, gran historiador y buen amigo, que la incluye en su nuevo libro sobre la muerte del poeta.
Mis dudas están en saber más de ese episodio. ¿Llegaron a verse Luna y Fernández Almagro? ¿Qué amistad tenía Luna con Ramón Ruiz Alonso? ¿Qué sabía Marañón del asesinato de Lorca? Demasiadas preguntas por responder aún.

lunes, 29 de octubre de 2007

El campo de concentración de Castuera



Tras años de investigación, Antonio D. López Rodríguez, licenciado en Historia por la Universidad de Extremadura, ha publicado Cruz, bandera y caudillo. El campo de concentración de Castuera (CEDER La Serena, Badajoz, 2006), un estudio sobre la corta pero nociva existencia de este campo que algunos no han dudado en calificar "de exterminio".
Con prólogo del historiador Javier Rodrigo, experto en temas carcelarios, el libro relata los pormenores y la historia de un espacio de infamia cuyo dudoso honor es haberse convertido en uno de los símbolos de la guerra civil en Extremadura.
El libro se presenta el martes próximo, 30 de octubre, a las 20.30 horas, en el salón de actos del MEAIC (C/Virgen de Guadalupe, 7) de Badajoz. El acto lo organiza el Grupo de Estudios de Historia Contemporánea de Extremadura.

sábado, 20 de octubre de 2007

Barrancos y la otra "columna de los ocho mil"



Barrancos es una localidad singular. Situada a tiro de piedra de Encinasola, casi en el límite entre Extremadura y Andalucia por Huelva, es de las poblaciones portuguesas más españolas. Sus habitantes dicen con cierta guasa que hablan el barranqueño, un portugués con tantas herencias castellanas que el resto de los portugueses casi no lo identifica con su lengua.

Estuve el pasado sábado por allí. Se presentaba el libro de la antropóloga Maria Dulce Antunes Simões Barrancos na encruzilhada da Guerra Civil de Espanha donde se narran los hechos protagonizados por mil extremeños ―de Fregenal, de Oliva, de Jerez…― que en septiembre de 1936 salieron de España buscando refugio en Portugal. En Barrancos fueron protegidos por el teniente de carabineros Antonio Augusto de Seixas que, tras mantenerlos varias semanas en dos campos de concentración improvisados, logró embarcarlos en el buque Niassa rumbo a Tarragona. Este éxodo de los extremeños hacia Barrancos es ―aunque menos numeroso― el complemento de otro, el de los ocho mil que por las mismas fechas acabaron diezmados en dirección contraria, cerca de Fuente del Arco.

El libro arranca con las memorias de un hijo de Seixas, Gentil de Valladares, que narra cómo vivió los hechos desde sus veintitantos años. Además, Francisco Espinosa nos ofrece un estudio histórico con la peripecia de los refugiados. La otra mitad del libro la ocupa un texto antropológico de Dulce Simões, titulado “Relaciones sociales, poderes y resistencias”, donde se analiza la singularidad de Barrancos como pueblo de frontera y sus principales rasgos durante esos años.

El acto, en el patio del museo de la localidad, a las 4 de la tarde y bajo un sol de justicia, resultó entrañable. Varios ancianos de uno y otro lado de la raya asistieron emocionados en primera fila. Y, además de Paco Espinosa desde la tribuna, estuvieron presentes amigos y conocidos como el periodista Alonso de la Torre, el abogado José Manuel Corbacho y los “morrimer” Ángel Hernández y Fernando Ramos. Fue un encuentro en la frontera de alentejanos y extremeños a propósito de una memoria compartida.

viernes, 19 de octubre de 2007

Manolo Peláez corrige a Millás a propósito de Servet

Incorrección histórica.


El 12 de octubre del presente, don Juan José Millás escribe una columna en la última página de su diario titulada Cine 'gore'. Suscribo el sentido e incluso la letra del texto. Sin embargo, en el mismo se desliza un error, propio de la ligereza con que a veces se abordan las citas históricas. Millás escribe: "Torquemada pronunciaba una jaculatoria cada vez que apretaba la tuerca del potro en el que agonizaba un pobre infeliz partidario de la doble circulación de la sangre...".
Con seguridad el señor Millás desconoce que el inquisidor general fray Tomás de Torquemada (1420-1498) fue designado para tal cargo en 1483 en los territorios de la Corona de Castilla, mientras que Miguel Servet (1511-1553), médico y teólogo al que se refiere de manera indirecta aludiendo a uno de sus partidarios al final de la cita, descubrió y describió en su Christianisimi Restitutio la circulación menor o pulmonar de la sangre y el paso de ésta del ventrículo derecho al izquierdo del corazón después de pasar por los pulmones poco antes de 1538, en que abandona su estancia en París huyendo de la Inquisición española. Se deduce de lo anterior que Torquemada había muerto más de 30 años antes de los logros de Servet y, por tanto, difícilmente pudo apretar tuerca de potro alguno contra los seguidores del insigne científico aragonés, que murió quemado en la hoguera en 1553.


(Manuel J. Peláez García. Zafra. Publicado en la sección "Cartas al Director" de El País, 19/10/2007)

domingo, 14 de octubre de 2007

Nunca hubo un 14 de octubre de 1582


Los historiadores trabajamos con fechas y pensar que algún día no haya existido nos desasosiega. Es una paradoja historiográfica imposible. Ese desajuste entre la convención del calendario y la pura realidad del tiempo fluyendo es un asunto difícil de admitir para quienes fechamos el pasado.

Pero el caso es que nunca hubo un 14 de octubre de 1582. Ni un 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11, 12 o 13 de octubre de 1582. Diez días inexistentes para ajustar el antiguo calendario juliano hasta entonces vigente con el que desde esa fecha se llama gregoriano. Desde que Julio César instituyó en el año 46 a. C. el calendario solar de su nombre se venía produciendo una diferencia de 11 minutos y 14 segundos cada doce meses entre el año juliano y el año trópico, de tal forma que en 1582 el adelanto del calendario era ya de 10 días sobre la sucesión de las estaciones. Por eso se decidió ajustar el calendario, aunque sólo Italia, Portugal, España y Polonia lo hicieron ese año, incorporándose el resto de los países años y hasta siglos después.

La decisión provocó confusiones y situaciones insólitas. Las más conocidas están relacionadas con la muerte de Teresa de Jesús (murió el día 4 de octubre y fue enterrada el día 15, esto es, al día siguiente) y con la supuesta coincidencia en la fecha de la muerte de Cervantes y Shakespeare, el 23 de abril de 1616. El escritor español no murió el 23 sino el 22 (el 23 se enterró), pero es que además ―como en Inglaterra seguía en vigor el calendario juliano― el 23 de abril de 1616 inglés fue diez días después que el español.

Se me va la cabeza figurándome los desvaríos cotidianos que produjo la desaparición de esos días. La verdad es que estamos acostumbrados anualmente a otras minúsculas pérdidas de calendario. Con lo del adelanto de la hora se volatilizan 60 minutos cada año que después se recuperan, pero de ahí a diez días hay un trecho.

El fin, llevamos diez días sin poder conmemorar el 425 aniversario de nada ni de nadie.